Archivo diario: 4 diciembre 2009

Jingle bell rock…

Ya estamos a cuatro, y ya es diciembre…Hemos casi sobrevivido a otro año.
Hace frío y me duelen la garganta y las manos cada vez que camino hacia el trabajo,  pero nada importa…
Ya han colgado y encendido las luces de Navidad por las calles, comienza el ritual repetido en estas fechas y mis ojos se llenaran de brillo de purpurina navideña como cada vez….
Sacaremos un árbol desde hace ya años canijo y pequeño pero suficiente para colgar luces que cuando entre en casa me recuerden en qué fecha estamos…Colgaremos espumillón y luces parpadeantes de él hasta transformarlo en un motel barato de carretera que ya Taco se encargará de ir atacando hasta pelar del todo y dejar tan desnudo como vino al mundo.
Comenzamos de nuevo la carrera extenuante de diciembre cuesta abajo como en un trineo desbocado por una pendiente llena de nieve en la que se nos irán cayendo por el camino nuestros ahorros ( el que los tenga) y nuestra vergüenza ( entre copa y copa de empresa)…
A pesar de todo y aunque sé que a la vuelta de este mes enero me golpeará como un ladrillo en la cabeza, confieso que diciembre es ese mes del año en el que a pesar de no tener un duro, (uf, qué antigua), me siento inexplicablemente contenta…
 
 εïз

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El regreso de Paco Jonado

Día 4oo2 – Fumo mucho y me da tos

Te tengo que hacer una confesión querido diario, aunque claro, ya lo sabrás, pero llevo más de 1 año sin escribirte. Desde que abandoné en el altar a la que iba a ser mi esposa no he vuelto a grabar ni una sola de tus páginas. Pero la buena noticia es que estoy de vuelta, y además, estoy de vuelta por una sencilla razón, necesito cambios, y para pensar en como hacerlos necesito pensar, y para pensar nada mejor que escribir mis reflexiones en un sitio de máxima confianza como lo eres tú.

Así que ya lo has oído, Paco Jonado está de vuelta, y esta vez es para quedarse.

Día 4009 – Me tiro a todo lo que se mueve

Muchas intenciones pero ya ha pasado una semana y todavía no te he contado nada, así que vamos allá. Soy lo que se llama un picaflor,  cada semana me lío con una chica distinta, bueno, no siempre, pero últimamente no paro, el viernes me voy con una y el sábado con otra distinta. Y últimamente hasta los Domingos tengo suerte. Soy un cabrón, en toda la extensión de la palabra, les prometo de todo y en cuanto me levanto de la cama no me vuelven a ver el pelo, y si me ven, me hago el loco y evito las escenitas que algunas pretenden montarme. Sin embargo, un fin de semana he repetido dos días seguidos con una chica. Primero pensé si significaría que había encontrado algo más, luego me di cuenta que fue simplemente el calentón que nos entró cuando volví el sábado a recuperar mi cartera que me había olvidado, cosas que pasan.

Día 4010 – El mundo al revés

Estoy emocionado, ilusionado o incluso enamorado. No me lo puedo creer, me están sirviendo mi misma medicina. Ella es de pelo castaño, estatura media, y complexión delgada. Ojos verdes angelicales y piel morena. Apenas usa maquillaje, algo que me gusta mucho, y tiene una voz que parece el susurro de un ángel. Nunca creí que estuviese a mi alcance, me infravaloro, porque de hecho fue ella la que se acercó y la que me sedujo. Primero quedamos para cenar, muy agradable, aunque mezcla de nervios y felicidad, ya que notaba la responsabilidad de esa primera cita, de esa primera impresión. Esa misma noche, me daba cuenta que ella era especial, que ella me gustaba de verdad, así que no era cuestión de presionar e intentar triunfar en la primera noche. Sin embargo cuando la acompañé a su casa me invitó a subir, y sin mediar palabra y en cero coma ya estábamos medio desnudos y no habíamos salido todavía del ascensor. Brutal, inolvidable, bestial, maravilloso, busco y no encuentro una palabra que defina semejante coordinación sexual. No puedo seguir escribiendo, se me saltan las lágrimas.

Día 4010 – El mundo al revés – 50 minutos más tarde

Te sigo contando. Cuando salí de su casa, eran las 5 de la mañana, habían sido 4 horas de sexo increíble, estaba realmente cansado, me dolía todo, pero iba con una sonrisa de oreja a oreja y con esa sensación de acojone que mi miedo al compromiso siempre saca en estas ocasiones. Y es que notaba que me había enganchado de forma incondicional, y ahora tocaba establecer las pautas y el camino para comenzar otro tipo de vida y una relación seria. Al día siguente me puse manos a la obra. La llamé después de comer, no hubo respuesta. Le dejé un sms y no insistí más para no parecer pesado. Nada de nada. Lo volví a intentar el día siguiente, con el derecho que sientes que al ser otro día ya puedes llamar de nuevo. Esta vez fueron tres llamadas repartidas en las distintas etapas del día y 4 sms. El móvil esta vez daba señal pero nadie descolgaba. Así llevo una semana sin saber nada de ella, así que después de unas 40 llamadas en total y como ya parecía del todo desesperado hice dos intentos alternativos. Acudí al local donde la conocí todos los días de la semana y como tampoco hubo suerte acabé yendo a su casa. Increíble, en realidad no era su casa. En realidad la casa era de otra chica, amiga de ella que me informó que en muchas ocasiones hacían ese intercambio de casas para no dejar pistas a sus ligues de una noche. Hacían lo mismo que yo, no dejar pistas, pues yo siempre me negaba a ir a mi casa y la condición era ir a la suya u hotel. Precisamente para eso, para que después no me pudiesen localizar. Ahora estoy hundido, me han pagado con la misma moneda, y siento lo que pueden sentir muchas de esas chicas a las que he tratado así alguna vez. En fin, el tiempo lo cura todo, y el que es cabrón lo será siempre así que…   a seguir!!!

