Ribeiro y queso de tetilla

Como de costumbre, minutos antes de las siete de la tarde, se encontraron para tomar unas últimas tazas antes de regresar a casa. Seguían siendo fieles a esa cita a pesar de los muchos años que habían transcurrido desde que abandonaron su niñez. A esa hora la calle Real era transitada, en su ir y venir desde la elegante Plaza de María Pita hasta su fin en calle Nueva, por todo tipo de público. El sonido acompasado de los viandantes, producto del golpeo de los tacones contra el empedrado de la calle, se difuminaba cuando el reloj de la plaza empezó a anunciar por medio de sus campanadas que eran las siete en punto.  Las tazas de ribeiro estaban servidas y, nunca como simple adorno, acompañadas por un buen queso de tetilla especialmente delicado para el paladar de ambos.

Andrés portaba una bolsa grande que contenía el dispendio de sus últimos ahorros. Dos pantalones, un jersey y una cazadora, todos ellos de color oscuro, adquiridos en la aledaña tienda de Zara. Es curioso como la climatología marca normas en el color de nuestras vestimentas y es por ello que, los habitantes del norte suelen vestir prendas de color más oscuro que los del sur.

Después de repasar, de forma breve pues ambos habían leído las crónicas en el periódico, la mala fortuna del Deportivo en el último partido la conversación giró sobre cuestiones más bien intrascendentes. Anxela reposó sus labios sobre la taza de ribeiro de una forma tan sensual que Andrés quiso entenderlo como si de una sugerencia se tratase máxime cuando, en ese mismo instante, entrecruzó sus piernas provocando que su ya menguada falda dejase al descubierto buena parte de sus esbeltos muslos.

–          ¿Sabes?, el otro día leí unas colaboraciones por internet en las que diferentes personas explicaban y rememoraban el momento de su primer beso-

–          ¿ Y eso que tiene de particular?, respondió Andrés.

–          La verdad es que nada. Simplemente sentí curiosidad al denotar las diferencias de sensibilidad, según fuese un hombre o una mujer, quien las narraba. Anxela, repitió de nuevo el mismo gesto al volver a beber de su taza.

–          Quizás, dijo Andrés, es que nosotros seamos más enrevesados, ¡ya me entiendes!, y queramos alardear de todo aquello que, generalmente, no hemos llegado a finalizar y por tanto conseguir-.

La conversación siguió, aportando Anxela multitud de detalles, cada vez más subidos de tono en lo que al primer beso se refería. A Andrés le resultaba difícil la concentración. Anxela, de vez en cuando, se mesaba sus cabellos introduciendo sus finos dedos sobre su larga melena, para deleite y al mismo tiempo excitación de Andrés. Queriendo interpretar que era una forma de seducirle tomó entre sus dedos unos de los trozos de queso sin darse cuenta que, el elegido, formaba parte de la parte final, esa que se asemeja a la tetilla y de ahí su denominación. Ensimismado en Anxela, paseó la pieza por sus labios sin mordisquearla y acercándose a ella le susurró al oído.

–          Andrés, ¿estás de broma?, le respondió Anxela.

–          No, si tú no lo estás. Andrés sorbió totalmente el contenido de su taza y miró fijamente a los ojos de Anxela no sin antes desviar, de nuevo, la vista hacia sus piernas.

–           ¿ Son ya las ocho?, se preguntó a sí misma Anxela mirando su reloj. La señora de la limpieza habrá terminado, sentenció ella. Veamos hasta dónde llega tu broma.

Abonaron la cuenta y salieron juntos en dirección al despacho de Anxela. Efectivamente, se encontraban solos. Solo fue necesario encender la luz de una pequeña lamparita ubicada en una de las esquinas. Desalojaron todo lo innecesario, para ese momento, de la mesa de reuniones y allí mismo dieron rienda suelta a toda su expresividad corporal gozando al máximo de toda su sensualidad.

Anxela y Andrés se conocían desde niños habiendo compartido cursos completos de escolaridad y, posteriormente, en la Universidad de Santiago. Su longeva amistad no había sido impedimento para que cada uno encontrase, por separado, a su respectiva pareja. Anxela tenía un niño de ocho años y Andrés, a pesar de los adelantos médicos, todavía no había compartido fortuna con su mujer para obtener ese fruto.

Eran casi las diez cuando, cada uno por su lado, llegaron a sus hogares. A la mañana siguiente Anxela recibió un mensaje personal en el ordenador de la oficina.

“Gracias por todos estos años de amistad. Quizás debí hacerlo hace mucho más tiempo pero, a buen seguro, como ayer tú relatabas mi memoria no lo recordaría ni tampoco lo disfrutaría como ayer lo hice. Fue nuestro primer y último beso. Andrés”.

