Archivo mensual: noviembre 2009

El Negocio

Por Sara

Tengo que confesarlo.

Ayer estaba tranquilamente en mi casa viendo el fútbol, cuando llamó al timbre. Se identificó como ‘comercial’, algo que ya me mosqueó pensando que los domingos éstos no trabajan. Y menos una tarde de domingo Barça-Madrid. Para atajar posibles malentendidos, me apresuré a decirle que a mí también me afectaba la crisis y no estaba interesada en comprar nada. De piedra me quedé cuando respondió que lo que él hacía en realidad no era vender, sino comprar. O, mejor dicho. negociar.

La curiosidad mató al gato, y en cada una de sus seis siguientes vidas, la curiosidad lo volvió a matar. Aún a riesgo de convertirme en el dichoso gato, ¡a la mierda el fútbol! invité al extraño a pasar y tomar asiento en mi sofá. Su aspecto no era especialmente llamativo, vestía un traje oscuro con corbata roja y se cubría del frío con una gabardina negra. En lugar del típico maletín que os podíais imaginar, mi improvisado invitado llevaba una carpeta llena de papeles.

Como si del genio de la lámpara se tratara, me pidió que formulara 3 deseos. Un traslado en el tiempo y en el espacio, reunir a TODOS mis seres queridos, los que están y los que ya no están, y eliminar el dolor. El comercial sacó unos documentos y me dijo que con una firma tendría todo lo que había pedido. Y como bien había asegurado al principio, no se trataba de una venta, sino de un pago por algo que yo tenía y él quería. Sólo pretendía una cosa: mi alma.

Observé el papel con actitud escéptica, era un contrato extraño, pero aparentemente inofensivo. El texto rezaba que el hombre compraba mi alma a cambio de mis 3 deseos. ¿Qué tenía yo que perder? Eso del alma es algo intangible, abstracto y utópico. Nada más que una palabra. Vale, firmo.

A continuación de mi rúbrica, el negociante estampó un sello y escribió su nombre. Se guardó el documento original y me dio la copia, que me dejó blanca al leer su identificación como Lucifer.

Yo confieso que no sé muy bien dónde estoy. Confieso también que no sé cuándo estoy. Que tengo la mejor compañía del mundo. Que ha desaparecido cualquier rastro de dolor. Yo confieso que he vendido mi alma al diablo, y que soy feliz.

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Yo confieso.

Yo confieso que llevo una temporada en la que no estoy nada inspirado para escribir.

¿Será el trabajo  que ocupa casi todo el tiempo del día y que me deja hecho polvo, y que solo me apetece estar con mi familia cuando llego a casa?.

¿Será este tiempo de mierda que estamos sufriendo por estas latitudes y que nos deja la moral por los suelos?.

¿Será que esto de escribir en un blog ha llegado a un punto en el que me cuesta idear algo decente que ofreceros?.

¿Será que no estoy a la altura de los integrantes del bloguercedario?.

No lo sé.

La verdad es que no quiero dejar esto de escribir por que creo que me enriquece, no solo por pensar e imaginarme post, sino por leeros a vosotros también, que me servis de ejemplo. Aquí hay gente fantástica e increíble que escribe maravillosamente, y es todo un honor pertenecer a este club tan selecto.

Igual es una etapa de esas por la que pasa mucha gente, no sabes a que se debe a ciencia cierta, pero está ahí.

Yo confieso que eso es lo que me pasa, por eso ultimamente no me salen muchas ideas.

Espero que solo sea una etapa y se pase pronto.

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Adaptaciones, películas y versiones extendidas

Una de las muy honrosas excepciones a ese dicho popular que dice “libro bueno, peli insufrible y viceversa” (me lo acabo de sacar de la manga, o de los dedos, mejor dicho), es la trilogía “El Señor de los Anillos”.

Sufriré, con dignidad y entereza que alguien levante la cejita y me diga que soy una friki, pero hay tantos mundos en ese mundo!!, tantas aventuras!!, tantas reflexiones!!, tantas….!!!…bueno, en fin, abreviando: que me gustó mucho el libro. Y sí, respecto a JRR Tolkien, era una auténtica gafapasta. Me leí todo lo que cayó en mis manos; El granjero de Ham, El Silmarillion, Los cuentos inconclusos, El hobbit… y lo peor, no los leí una vez, no, los leí cada vez que tenía la sensación de que todo en el mundo real se estaba volviendo demasiado gris.

