Se cumplirá la profecía

Se encontraba apoyado en el quicio de la puerta, mirando hacia el jardín. Hacía una noche templada, casi cálida si tenemos en cuenta que estaban a principios de noviembre. Tenía la mirada perdida en la infinita cantidad de estrellas que en el despejado cielo titilaban haciéndole juguetones guiños.  Se acercó el vaso a los labios y bebió un último trago de su diluido gin-tonic.  Lo avanzado de la hora contribuía a que el silencio reinante fuera absoluto y sin embargo, no parecía disfrutar del sosiego necesario. Un sosiego al que el entorno le conduciría fácilmente si se dejara llevar. Echando un último vistazo a Rigel, en Orión, su favorita, se despidió silenciosamente de ellas y se encaminó hacia la escalera después de comprobar que dejaba bien cerrada la puerta.  Parándose durante un segundo, sonrió ante la ironía de lo que acababa de hacer.

Al llegar al piso superior se dirigió directamente hacia el dormitorio de su hijo mayor. Como siempre, se había dormido leyendo y tenía el libro caído sobre la almohada. Con cuidado de no despertarle, lo retiró, depositándolo sobre la mesilla. Se quedó contemplándole durante unos instantes y con su mano le revolvió el pelo suavemente, y asomando una sonrisa, apagó la luz de la lamparita y salió cerrando tras él.

El dormitorio de la pequeña fue su siguiente parada. Desde el umbral se la quedó mirando. Dormía profundamente y su suave respiración, apenas perceptible, transmitía una calma total. Con la mano, le sopló un breve beso e igualmente cerró la puerta al dirigirse hacia su alcoba.

Allí estaba ella. También dormía. Su cuerpo, dibujado a la perfección bajo la sábana, era iluminado fantasmagóricamente  por la claridad que se asomaba al cuarto a través del inmenso ventanal que, de pared a pared, se abría sobre el jardín. Como había hecho antes con el resto de su familia, se detuvo a contemplarla en silencio. Su cabeza ligeramente ladeada, el inicio de una sonrisa en sus labios y el brillo acuoso de sus ojos permitían reconocer facilmente el amor que aún seguía sintiendo por su esposa.

Lentamente, con parsimonia, se despojó de sus ropas que depositó cuidadosamente dobladas sobre una silla. Lejos de la juventud, pero aún en forma, se deslizó con cuidado junto a su mujer y nuevamente la contempló. Él la veía hermosa, muy bella. Recordó que cada vez que se lo decía, ella se reía, como siempre,  echando la cabeza hacia atrás, dejando que el corto pelo se alborotase mínimamente. “No, tonto, soy muy normal, del montón” le contestaba con una  alegría que parecía estar presente en todos sus actos. Ante el inicio de las protestas de él, la réplica también formaba parte de la conocida letanía. “Tú me ves así porque me quieres, mi tontorrón”. Silenciosamente, para sus adentros, él le respondía “Sí, te quiero, pero además eres muy hermosa”. Con infinita suavidad, besó sus labios dormidos intentando no despertarla. Comenzó a volverse hacia su lado de la cama y ella, quizá avisada por el beso, le susurró una cálida bienvenida. “Hola cariño, siento haberte despertado” respondió él.  “No lo sientas y ven aquí” musitó ella con mimo. Volviéndose, la vio sonreírle a través de la semipenumbra del cuarto. La besó nuevamente. Lentamente, con calma, al principio, apasionadamente después mientras sus bocas y sus lenguas se perseguían con la sabiduría de un juego jugado muchas veces. Sus brazos la rodearon sintiendo la calidez y la extraordinaria suavidad de su piel. Y con los labios recorrió su cuello, llenándolo de húmedas caricias, volviendo nuevamente en busca de un nuevo beso con el que saciar su sed de amor.

