Perdiendo la inocencia…

Sentadas en una esquina del patio del colegio, dos niñas charlaban concentradas, sin ser conscientes del bullicio que las rodeaba. Sus rostros reflejaban auténtica seriedad y preocupación.

-¿Estás segura? -le preguntó María a Laura.

-Sí, me lo dijo Víctor y él no suele mentir.

María se quedó mirando pensativa al frente, viendo sin ver como los demás niños jugaban a su alrededor.

-Vamos a tener que comprobarlo… -dijo María tras el momento de meditación sobre la revelación que le había hecho su amiga.

-Sí… -la voz de Laura reflejaba tristeza. Ambas se sentían tristes ante la idea de comprobar que lo que había dichoVíctor pudiese ser cierto.

*  *  *

Ese mediodía, mientras comía, María observaba con atención a sus padres. Confiaba en ellos. Los quería. Sabía que la querían. Le resultaba imposible creer que pudiesen estar mintiéndole. Se preguntaba a si misma cómo haría para descubrir la verdad… Bueno, sabía lo que tenía que hacer, pero no sabía cómo encontrar el momento para hacerlo sin que ellos la pillasen. Tendría que tener paciencia, y eso era algo realmente difícil.

Después de la comida su padre se marchó a trabajar y su madre se puso a limpiar la cocina. Pensó que aquel podía ser un buen momento… pero le daba miedo. Pasó repetidamente por delante de la puerta de la habitación de sus padres sin atreverse a entrar. Miraba al interior de aquella habitación como si fuese un santuario que su presencia profanaría. Siempre le había parecido una habitación llena de secretos por descubrir, y ahora todavía se lo parecía más.

Cuando acabó de limpiar la cocina, su madre se tumbó en el sofá y María se quedó pendiente, con el corazón en vilo, esperando a que se quedase dormida. Estaba muy nerviosa.

En el momento que se sintió segura del dormir de su madre, se levantó con sigilio y se dirigió a la habitación. Entró sintiendo que aquella habitación la imponía más que nunca y se preguntó por dónde empezar. Estaba claro que había lugares en los que no podría investigar pues quedaban fuera de su alcance.

Primero miró debajo de la cama… sin resultados, lo cual en cierta manera le hizo sentir alivio. Después se volvió hacia el armario y se quedó mirándolo con seriedad. Miró hacia la puerta escuchando con atención antes de abrir con cuidado las puertas del armario. Se puso de puntillas y estiró al máximo su cuerpo para intentar espiar en la parte más alta del armario. No vió nada sospechoso. En los estantes tampoco. Se agachó para investigar por el suelo del armario… y entonces su corazón dió un vuelco. Apenas había sido un destello, pero estaba segura de haber visto algo. Apartó con cuidado lo que estaba por delante, intentado no hacer ruido alguno, y entonces lo vió. Su corazón ya no podía latir más rápido. Era un paquete de regalo envuelto en un papel rojo lleno de estrellas plateadas. No conocía su contenido, pero en aquel momento para ella aquel regalo contenía el posible final de una gran ilusión. Con celeridad lo volvió a esconder y se retiró a su habitación para reflexionar sobre su descubrimiento. Al final llegó a la conclusión de que lo mejor era esperar.

*  *  *

Había llegado el momento de la verdad. Esa noche le había costado y mucho quedarse dormida pero la mañana ya había llegado y el árbol de navidad esperaba. Se dirigió hacia él despacio, con la respiración contenida. Había muchos regalos, pero ella solo estaba pendiente de uno, aquel que no tardó en aparecer ante sus ojos. Se sentó en el suelo, mirando aquella prueba irrefuctable y se sintió triste. Se sintió profundamente estafada: los Reyes Magos no existían… La magia había desaparecido. Los ojos se le llenaron de lágrimas.

 

SONVAK

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5 comentarios

Archivado bajo Sonvak_

5 Respuestas a “Perdiendo la inocencia…

  1. Hasta que no llegué a lo del regalo, creí que estabas hablando de otra cosa. Pensé que estaba buscando algo relaccionado con el sexo. ¡¡jajajajajaja!!.

    A mi también me pasó lo mismo de pequeño, cuando encontré los juguetes en el armario.

    Magnífico post, me ha gustado mucho.

    Besos MCA.

  2. Ohhhhhhhhhhh…jejejej
    Qué bonito nos lo has contado…Por un momento he vuelto a sentir el sentimiento de tristeza y decepción de cuando me enteré…Muy lindo Sonvak, me ha gustado mucho.
    Un beso muy gordo.

  3. Cuando yo me enteré de la personalidad oculta de los RR.MM. sufrí una gran decepción, porque, efectivamente, se acababa la magia. Debo reconocer que era muy inocente pues tenía 10 años y no me había enterado de nada. Creo que no me he espabilado mucho desde entonces.

    Pero peor ha sido cuando se lo he tenido que contar, o confirmar a mis hijas mayores. Romper tú la magia, aunque sea porque lo tienes que hacer es fatal, se te parte algo por dentro y sabes que parte de la inocencia se esfuma con ello.

    Realmente ese día es el comienzo del fin de la magia.

  4. La ilusión puede llegar a ser tan grande en un niño que a veces y aun con pruebas demostrables siguen creyendo. Es fascinante!!!

  5. Sí, estoy de acuerdo con Sito. Recuerdo que cuando mi mejor amiga me afirmaba que no, que los Reyes Magos efectivamente no existían, que su hermano se lo había dicho, yo no quería creerle. Tal vez en el fondo sabía que tenía razón, pero la mente de un niño es poderosamente creativa y puede llegar a creer casi cualquier cosa.
    Es mágico ser así de inocente, ¿no? Cuando eres niño, es fácil tener fe.

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