A lo que voy, que me disperso… y esto es un post de cine. Cuando me enteré que iban a rodar la trilogía, la verdad es que me sentó como un tiro. Ya se habían hecho unos intentos anteriormente, en particular recuerdo uno abominable en que mezclaban dibujos y personas reales, y temía que fuesen a mancillar mis imágenes de La Tierra Media, de los dominios de Sauron, o del bosque de Tom Bombadil, y que pusieran otras caras y otras ropas a Frodo, a Golum, a Elrond, al Montaraz, a Eowin, a Gandalf, a Legolas, a Galadriel.

Estrenaron la primera película: “La Comunidad del Anillo“. Y allá que me fui, cargada de malos presagios, y sintiéndome infiel a la edición de Minotauro que tantas veces había tenido entre mis manos. Pero, empezó la proyección; y allí estaba la Tierra Media, exactamente igual como la había imaginado, los hobbit eran tal cual, los elfos eran etéreos y hermosos, los poderes del anillo así de absorbentes, y efectivamente la raza de los Hombres, con Aragorn al frente, eran los más amargos y desangelados, en ese mundo imaginario. Salí tan feliz, pero tan feliz, que habría podido pasarme otras tres horas volviéndola a ver. ¡¡ Que gran momento !! , supongo que para un cinéfilo eso es el cine, salir tocado, y no simplemente haber ido a dejar pasar unas horas comiendo palomitas.

Vi las dos siguientes entregas. Me siguieron gustando mucho. Pedí a los Reyes Magos que me regalaran la edición extendida del DVD cuando saliera. Y conservo la reproducción de los Argonaths, esas estatuas enormes que guardaban un paso y que representaban a los reyes antiguos. Y reconozco, que en mi caso y pese a ausencias notables, esas películas conservan el mismo espíritu  del libro.

Reconozco que fue un privilegio sentirse dentro de la película, comprenderla, ser partícipe, sabedor de futuros y sorprendido mirón de los paisajes imaginados y que resultan existir. Si, definitivamente el cine, a veces, es PURA MAGIA.

 

 

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Puzzle cinematográfico

Se dice que el cine es un pasatiempo. De hecho si tomamos un periódico podremos leer la cartelera muy cerca de las páginas del horóscopo, el tiempo, los números de la lotería y del crucigrama.

Esto, que es como un tabloide pero en plan digital, no podía ser menos. Así que, esta vez, en vez de un relato que parece que no tiene aceptación popular –aunque sea restringida- os propongo el siguiente puzzle cinematográfico.

Estas son las frases:

1.- Volveré.

2.- De todos los bares de ginebra de todas las ciudades del mundo, va y entra en el mio.

3.-  Todos nos volvemos locos alguna vez

4.- Cuando un hombre atisva su fin quiere saber que su vida ha tenido algún sentido

5.-  ¡Soy el rey del mundo!

6.- Al fin y al cabo, mañana será otro día.

7.-  Voy a hacerle una oferta que no podrá rechazar.

8.-  Mi mamá dice que la vida es como una caja de bombones, nunca sabes qué te va a tocar.

9.- El amor significa nunca tener que decir que lo sientes.

10.-  Hakuna matata.

Estas son las películas:

1.- Lo que el viento se llevó

2.- El rey León

3.- Terminator

4.- El padrino

5.- Love Story

6.- Gladiator

7.- Casablanca

8.- Psicosis

9.- Titanic

10.- Forrest Gump

Ahora, el que quiera entretenerse lo completa; el que no quiera o no le interese se puede leer un relato, pero la próxima vez que no me pregunte: ¿Vamos al cine?

Mientras que llega la solución un deseo para todos: Salud, ciudadanos.

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Archivado bajo José Manuel Beltrán

El cine…

Teníamos nuestra juventud recién estrenada, muchas ganas de descubrirlo todo y descubrirnos y apenas un rato a la semana para hacerlo.

Nos veíamos cada día en el instituto y durante las interminables clases nos mandábamos notas de deseo y miradas lascivas que no hacían más que alimentar el fuego que nos ardia por dentro. En clase de Latín combatíamos el sopor que la voz del profesor declinando nos producía escribiéndonos deseos en trozos de papel que arrugados pasaban de unas manos a otras hasta llegar a su destino..Y el  rosa rosa rosae se transformaba en un ” No soporto la espera…” o un ” Te deseo tanto…” que escondíamos, yo en mi plumier de mariposas, y él en el bolsillo de su camisa.

Cada sábado a la hora acordada y donde siempre apagábamos con toda la fuerza de los diecialgo nuestras ganas contenidas durante toda una semana escondiéndonos en el cine. Nuestros padres, convencidos de que el cine no podría hacernos daño y supongo que admitiendo asolapadamente nuestras necesidades de compartir un rato a solas  nos daban cada sábado el permiso y la paga para escaparnos a ver algún estreno…Nunca vimos ninguno.