Las manos, cada vez con mayor frenesí, fueron descendiendo por la curva de su espalda, hasta  encontrar sus suaves, y rotundas nalgas,  que agarraron sin mucha compasión. Besó nuevamente su cuello, sus pechos, lamió y succionó los redondos pezones. Ella abrió sus piernas y le atrajo hacia sí, ayudándole a entrar en ella y comenzaron una danza perfectamente acompasada y desafiante, mirándose a los ojos, casi retándose, besándose fugazmente, reteniéndose mutuamente, acelerando con rabia, hasta que el orgasmo final, simultáneo, coordinado, les dejó extenuados cayendo, entrelazados, uno al lado del otro sobre la cama. En silencio, contemplando el techo de la habitación, él parecía perdido en algún lejano infinito, lejos de todo. Revolvía su corto pelo con la mano mientras ella le correspondía jugando con el ensortijado vello de su pecho.  Tras unos instantes de silencio, recuperando la respiración aún agitada, ella le preguntó “¿Que sucede, cariño? Estabas fogoso, casi rabioso, desesperado. ¿Qué te pasa?” repitió. El silencio que  siguió a su pregunta le inquietó e incorporándose sobre su brazo le miró a la cara. “Amor mío ¿qué pasa?” Fijándose en sus ojos húmedos, en las lágrimas que se deslizaban por sus mejillas insistió “¿Qué sucede, por qué lloras? Él se volvió hacia ella, la abrazó, y en un susurro le respondió. “En unas horas se cumplirá la profecía. ¿No recuerdas? En unas malditas horas, posiblemente, todos estaremos muertos” Y ya sin vergüenza, sin ocultar nada, rompió a llorar desconsoladamente, mientras ella, con cara de espanto, de terror, de súbita comprensión, se echaba hacia atrás y un grito desgarrador quebraba el silencio de la noche.

Por Aspective

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14 comentarios

Archivado bajo Aspective_

14 Respuestas a “Se cumplirá la profecía

  1. Ufffffffffffff…

    El texto me ha parecido buenísimo, magnífico, me ha atrapado totalmente y me ha sabido a muy poco.

    Me has llevado de una forma magistral hasta un desenlace terrorífico.

    Si este post fuese el comienzo de un libro, sería un libro de eses que uno no es capaz de dejar de leer hasta llegar al final.

    Repito, me ha sabido a muy poco, a demasiado poco.

    Besos!!

  2. Muchas gracias Son.
    Me mimas mucho con tus comentarios y eso que ahora ya no me dejas las frases retorcidas de antes…
    La idea abarcaba más pero lo escribí anoche a última hora y no me dio tiempo a desarrollarlo del todo.
    Gracias

  3. Lo mejor que te he leído.

  4. Muchas gracias.
    Es usted muy amable. 🙂

  5. Qué íntimo te pones, y qué bien escribes!! Besitos

  6. Bueno Sara, no te puedo decir, aquí, en público, en quién estaba pensando, pero tú ya lo sabes ¿no? ja, ja ,ja
    😉
    Muchas gracias, por tu comentario
    Un beso

  7. Magnífico, excelente, cautivador, expléndido…

    Me ha gustado mucho. Eres la leche escribiendo.

    Un abrazo.

  8. Gracias Gorio.
    Me gusta que te guste.
    Es un placer 😉

  9. A mi también me gustó mucho… Y me dejó picando!
    Muy bueno

  10. Gracias Daniela.

    (por cierto no entiendo la expresión “Me dejó picando”) 🙂

    Un abrazo

  11. Mmm, no se como explicarlo. Me dejó con intriga, con ganas de más… Cuando algo te deja “picando” es como cuando viene alguien a buscar pelea, y tu estás a punto de darle un golpazo cuando justo sale corriendo; entonces, te deja en ese estado de…pica. Ja, no se.

  12. Es culpa mía, lo sé…Es culpa mía porque voy atrasada esta semana y os estoy a todos uno tras otro…Y claro, me pasa esto, llego a este post y a la mitad ( llegando a los pezones, para ser más exactos), me voy al final a ver quién lo escribe porque es que son las cuatro y pico de la tarde y no son horas …jajajajajaja
    Ahora sin bromas, Magnífico del principio al final, perfectamente descritos los sentimientos, la pasión, el terror ( Con vellos de punta a lo largo de toda la lectura incluidos)…He disfrutado enormemente leyéndolo.
    Pero por favor, la próxima vez que vayas a contarnos algo así o a incluir la palabra pezones en tu entrada podrías avisarlo al principio del post para estar preparada?…jajajajaja
    Creo que es una de tus entradas que más me ha gustado.
    Un beso enorme.

  13. Mariposa:
    ¿Quieres que volvamos al sistema de rombos de la TV? así a lo mejor puedes elegir la hora…
    JA JA JA JA JA

    De todas formas con tus horarios, cualquiera acierta.

    Muchas gracias y otro beso enorme para ti

  14. Ya he comentado que, por falta de tiempo, estoy leyendo y comentando a todos en este momento. Siento llegar tarde.
    Estupendo relato y, como ya sabrás, eso de dejar la intriga hasta el final a mí, personalmente, sabes que me gusta. Me ha gustado como lo has escrito y de qué forma has mezclado unos sentimientos ¡que ya quisiera estar yo en ese momento en la piel del personaje! pues…. ¿que somos nosotros? sino sentimientos rodeados de carne.
    El erotismo lo justo…. diga lo que diga “mariposa” jajaja (Es broma)
    Un abrazo, ciudadano. ¡A ver que leches escribo yo ahora!

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