Confesiones casi humanas

Yo confieso que hay días en los que me asemejo a un robot. Un patético robot grisáceo y frustrado, que alguien construyó hace tiempo por alguna razón que desconozco. No se qué pasó con ese constructor: tal vez sigue cerca, tal vez me olvidó. Qué más da. Un robot no entiende estas cosas.
En días como éste, simplemente me levanto por la mañana y actúo como he sido programada. Me lavo los dientes, me peino, me saco las lagañas, sin preguntar ni preguntarme por qué. Camino hasta donde tenga que caminar, casi sin querer: me llevan mis piernas, porque mi mente está vacía. Bueno, no vacía: dicen que sólo un sabio (aunque yo debería decir “sólo un humano”, para empezar), puede vaciar su mente. Probablemente la mía está tan confusa y llena de datos espesos que mis pensamientos terminan enredándose y atorándose, provocando una quietud extraña, una tregua del caos casi silenciosa, casi blanca a causa del entrevero de colores, casi muerta.
Y así, atorada, la mente se rehúsa a pensar. Recurre, entonces, al plan de emergencia. Como cuando en un hospital se corta la luz se enciende un generador de energía provisorio, en mi mente esa zona tan metódica del cerebro toma control de la situación, y se encarga de cumplir, básicamente, lo único que conoce: el programa de mi vida. La rutina más reciente. De esa forma, funciono en piloto automático.

Pero tras un par de días de una condición robótica que parecía crónica, algo falla.
A los robots los distraen las luces y los ruidos y el movimiento; por esto, instintivamente llenan su vida con ellos. Así, nos rodeamos de lámparas brillantes, de música, de gritos, de televisores y de amigos, y la mente se aletarga, como si hubiese ingerido algún suave somnífero. Sin embargo, ¿qué pasa cuando se apagan las luces, cuando los ruidos disminuyen, cuando por una vez nos quedamos sentados, quietos, simplemente escuchando nuestra propia respiración?
Entonces nuestro cerebro se desenreda y despierta. Nuestra coraza se vuelve carne y nuestros circuitos centrales vuelven a parecerse bastante a un rojo y bombeante y vivo corazón.
Es entonces que nos damos cuenta de que estamos en un lugar que nunca terminaremos de conocer: de hecho, ni siquiera comenzaremos, porque se renueva y es otro a cada instante. Es entonces que caemos en la cuenta: estamos, finalmente, solos, y una finísima línea nos separa de la muerte, otra aún más fina de todo lo desconocido. Es entonces que nos damos cuenta de que la vida es frágil, pequeñita, extraña. Volátil. Está aquí, y aún así es inalcanzable. Es incluso menos real que las utopías y los sueños. Es algo por lo que luchamos, pero sin saber por qué ni para qué, porque si la pensamos, no tiene ningún sentido.
Abrimos los ojos, tendemos manos, vomitamos vida, rompemos el cielo. Todo, sin entender. No hay ciegos, porque todos lo somos, y si todos somos algo, nadie es. Nos movemos sin siquiera poder tantear qué viene adelante. No sabemos qué pasa a nuestro alrededor: al fin y al cabo, solamente podemos sentir. Podemos llorar, morder, hasta amar. Pero nunca vamos a entender.

Pop. Mareo. Madeja. Enredo.
Mejor vuelvo a dormir, y dejo esto en auto-pilot. Es más fácil…

DANIELA

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14 comentarios

Archivado bajo Daniela_

14 Respuestas a “Confesiones casi humanas

  1. Pff… es un escrito tan entreverado como mis pensamientos. Perdón por eso.

  2. Daniela nada de perdón.
    Es un escrito, que he revisado dos veces, que me parece una gran reflexión. Quizás algo deprimente pero muy cercana, en general, a la realidad. Posiblemente a la de todos.
    Como cada día, como cada post, sigues dejándome realmente sorprendido de tu profundidad y clarividencia.
    Muchas gracias por compartir sensaciones.

  3. Es desconcertante lo deprimente que me ha resultado, pero lo realmente desconcertante es que esa sensación la tengo a menudo. De hecho todas las semanas, hay algún día que en algún momento me siento así, y suele coincidir con el cansancio y la resaca del fin de semana en los putos Domingos.

  4. Pingback: Bitacoras.com

  5. Ainsssss… pues sí, hay mucho de razón en tus palabras… y ahora una persona positiva y optimista diría “pero está en nuestras manos el hacer que no sea así, cada uno debe encontrar su propio sentido a la vida… etc, etc…”.

    Dicen que los más felices son los tontos, porque ellos no se plantean el por qué y simplemente disfrutan… no le dan vueltas a la cabeza. Ese es nuestro problema: nos quedamos quietos pensando, buscando por qués, preguntando por todo pues necesitamos que todo tenga una justificación y cuanto más la buscamos más lejos parece estar.

    Hemos hecho de la vida un plan tan complicado que nos hemos perdido por el camino. Y la realidad es que cuanto más “avanza en inteligencia” el ser humano, más sentido pierde la vida, pues la razón (inteligencia) tiende a dejar de lado razones importantes para el corazón, razones que la mayoría de las veces parecen cuentos mágicos pero sin las cuales el sentido de la vida se va perdiendo.

    Excelente post. Besazos!! 😀

  6. Es la rutina de todos los días, de todas maneras como dices, solo se necesita un momento de oir nuestra respiración, para que todo se vuelva carne.

    Y la carne tiene sueños y esperanzas, cosa que un robot no conoce.

    No temas, aún no está todo perdido.

    Saludines,
    YoMisma

  7. Me encanta cuando no veo en un post su autor hasta llegar al final, así voy imaginandome quién puede ser… la vida es así de complicada Daniela no te preocupes

  8. Gracias por sus comentarios. Por lo menos a través de una pantalla nos podemos dar cuenta que no estamos solos en lo que sentimos, supongo.
    Un beso!

  9. Todos los días lo mismo, somos autómatas.

    Pero cuando llegamos a casa y estamos con l@s nuestr@s, nos transformamos.

    Muy buen post.

    Besos.

  10. Hola, Daniela.
    Me has dejado realmente desconcertado y me alegra pues te he releído una y otra vez. Ese desconcierto lo produce tan interesante reflexión y es por ello por lo que me quedo con esta preciosa frase que has escrito: “Abrimos los ojos, tendemos manos, vomitamos vida, rompemos el cielo. Todo, sin entender. No hay ciegos, porque todos lo somos, y si todos somos algo, nadie es.”.

    Un beso enorme de este ciudadano, también ciego y que nadie es.

  11. Jopeee, no entiendo como no sale mi foto en todos los últimos comentarios y aparece el muñeco feote y gruñon.
    A ver administrador ayuda a este torpe.

  12. Para que salga tu foto debes loguearte con el usuario de wordpress.com, es decir, con el que escribes en el blogguercedario. Posiblemente pones un correo electrónico que no es el que tienes asociado a El Blogguercedario y por eso no te reconoce.

  13. Prueba de comentario y foto….

  14. Xinax

    Es un post estupendo, Daniela. Una reflexión inteligente, no exenta de dulzura y esperanza, pese al ambiente gris y triste del relato. Me ha encantado, sinceramente.

    Un beso enorme!!

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