Palomitas y cola para dos y para hacerlo más creíble a los ojos de todos…La película menos atractiva, la sala más vacía..Última fila. Un ritual que repetíamos entregados de principio a fin como el mejor guión de cine perfectamente estudiado y ejecutado. Tan pronto como las luces se apagaban nosotros nos encendíamos y nos olvidábamos del mundo por hora y media amándonos todo lo que las butacas y el lugar nos permitian.

Han pasado muchos años desde aquello y sin embargo aun nos nace una sonrisa cuando alguno de nuestros hijos nos pide dinero para ir al cine y se cruzan nuestras miradas en la cocina.

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El regreso de “7 novias para 7 hermanos”

Una noticia realmente reciente y para nada extraña teniendo en cuenta que en la industria del cine, ante la excasez de ideas originales, hay una tendencia cada vez más creciente a reversionar antiguos éxitos cinematográficos.

En esta ocasión le toca turno a la antiquísima “7 novias para 7 hermanos” dirigida en su momento por Stanley Donen y protagonizada, entre otros, por Howard Keel, Jane Powell, Jeff Richards, Tommy Rall, y Russ Tamblyn.

Lo que más está dando que hablar de dicho proyecto es la decisión de la productora, Metro Goldwyn Mayer, de apostar por actores totalmente desconocidos en los papeles protagonistas. Así que nos encontraremos en el papel de hermanos a Gorio, Aspective, Codeblue, Lino, Cuahtemoc, Beltrán y Lustorgan, a quienes darán la réplica como novias, Sara, Dani, Molinos, Sandra, Efecto Mariposa, Xinax y Sonvak.

Por lo que se ha podido saber, éstes nóveles actores y actrices están poniendo todo de su parte para hacer de este remake otro film que enriquezca la historia del cine. Desde luego, no queda más remedio que esperar al estreno de la película para juzgar si estarán a la altura en dotes como bailarines, cantantes y actores.

En todo caso, nos mantendremos pendientes de las novedades al respecto y os iremos informando según se produzcan.

SONVAK

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Una película en tu corazón

Siempre recordaré aquel día. Visitando a través de internet la cartelera me decidí a comprar online las entradas para ver la película que días atrás me había recomendado una amiga. Llevaba tiempo queriendo ir, pero nunca encontraba el momento propicio. No tenía tiempo, no me encontraba con ganas, varias eran las excusas, pero aquella tarde del Domingo, y con esa leve sensación de resaca de haber salido el viernes y el sábado, sentía que me encontraba emocionalmente sensible y que me apetecía motivar las sensaciones y sentimientos que navegaban en mi cabeza.

Llegué a los multicines, por suerte la película no era una gran producción y no había gran interés, por lo que no corría el riesgo de ir a parar a una sala llena de adolescentes chillando. La sala era la número 8, una sala “de segunda” tenía el mismo equipo y pantalla que el resto pero con menor aforo, es lo bueno de los multicines actuales, no son como cuando un cine antiguo se reforma y crea varias salas, que en alguna la pantalla es más vertical que horizontal, aunque poco a poco van desapareciendo por suerte.

Antes de entrar el típico ritual, acudo a la maquinita para coger mi entrada, es lo que se hace cuando las compras online, te evitas colas y el recargo vale la pena. Después avanzo hacia la barra del bar para coger mis palomitas y mi refresco de naranja. Sólo el olor de las palomitas recién hecho ya me hace sentir en situación y bajo emocionado las escaleras que conducen a la sala 8.

Me encanta esa sensación cuando apartas la cortina, y la luz se convierte en oscuridad, y tienes que aguardar unos segundos antes de dar el siguiente paso, pues se ve perfectamente negro.

Con la ayuda de una publicidad con fondo más claro en la pantalla busco mi fila y posteriormente mi butaca. Son más cómodas que antes, yo mido 1,90 y es importante para mi que haya una separación legal y correcta entre los asientos. El tapizado aterciopelado y como suele ser habitual tiene en los apoyabrazos un accesorio para colocar el refresco. Ya estoy sentado y acomodado y el típico anuncio de apaga tu móvil actúa como preámbulo al inicio de la película.

La pantalla se vuelve oscura, y desde el centro expandiéndose una imagen en círculo aparece de repente el protagonista de la película, subido a un bus y con la canción de Neil Diamond de fondo. Qué principio más prometedor, la primera palomita y el primer trago ya han quedado atrás, todo indica que ya estoy en ese viaje imaginario e ilusionante que te proporciona una buena película.

