Archivo diario: 2 diciembre 2009

Aspec me engañó, ¡joder! cómo me engañó…

Aspec me engañó, ¡joder! cómo me engañó…

Estoy muy decepcionada porque mi novio, Aspec, después de casi tres años de relación me ha sido infiel, él vive a 3 manzanas de mi casa y la tipa con la que me engaña también, él me demostraba que me quería pero ¿entonces? ¿Por qué me engaña?

Quiero perdonarlo, porque está muy bueno, pero no puedo, hablé con la tipa que se ha liado, se llama Sonvak y me quedé de piedra, no es la única, resulta que ha habido tantas como dedos tienen mis manos. Yo sé que le gustan demasiado las mujeres, es un Don Juan, pero después de lo que me contó Sonvak no sé si volveré a mirarle a la cara, resulta que trabajamos en una fábrica como sexadores de pollos, cuando empezamos a trabajar nos dieron unos cursos intensivos a todos los nuevos y tuvimos que viajar a una escuela permanente para formar sexadores de aves que se encuentra en la ciudad de Nagoya, Japón. El viaje fue maravilloso, no por los cursos sino porque íbamos todos los nuevos que al principio congeniamos a las mil maravillas y pensábamos disfrutar a tope entre sexo y sexo, ¿me entendéis no?
Fuimos Aspec, Xinax, Daniela, Sonvak, Molinos, Gorio y yo; 5 mujeres y 2 hombres ¡peligro, peligro! aunque yo estaba segura de su amor, el tiempo me ha demostrado, bueno, el tiempo y Sonvak que no era para tanto, allí en Nagoya ya se lió con Molinos, una chica estupenda y maravillosa, pero con una mala leche acojonate… lo que no me queda claro es cuándo se liaron pues los días que estuvimos allí fueron a un ritmo trepidante ya que averiguar el sexo de un ave requiere un análisis cuidadoso de su recto y es una operación que requiere un manejo habilidoso del animal y como todos éramos nuevos en este campo, nos pasábamos más de 10 minutos con cada animalito que nos ponían por delante, cuando lo normal es hacerlo en 4 segundos, ¡bueno! dejando a un lado el tema laboral sigo con la historia.

Cómo os he dicho allí fue Molinos, aunque duraron 2 meses, por los pensamientos tan retorcidos de ella, después se lió con Xinax, una friki a la que le gusta tanto la trilogía de «El Señor de los Anillos» que cree que la gente real se vuelve gris, con ésta no sé cuánto tiempo estuvo, supongo que se volvería gris y ella lo dejó, después le tocó el turno a Daniela, una chica muy, pero que muy mona, que escribe muy bien, pero que hay días en los que se asemeja a un robot, porque no para, tampoco sé cuanto tiempo estuvieron liados o por lo menos Sonvak no me lo dijo.
Y su última conquista, bueno mejor dicho su penúltima conquista ha sido Sonvak, una chica que hace de todo y que tiene una amiga fiel e incondicional que se llama «nube» aunque tiene cierta confusión sexual, pues levanta la pata para… (Me refiero a la perrita, no seáis malos…).
De todo esto me estoy enterando ahora, porque soy bastante insulsa y me fío de todo el mundo, pero cuando Sonvak me lo contaba, me asaltaba una pregunta ¿por qué me lo estará contando ahora? Ella misma se delató al cabo de un buen rato hablando, bueno discutiendo como perras en celo por él, resulta que después de haber estado con 5 de las 7 de las personas que empezamos a trabajar juntos en la fábrica hace ya más de un año, el muy mujeriego, se ha liado con Gorio, ¡ahora lo comprendo!.
Comprendo por qué me lo contaba Sonvak y también comprendo por qué Gorio nos dijo el otro día que últimamente no estaba a la altura de los integrantes del grupo, que no le salen muchas ideas y que no sabe a qué se debe a ciencia cierta, pero está ahí.

