Dos amigos. Relato

–          ¿Por qué ha sido? –preguntó Rafa-

–          Porque, francamente, no sé lo que quiero. He intentado tenerlo todo y se me ha caído el mundo encima – contestó Javier-

Rafa bebió un sorbo de su lata de cerveza. El salón de su piso, donde se encontraban charlando, era una pieza de tamaño medio, espartanamente amueblada y con escasa luz. No había  cuadros en las paredes, ni adornos sobre los muebles. Dos sofás y  una estantería de Ikea que cubría uno de los laterales, conteniendo algunos libros, un equipo de música, una colección de CD´s y DVD´s y en el centro, presidiendo con aplomo,  una televisión grande de plasma, eran la única decoración. Paredes blancas, lisas, muebles de color roble y los sofás, lo más ajado de la habitación, en un extraño verde desteñido. No estaba precisamente sacado de una revista de decoración, pero ambos amigos parecían encontrarse cómodos allí.

–          Pero ¿te pilló? –volvió a preguntar Rafa-

–          Pillarme in fraganti, como se suele decir, no. Eso no. Pero sospechó por pequeñas cosas de las que yo no me daba cuenta y al final me preguntó.

–          Y confesaste. –afirmó Rafa-

–          Y confesé –confirmó Javier-

–          Mira que te lo he repetido un millón de veces Javier. Sea cual sea la evidencia, por muy claro que parezca, por muchas pruebas que te presenten, siempre negar, negar y seguir negando.

–          Joer Rafa, es que no me veía yo diciendo eso de “esto no es lo que parece…”  Me sonaba ridículo.

–          Pues ridículo o no, mírate ahora. Pero ¿Cómo te metiste en ese lío?

–          Coño Rafa, pues como tú, como todos, como siempre ha sido. Porque te casas, supongo que muy enamorado, y te deslomas a trabajar, a pagar coche, hipoteca, muebles, viajes y todo lo que se te ponga por delante. Y de repente, te paras y miras. ¡¡Vas a cumplir los cuarenta!! Se te han pasado los diez o doce últimos años en un suspiro, sin darte cuenta  y te miras al espejo y ves a un tío que ha engordado, que tiene entradas y canas, que está cansado y con ojeras y que se ha olvidado de vivir. ¿No es lo mismo que lo que te pasó a ti? ¿No es lo que nos pasa a todos en un momento dado?

–          No, Javier. Ni nos pasa a todos, ni lo mío fue así. A mí me puso los cuernos mi mujer y se piró con otro. Y ya está.

–          En mi caso, no. Paloma no ha hecho nada. Sólo tener demasiada intuición. A mí me entró el agobio de la edad, o no sé qué. Debe de ser la famosa crisis de los cuarenta o algo así, pero, de repente, unas ganas de vivir, de aprovechar el tiempo, de beberte cada segundo… una locura. Un día, por casualidad, me encontré con una antigua novia de la que no tenía noticias desde que rompimos. Y un café, que tal te ha ido, qué has hecho este tiempo, toma mi teléfono, quedamos otro día para ponernos al día…  terminamos enrollados. Yo, te juro Rafa que me sentía vivir otra vez, notaba como la sangre circulaba nuevamente por mis venas, ¡estaba vivo de nuevo! Fue como una borrachera feroz, que te deja la cabeza sin ninguna claridad, pero te sientes el rey del mundo.

–          Y te pilló Paloma

–          Sí, lo hice muy mal. Me sentía tan eufórico que no tuve ningún cuidado con nada. Llamadas que cuelgan, mensajitos a todas horas, salidas en horarios no habituales, ropa nueva, colonia… todos los tópicos. Los cumplí todos. Hasta me apunté a un gimnasio para bajar la tripa.

–          Ya. El manual del perfecto infiel, paso a paso.

–          Exacto. Y un día, supongo que mosqueada, me quitó el móvil, me preguntó y como un pardillo confesé. De cabo a rabo. Y encima me sentía bien, eufórico y aproveché para echarle en cara todo aquello que me molestaba de ella, todo lo que ya no me gustaba. Me explayé. Me quedé relajado, vamos. Y me fui, tan campante, de casa, dispuesto a vivir mi nueva y maravillosa vida.

–          ¿Y la  ex novia? –preguntó Rafa-

–          ¿Lola? Bueno, eso tiene gracia. Cuando se enteró de que me había ido o me habían echado de casa, entiéndelo como quieras, me dio puerta.

–          ¿Cómo?

–          Sí. Ella también estaba casada. Me dijo que sí, que estaba aburrida, harta del día a día, que había perdido muchas de sus ilusiones, pero que era su familia. Y que era su marido y su vida. Y que yo estaba bien para pasar unos ratos divertidos a escondidas, pero que no quería complicaciones. Casi se echo a reír cuando le plantee irnos a vivir juntos. Se me descojonó en la cara, vamos. Y no la volví a ver.