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Actores, actrices y otros transmisores de sentimientos

  Cierto es que sobre películas cada uno tiene su gusto y aunque nos guste un genero, puede que dentro del mismo haya películas que no nos gusten y en cambio le encanten a otros. También es cierto que el cine puede variar de un país a otro, de una cultura a otra, y de hecho así es, pero hay algo que nunca cambia, la capacidad de transmitir. Cuando alguien no transmite lo que se demanda del personaje esta claro que no ha logrado una gran interpretación, la prueba evidente de esta finalidad la tenemos en que todos los actores coinciden en señalar el teatro como el medio apropiado para representar y actuar, precisamente por su capacidad de transmitir y conectar con el público. Partiendo de esa base la perfección interpretativa, para mi, esta en creerte lo que ves, o sea que no seas capaz de imaginarte a ese actor interpretando otro papel. Pero el buen actor siempre te sorprende con otra gran interpretación y te vuelve a pasar lo mismo, no te lo imaginas en otro papel y así sucesivamente, sin ninguna duda estamos ante un gran transmisor de sentimientos.

 Ahora podría detallaros decenas de actores que para mi lo son y decenas de otros que dicen llamarse actores pero que para mi no lo son, también podría enumerar una gran lista de mis películas o géneros favoritos, pero no lo haré.

 En lugar de esto he preferido incluir un video, por primera vez, porque creo que “transmite” perfectamente lo que entiendo yo por un artista, en este caso no es cine pero es arte en estado puro y creo que merece la pena.

 Esta joven nacida en 1985 en Ucrania es un ejemplo de lo que el ser humano puede hacer con su talento en medio de una gran crisis. Ella perdió su negocio en un colapso crediticio y sin embargo, meses más tarde participó en el concurso Ukraine’s Got Talent (2009). Resultó ganadora en primer lugar con 125.000 dólares en su mano y su arte en la arena ya lleva en You Tube más de 7 millones de visitas. Aquí la se la ve construyendo una animación acerca de la vida en la Unión Soviética durante la Gran Guerra Patriótica contra el Tercer Reich en la Segunda Guerra Mundial.

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Películas, actores y Hollywood

He crecido con el cine. Al igual que a otros, cuando eran niños, les contaban cuentos o les leían libros, a mí me contaban películas.  Mi madre, una gran cinéfila que pilló de estreno la mejor época del Star System de Hollywood, cuando es este país el cine, el fútbol, o la era, constituían las únicas alternativas de diversión posibles, me relataba, con gran precisión de detalles, todas aquellas películas con las que había pasado tardes de ensueño en la butaca de un cine. También vio a Di Stefano, pero a mí me aburre el fútbol y de la era, afortunadamente, no me ha contado nada.

Crecí, desde que tengo memoria, rodeado de los grandes aventureros y románticos de todas las épocas y mucho antes de que la televisión me los mostrara. Sentado en el suelo de la cocina escuchaba absorto, totalmente embelesado, mientras mi madre andaba trajinando entre cacharros,  como Errol Flynn robaba a los ricos para dárselo a los pobres en el Bosque de Sherwood, Johnny Weissmüller lanzaba su grito inimitable acudiendo en auxilio de Maureen O’Sullivan, raptada por algunos desaprensivos, o Vivien Leigh ponía a dios por testigo de su famoso juramento frente a Tara.

En aquella cocina, en aquel suelo, transcurrieron unas tardes inolvidables. Viví aventuras magníficas, convirtiéndome, por supuesto, en protagonista de todas ellas, pasé  ratos inquietantes y me tronché de risa, pues todos los géneros eran favoritos de esa mujer que, siempre presumiendo de mala memoria, podía emplear una tarde entera en contarte una película de noventa minutos. Cuando, tiempo después, la “echaban” en la televisión, no solo la había visto ya, sino que todos y cada una de las escenas, de los detalles, estaban perfectamente grabados en mi mente.