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Tengo que confesarte algo…

Estaba tumbado en la cama con tan solo la parte inferior de su pijama puesto. Con el mando iba cambiando los canales de la televisión sin pararse en ninguno en concreto. Su mente estaba distraída. En ese momento sonaron unos golpecillos en la ventana de su habitación. Miró extrañado hacia ella pues con la tormenta que reinaba en el exterior lo último que hubiese esperado era recibir su visita esa noche. Sin embargo, allí estaba ella, totalmente empapada y haciéndole gestos.

Mientras, apurado, abría la ventana, no podía dejar de pensar en cual sería el motivo merecedor de arriesgarse a un resfriado.

-¿Estás loca? Qué demonios haces viniendo aquí con semejante tiempo?. Vas a pillar un resfriado de narices.

-Fijo que el resfriado será de narices -lo miró sonriendo- creo que no hay resfriados de otro tipo.

Él elevó la mirada al techo haciendo gesto de resignación.

-Es mejor que me quite toda esta ropa empapada. ¿Me puedes prestar una camisa?

Refunfuñando, él se dirigió al armario para alcanzarle una camisa, con la cual ella se fue al baño para cambiarse.

Eran amigos desde niños. Sus casas estaban separadas por algunos metros de jardín y en la preadolescencia habían comenzado con esas escapadas en la noche a la habitación del otro. Pero, últimamente él no se sentía cómodo con aquella amistad. Cada vez le costaba más verla como una amiga y no como la preciosa chica en la que se había convertido.

En ese momento se abrió la puerta del cuarto de baño y apareció ella, vestida tan solo con su camisa. Con una toalla se estaba frotando el cabello; aquella preciosa melena pelirroja.

-Necesito tu ayuda -dijo mientras continuaba con su labor de secado- y es urgente, porque mañana tengo una cita.

Él alzó las cejas con curiosidad. En qué demonios podría ayudarla él relacionado con una cita?.

Ella tiró la toalla hacia el interior del cuarto de baño y se acercó caminando hacia él.

-A lo mejor ya lo sabes, porque me conoces mejor que nadie… pero si no es así… tengo que confesarte algo: no sé besar y… necesito que tú me enseñes.

-¡¡Qué??!! -era lo último que él esperaba que le pidiese- quieres que yo te enseñe a besar?

-Sí. Sabes como soy, que siempre quiero estar preparada para todo, que siempre quiero hacerlo todo bien, y con esto no iba a ser menos. Necesito que me enseñes porque cuando él me bese no quiero quedar de tonta. Quiero hacerlo bien.

-Pero… -se pasó una mano entre el pelo- tú sabes lo que me estás pidiendo? nosotros somos amigos… los amigos no se besan… -se sentía tonto mientras decía aquello. Estaba intentando no distraerse con la idea de que ella estaba totalmente desnuda bajo aquella camisa. ¿Cómo demonios podía ella verlo tan solo como un amigo?

-Por favor. Por favor. Yo sé que tú ya has tenido tus rollitos con chicas y puedes enseñarme. Necesito estar preparada para mañana no estar demasiado nerviosa por meter la pata. -mientras hablaba había apoyado las manos en el pecho desnudo de él y lo miraba implorante.

Él se echó hacia atrás como si aquellas manos le quemasen.

-Vale… pero no me toques -por su voz parecía enfadado, aunque aquel enfado estaba dirigido mas bien hacia sí mismo.

-Bien!! -exclamó ella entusiasmada. Y se quedó quieta mirándolo, esperando que él iniciase la lección.

Él se rascó la nuca mientras la contemplaba. Tenía que besarla… bueno, tenía que enseñarle a besar, con lo cual, para hacerlo… tenía que besarla. Sus ojos se posaron en los sonrosados labios de ella y después la miró serio:

-¿Estás totalmente segura?

-Oh, sí!! venga, no me hagas rogar más.

Él posó su mano en la nuca de ella al tiempo que inclinaba su cabeza para rozarla ligeramente en los labios. Retrocedió ligeramente para mirarla. Ella tenía sus ojos escondidos tras los párpados y parecía esperar que él continuase. Se acercó otra vez para besar primero su labio superior, después el inferior, con los labios ligeramente entreabiertos… después los acarició suavemente con la punta de su lengua, buscando camino para introducirla en su boca. Notó como la respiración de ella se entrecortaba y mariposas de ternura le revolotearon por el estómago conocedor de que aquel estaba siendo su primer beso. Acarició su lengua, provocándola para que la moviese, para que respondiese a sus húmedas caricias… la envolvió, rodeándola, asaltándola juguetonamente y no tardó en sentir la tímida respuesta de la lengua de ella saliendole al encuentro. Esa mínima respuesta fue demasiado y sintió como cierta parte de su cuerpo comenzaba a responder y a demandar. Se apartó rápidamente de ella.

Vió como sus ojos se abrían sorprendidos y lo contemplaban asombrados por aquello que acababa de ocurrir.

Y mientras, él pensaba «mierda, mañana estará haciendo esto mismo con otro»  y sintió como algo se rebelaba en su interior.

SONVAK

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