–          Javier, no me digas que intentaste volver con Paloma, por favor.

–          Joer Rafa, pues sí. De repente se me abrieron los ojos. Me vi solo, sin mis hijos, sin nada de aquello por lo que había estado luchando todo este tiempo, y me entró el pánico. Intenté volver, le pedí perdón a Paloma, le monté algún show,  incluso con los niños delante,  pidiéndole perdón y que lo intentáramos de nuevo, pero ella me recordó mi maravillosa verborrea y todo lo que le había dicho. Los cuernos quizá me los hubiese perdonado, pero mi incontinencia verbal no. Eso no. Así que aquí me tienes, en la puta calle, y sin nada, ni nadie… y con los cuarenta encima.

–          Javier, lo has hecho de puta madre, sí señor. ¿Es que no has aprendido nada en todo este tiempo?

–          Pero bueno ¿y tú qué? ¿No vives sólo aquí?

–          Sí, pero ya te he dicho que lo mío fue distinto. Yo también trabajé, trabajé… y trabajé. Yo, lo que confieso, es que en el recorrido me olvidé de Carmen, se me olvidó mimar a Carmen. Se me olvidó decirle lo que la quería, se me olvidó hacerla reir, se me olvidó escucharla cuando me hablaba, se me olvidó su cumpleaños y nuestro aniversario… Y claro, llegó el primer memo, un compañero de su trabajo, que le dijo cuatro cosas bonitas y me mandó a paseo. Cogió a la niña y se largó. Resulta que las tías también tienen su crisis de los cuarenta. Pero les sucede antes de los cuarenta,  no se habla de ella y no tiene nombre.

–          ¿Ah, sí? –inquirió interesado Javier_

–          Sí. Llega un momento en que se han casado, tienen su trabajo, su parejita de hijos y… y resulta que nada es como habían soñado. Ni el príncipe es azul y además destiñe, ni el matrimonio es para comer perdices, y los adorados niños son maravillosos… cuando duermen. Dan guerra, trabajo y son ingratos. Ellas se dan cuenta de que son jóvenes y deseables aún, pero que están ya casi embalsamadas en ese papel de esposa-madre-asistenta y les entra el aburrimiento o el pánico. Y quieren vivir de nuevo, volver, como decías tú, a tener ilusiones y esperanzas. Y Carmen se fue. Así de sencillo. Ella no hizo como tú y me lanzó a la cara toda la bilis acumulada. Simplemente me dijo “que el amor es como un fuego, como una hoguera. Si no lo cuidas, si no lo alimentas continuamente, se apaga”. Y se largó dejándome hundido de verdad. Hace dos años de eso y poco  a poco voy saliendo.

–          Pues tío, no sé quién es más pringado de los dos, la verdad.

–          Da igual, Javier. El caso es que este modelo de trabajo, casa, o de matrimonio o de lo que sea, nos hace infelices a muchos y eso conlleva más infelicidad. Y cada uno se busca la vida y las habichuelas como puede pues son muchos años por delante para sentirse muerto, sin expectativas ni anhelos, tan joven. No se puede culpar a nadie. La vida es así. ¿Te apañas con el sofá hasta que encuentres algo que puedas pagar?

–          Sí, Rafa, sí. Muchas gracias, amigo.

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4 comentarios

Archivado bajo Aspective_

4 Respuestas a “Dos amigos. Relato

  1. Ainssssssssssssssssss….

    La vida no es así, nosotros la hacemos así 😀

    Y no sé que más decir… ^_^

    He escrito… he borrado… he vuelto a escribir… he vuelto a borrar… Porque para todo lo que escribo encuentro argumentos por el lado contrario.
    Joer!! mi yo cínico no anda nada inspirado.

    En fin, con respecto a la infidelidad, en este momento, no sé que decir sin desdecirme.

    El post me parece estupendo.
    Besazos!!

  2. …mmm…..pensaré algo inteligente que decir.

  3. Xinax

    Yo tengo algo inteligente que decir, pero es demasiado largo.
    Y además de eso, el post es “estupléndido”.
    Felicidades!

  4. Estupendo relato Aspective. Me ha gustado un montón. Has contado las cosas como, normalmente son, por lo menos desde el punto de vista de dos amigos. Se dice de las crisis de los 40…. y, aunque eso mismo puede suceder en otras edades, si tiene cierta lógica en ese umbral ¿o también en los 50?.

    Fíjate tú la diferencia entre ambas parejas, dando la coincidencia en ellas de los “cuernos”. Una se despide, digamos de buen rollo y la otra, con insultos e increpaciones…. Y en esto último está el fallo (no cuento lo más importante), porque duelen más esos reproches que los cuernos (bueno, según que casos, también es verdad).
    Al final…. por la boca muere el pez…
    Un abrazo, ciudadano.

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