Es curioso, no conocí a Caperucita, ni a El Gato con Botas ni a los otros clásicos hasta bastante después, pero Taras Bulba, Rebeca, La costilla de Adán, Scaramouche, Casablanca, El terremoto de San Francisco, Murieron con las botas puestas, Solo ante el peligro, Beau Geste  y tantas y tantas otras fantásticas películas compusieron mis sueños de niño. Pirata, Espadachín, Pistolero, Aventurero, fueron vocaciones que alternaba según la película que tocara. Por supuesto, si moría heroicamente en la aventura, como a veces les ocurría a los buenos, pocas veces, yo quería un funeral vikingo, que molaba un montón. Lo sabía gracias a Gary Cooper en Beau Geste y a Kirk Douglas en Los Vikingos. Eso era lo más: mientras la chica te lloraba en la orilla, la barca con el cuerpo del héroe se alejaba y finalmente cientos de flechas ardientes la incendiaban, mientras la banda sonora alcanzaba su clímax. La leche, vamos.

En aquella época, y gracias a Hollywood, las cosas estaban muy claras y no había lugar a medias tintas. Los indios, los alemanes, los rusos y los japoneses, eran malos. Siempre. Bueno, menos Cochise (“Flecha Rota”) que era una rara excepción inexplicable. Los bárbaros, también malos. Y los romanos, pues dependía del color de la capa. Roja, malos; blanca, buenos. Estaba claro. Como aún no había llegado Sidney Poitier, los negros si no eran esclavos, o el mejor amigo del bueno, eran ladrones. Y los mejicanos siempre eran unos misérrimos labradores, vestidos de blanco, con el sucio sombrero de paja estrujado entre las manos y acojonados. Los buenos eran guapos y los malos, feos. La “chica” era preciosa y tenía cara angelical y la “mala” iba siempre súper peripuesta y muy pintarrajeada. Evidentemente de todo ello se podían sacar grandes enseñanzas morales, con las que nos alimentaban a todos.

Por supuesto, mi madre no sabía inglés. Y lógicamente los actores conservaban su nombre, pero castellanizado convenientemente. Todavía me suena raro oír “Clark Gueibol” en lugar del más original y genuino Clar G.a.b.l.e, o el  rarísimo Spencer Tracy en vez del normal Espencer Traci. Supongo que cuando los americanos se dieron cuenta de que estábamos en el mapa y vinieron a vendernos sus cursos de inglés, cambiaron el nombre de todos los actores: Antoni Kin, Yoni Beismuler, Kir Duglas, Tirone Pover y demás elenco, se rebautizaron a unos nombres impronunciables y anglosajones. Pero me gustaba más, me gusta más, oir la pronunciación original made in spain de la época. Parecían más nuestros.

Hay docenas de películas  que se me vienen, a borbotones, a la memoria. Casi todas en blanco y negro, que mi imaginación coloreaba en el más puro Technicolor ©. El cine, desde entonces, es uno de mis pasatiempos favoritos y pese a la mula, y los vecinos de butaca coñazos,  voy cuando puedo. Pero no es lo mismo. Algo le falta, que las películas que ya no me conmueven ni me hacen soñar como entonces. Será el suelo de la cocina, la mala memoria de mi madre, o la vívida imaginación del niño que fui. Será. Pero no es lo mismo.

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El cine

Es, está bien, una forma de entretenimiento. Una fuente de trabajo. Una inversión, y una diversión. Una actividad para hacer en familia, con amigos, en pareja. El cine une. Pero también unifica, y sobre esto quiero hablar.

El cine es algo más que algo que hacer una tarde lluviosa o un domingo de invierno o la noche de un sábado luego de cenar. Es, como cualquier otro medio masivo, un sistema que, de usarse de la manera conveniente, puede ser tanto una herramienta como un arma.

El cine exporta cultura, masifica, homogeiniza, incrusta mensajes en el cerebro. Hay películas con moraleja, y películas con mensajes subliminales que se nos clavan en alguna parte de la mente como se clava una nota con un alfiler sobre una lámina de corcho. Y en la mente no hay viento que vuele las notas: es difícil sacarlas de ahí si se carece de experiencia y de pensamiento crítico.

Como la televisión, la radio o Internet, el cine tiene razones de ser. Misiones. Estas pueden ser didácticas, catárticas, moralizadoras… Igual que las tragedias y las comedias griegas de los tiempos antes de que la historia se dividiera en dos. (La originalidad es muy rara de encontrar en estos tiempos).

El tema es cuando la misión es tan inteligentemente tramada que ni siquiera nos damos cuenta: cuando se busca unificar todo bajo una sola cultura, exportar costumbres, tradiciones, palabras, ways of life, y no lo notamos…

Bueno, o eso era antes. Ahora, las misiones se hacen tan evidentes que dan asco.

C’mon yankees. Al menos, disimulen, porque mientras nuestras desgraciadas exportaciones de commodities siguen bajando, la importación de vida cada vez viene más cara y de peor calidad.

¡Limítense a las comedias románticas!

DANIELA

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