¡Pues sabéis lo que os digo! que se vais a enterar los dos mañana cuando llegue la hora del desayuno. Esta noche no le diré nada a Aspec, pero mañana le voy a dejar las cosas bien claritas y que se vaya con quien quiera y de ti Gorio, tan correcto, tan guapo, tan… bueno, no sigo, de ti no me lo esperaba para nada…

SANDRA

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Dos amigos. Relato

–          ¿Por qué ha sido? –preguntó Rafa-

–          Porque, francamente, no sé lo que quiero. He intentado tenerlo todo y se me ha caído el mundo encima – contestó Javier-

Rafa bebió un sorbo de su lata de cerveza. El salón de su piso, donde se encontraban charlando, era una pieza de tamaño medio, espartanamente amueblada y con escasa luz. No había  cuadros en las paredes, ni adornos sobre los muebles. Dos sofás y  una estantería de Ikea que cubría uno de los laterales, conteniendo algunos libros, un equipo de música, una colección de CD´s y DVD´s y en el centro, presidiendo con aplomo,  una televisión grande de plasma, eran la única decoración. Paredes blancas, lisas, muebles de color roble y los sofás, lo más ajado de la habitación, en un extraño verde desteñido. No estaba precisamente sacado de una revista de decoración, pero ambos amigos parecían encontrarse cómodos allí.

–          Pero ¿te pilló? –volvió a preguntar Rafa-

–          Pillarme in fraganti, como se suele decir, no. Eso no. Pero sospechó por pequeñas cosas de las que yo no me daba cuenta y al final me preguntó.

–          Y confesaste. –afirmó Rafa-

–          Y confesé –confirmó Javier-

–          Mira que te lo he repetido un millón de veces Javier. Sea cual sea la evidencia, por muy claro que parezca, por muchas pruebas que te presenten, siempre negar, negar y seguir negando.

–          Joer Rafa, es que no me veía yo diciendo eso de “esto no es lo que parece…”  Me sonaba ridículo.

–          Pues ridículo o no, mírate ahora. Pero ¿Cómo te metiste en ese lío?

–          Coño Rafa, pues como tú, como todos, como siempre ha sido. Porque te casas, supongo que muy enamorado, y te deslomas a trabajar, a pagar coche, hipoteca, muebles, viajes y todo lo que se te ponga por delante. Y de repente, te paras y miras. ¡¡Vas a cumplir los cuarenta!! Se te han pasado los diez o doce últimos años en un suspiro, sin darte cuenta  y te miras al espejo y ves a un tío que ha engordado, que tiene entradas y canas, que está cansado y con ojeras y que se ha olvidado de vivir. ¿No es lo mismo que lo que te pasó a ti? ¿No es lo que nos pasa a todos en un momento dado?

–          No, Javier. Ni nos pasa a todos, ni lo mío fue así. A mí me puso los cuernos mi mujer y se piró con otro. Y ya está.

–          En mi caso, no. Paloma no ha hecho nada. Sólo tener demasiada intuición. A mí me entró el agobio de la edad, o no sé qué. Debe de ser la famosa crisis de los cuarenta o algo así, pero, de repente, unas ganas de vivir, de aprovechar el tiempo, de beberte cada segundo… una locura. Un día, por casualidad, me encontré con una antigua novia de la que no tenía noticias desde que rompimos. Y un café, que tal te ha ido, qué has hecho este tiempo, toma mi teléfono, quedamos otro día para ponernos al día…  terminamos enrollados. Yo, te juro Rafa que me sentía vivir otra vez, notaba como la sangre circulaba nuevamente por mis venas, ¡estaba vivo de nuevo! Fue como una borrachera feroz, que te deja la cabeza sin ninguna claridad, pero te sientes el rey del mundo.

–          Y te pilló Paloma

–          Sí, lo hice muy mal. Me sentía tan eufórico que no tuve ningún cuidado con nada. Llamadas que cuelgan, mensajitos a todas horas, salidas en horarios no habituales, ropa nueva, colonia… todos los tópicos. Los cumplí todos. Hasta me apunté a un gimnasio para bajar la tripa.

–          Ya. El manual del perfecto infiel, paso a paso.

–          Exacto. Y un día, supongo que mosqueada, me quitó el móvil, me preguntó y como un pardillo confesé. De cabo a rabo. Y encima me sentía bien, eufórico y aproveché para echarle en cara todo aquello que me molestaba de ella, todo lo que ya no me gustaba. Me explayé. Me quedé relajado, vamos. Y me fui, tan campante, de casa, dispuesto a vivir mi nueva y maravillosa vida.

