Archivo diario: 7 diciembre 2009

En ocasiones veo…

En ocasiones veo cosas que no debería, en mi trabajo como subsecretario del ministro de finanzas.

Y es que uno no es gilipoyas, y claro, me doy cuenta perfectamente de todos los tejemanejes que se traen el ministro y todos esos amiguitos suyos con pinta de mafiosos con los que se reune a menudo en el despacho secreto que hay en el sótano del edificio.

El tío no se corta un pelo, y lo hace a plena luz del día a la vista de todos. A ver quién es el guapo que le dice nada. Hace dos meses, un jefe de sección se atrevió a reprocharle por unos muebles que encargó para su despacho, al parecer no eran necesarios. Pues no duró ni dos días en su cargo, consiguió que lo trasladaran a otra ciudad. Todo dios anda acojonado.

Cuando llegué estaba todo ilusionado con este trabajo, quería sentirme útil a la sociedad contribuyendo al buen funcionamiento del estado. Todas esas histrorias de funcionarios corruptos que salen por la tele, aquí parecía no existir, hasta que llegó este ministro.

Lo malo de todo esto es que nos está obligando a todos a ser como él. Ya no puedo confiar en nadie. Cuando voy al café y nos juntamos unos cuantos, solo hablamos del tiempo o de futbol.

Ya no se que hacer, si renunciar a mi plaza, si pedir el traslado, si denunciar a ese desalmado, si pegarle un tiro, o pegármelo a mi.

Puedo comprar una de esas cámaras ocultas que utilizan los periodistas y me pegaré a él en todo momento y cuando haya recopilado sufiente información de sus actos delictivos, enviaré las imágenes a todas la cadenas de televisión. Creo que es una buena idea, aunque me cueste mi puesto o me maten, por que ante todo debo ser honrrado.

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Confianza

Por Sara

Soy tonta, lo reconozco. Vale que me cuesta mucho confiar en la gente, pero una vez que lo hago, me lanzo al vacío sin paracaídas arriesgando para darme el gran batacazo. Y claro, me hago daño, por no decir que me ‘hacen’ daño. La culpa la tengo yo por fiarme de quien no debo, ¿no?

Pues bien, hablas con una persona, hablas de un montón de cosas, pasáis mucho tiempo juntas, compartís momentos y, ¡peligro! compartís confidencias. Ella te cuenta cosas personales, y tú te ves con la suficiente libertad como para contarle tus problemas. Hasta que, un buen día, descubres que tus problemas han viajado más que tú. Y por supuesto, como suele ocurrir en estas ocasiones, todo llega distorsionado en forma de rumor.

Tras la decepción, viene el cabreo, la ira, las ganas de venganza y el cortar por lo sano. Y empiezo de cero, no me fío ni de mi propia sombra, camino sola, con pies de plomo, hasta que me vuelva a tropezar…

En ocasiones veo confianza tras la que se esconde una traición.

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Confianza

Por Sara

Soy tonta, lo reconozco. Vale que me cuesta mucho confiar en la gente, pero una vez que lo hago, me lanzo al vacío sin paracaídas arriesgando para darme el gran batacazo. Y claro, me hago daño, por no decir que me ‘hacen’ daño. La culpa la tengo yo por fiarme de quien no debo, ¿no?

Pues bien, hablas con una persona, hablas de un montón de cosas, pasáis mucho tiempo juntas, compartís momentos y, ¡peligro! compartís confidencias. Ella te cuenta cosas personales, y tú te ves con la suficiente libertad como para contarle tus problemas. Hasta que, un buen día, descubres que tus problemas han viajado más que tú. Y por supuesto, como suele ocurrir en estas ocasiones, todo llega distorsionado en forma de rumor.

Tras la decepción, viene el cabreo, la ira, las ganas de venganza y el cortar por lo sano. Y empiezo de cero, no me fío ni de mi propia sombra, camino sola, con pies de plomo, hasta que me vuelva a tropezar…

En ocasiones veo confianza tras la que se esconde una traición.

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