Anxela le respondió inmediatamente. “ Hoy, como todos los días, tomaremos nuestras habituales tazas. Te ruego, por favor, dejemos a un lado el queso de tetilla y el agradable recuerdo de ese primer beso. Anxela”.

JOSE MANUEL BELTRAN

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8 comentarios

Archivado bajo José Manuel Beltrán

8 Respuestas a “Ribeiro y queso de tetilla

  1. Pues… ¿realmente crees posible qué nunca vuelva a ocurrir algo entre ellos?, ¿qué su amistad quede intacta? ¿qué no vuelvan a caer en la tentación?… Complicada historia que me ha dejado pensando que si la historia fuese real, ese no sería el último beso, sino que habrían bastantes más. 😀

    Excelente post. Besos.

  2. Por una vez, y sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo con Sonvak.

    La historia es fenomenal y aborda un tema controvertido, con múltiples versiones según quien te hable. Pero en cualquier caso, cruzada la raya creo que no tienen vuelta atrás

    Muchas gracias, me ha gustado mucho.

  3. El primer beso infiel puede ser tentador, con morbo, pero no exento de problemas.
    Una vez prendida la brecha es muy dificil detenerla.
    El tema es complejo pero tú has dejado el final abierto a la imaginación del lector. Has creado un relato como siempre muy elaborado y con carga emocional.

    Besitos ciudadano

  4. Sonvak:
    Complicada historia dices, quizás, por no quedar resuelto el final. Me haces tres preguntas que intento responder:
    1) Nunca digas nunca jamás…pero sigue ocurriendo pues cada día se siguen viendo para tomar unas tazas.
    2) La verdadera amistad está por encima de muchas cosas.
    3) Beber ribeiro y, sobre todo, degustar el queso de tetilla es una verdadera tentación.
    La historia es real pues el comienzo de una infidelidad ha ocurrido y seguirá ocurriendo, con mi imaginación o de otra forma.
    Un beso Sonvak… te doy las gracias por haberte hecho pensar.

    Aspective:
    Cuidado, es peligroso dar la razón a las mujeres jajajaja (Es broma Sonvak).
    La controversia siempre se dará según quién te hable. Pero no creo yo que el tema sea controvertido sino más bien habitual. ¿Por qué crees que una vez cruzada la raya no hay vuelta? No todo es tan radical. Muchas gracias, Aspective, por tu interés en mis relatos. Un abrazo, ciudadano.

    Nuria González:
    Llevas razón, aún cuando en mi cabeza está la resolución (pues he sido yo quien lo ha escrito), es verdad, que dejo el final abierto para diferentes interpretaciones. Las vuestras, las de los lectores.
    Gracias por considerarlo emocional. La razón y la lógica, en muchas ocasiones, debe imperar sobre el encendido de la mecha. Fijaros en sus despedidas.
    Gracias por tu comentario, ciudadana. Un beso.

  5. Pues si que se dieron cuenta un poco tarde de que se atraían, ¿No?.

    Este tema es espinoso, pero el relato exlcelente.

    Un abrazo.

  6. Hola Gorio.
    No pienso como tú. No creo que el tema sea espinoso pues, al fin y al cabo parece ser, se está dando todos y cada unos de los días en cuestión práctica y, ¡ya no digamos! en pensamiento jajaja.

    De todas las formas, gracias por tu comentario, ciudadano. Un abrazo.

    Claro que, salvo Sonvak, todavía no sabemos que piensan las chicas

  7. Antes de nada decir que ya te vale aireando las infidelidades de mis vecinos de la coruña. Toda una vida reprimiendo ese deseo y cuando caen en la tentación, increíblemente sólo esa vez, vas tú y lo aireas. Están acongojados y el rumor ya se ha extendido por toda La Coruña, y es que es curioso, pero quienes extienden dicho rumor son los que más tienen que callar, todos infieles, TODOS, bueno no, alguno se salva gracias a Dios.

  8. Codeblue:
    Jajaja, Sito. Antes que nada decir que este ciudadano, junto con su familia -entre las que se cuenta mi hijo menor, nacido en Vigo- ha vivido durante 4 maravillosos años en esa ciudad ( c/Juan Canalejo).
    Yo que doy inicio a la extensión del rumor, reconozco que soy el primero en callar. Y es que el queso de TETILLA está de muerte, y la merluza al pincho; y los percebitos de Burela y las tapitas de Rua Real…. en fin, pecadores, que no debeis preocuparos, salvo que……… se os olvide retirar antes los artilugios de la mesa del despacho… pues si no lo haceis algo se romperá, seguro.
    Un abrazo, Sito. Gracias por tu comentario que, por cierto, no es habitual al igual que de otros.

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