–          ¿Y la  ex novia? –preguntó Rafa-

–          ¿Lola? Bueno, eso tiene gracia. Cuando se enteró de que me había ido o me habían echado de casa, entiéndelo como quieras, me dio puerta.

–          ¿Cómo?

–          Sí. Ella también estaba casada. Me dijo que sí, que estaba aburrida, harta del día a día, que había perdido muchas de sus ilusiones, pero que era su familia. Y que era su marido y su vida. Y que yo estaba bien para pasar unos ratos divertidos a escondidas, pero que no quería complicaciones. Casi se echo a reír cuando le plantee irnos a vivir juntos. Se me descojonó en la cara, vamos. Y no la volví a ver.

–          Javier, no me digas que intentaste volver con Paloma, por favor.

–          Joer Rafa, pues sí. De repente se me abrieron los ojos. Me vi solo, sin mis hijos, sin nada de aquello por lo que había estado luchando todo este tiempo, y me entró el pánico. Intenté volver, le pedí perdón a Paloma, le monté algún show,  incluso con los niños delante,  pidiéndole perdón y que lo intentáramos de nuevo, pero ella me recordó mi maravillosa verborrea y todo lo que le había dicho. Los cuernos quizá me los hubiese perdonado, pero mi incontinencia verbal no. Eso no. Así que aquí me tienes, en la puta calle, y sin nada, ni nadie… y con los cuarenta encima.

–          Javier, lo has hecho de puta madre, sí señor. ¿Es que no has aprendido nada en todo este tiempo?

–          Pero bueno ¿y tú qué? ¿No vives sólo aquí?

–          Sí, pero ya te he dicho que lo mío fue distinto. Yo también trabajé, trabajé… y trabajé. Yo, lo que confieso, es que en el recorrido me olvidé de Carmen, se me olvidó mimar a Carmen. Se me olvidó decirle lo que la quería, se me olvidó hacerla reir, se me olvidó escucharla cuando me hablaba, se me olvidó su cumpleaños y nuestro aniversario… Y claro, llegó el primer memo, un compañero de su trabajo, que le dijo cuatro cosas bonitas y me mandó a paseo. Cogió a la niña y se largó. Resulta que las tías también tienen su crisis de los cuarenta. Pero les sucede antes de los cuarenta,  no se habla de ella y no tiene nombre.

–          ¿Ah, sí? –inquirió interesado Javier_

–          Sí. Llega un momento en que se han casado, tienen su trabajo, su parejita de hijos y… y resulta que nada es como habían soñado. Ni el príncipe es azul y además destiñe, ni el matrimonio es para comer perdices, y los adorados niños son maravillosos… cuando duermen. Dan guerra, trabajo y son ingratos. Ellas se dan cuenta de que son jóvenes y deseables aún, pero que están ya casi embalsamadas en ese papel de esposa-madre-asistenta y les entra el aburrimiento o el pánico. Y quieren vivir de nuevo, volver, como decías tú, a tener ilusiones y esperanzas. Y Carmen se fue. Así de sencillo. Ella no hizo como tú y me lanzó a la cara toda la bilis acumulada. Simplemente me dijo “que el amor es como un fuego, como una hoguera. Si no lo cuidas, si no lo alimentas continuamente, se apaga”. Y se largó dejándome hundido de verdad. Hace dos años de eso y poco  a poco voy saliendo.

–          Pues tío, no sé quién es más pringado de los dos, la verdad.

–          Da igual, Javier. El caso es que este modelo de trabajo, casa, o de matrimonio o de lo que sea, nos hace infelices a muchos y eso conlleva más infelicidad. Y cada uno se busca la vida y las habichuelas como puede pues son muchos años por delante para sentirse muerto, sin expectativas ni anhelos, tan joven. No se puede culpar a nadie. La vida es así. ¿Te apañas con el sofá hasta que encuentres algo que puedas pagar?

–          Sí, Rafa, sí. Muchas gracias, amigo.

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