Acostada en mi cama…

Estoy acostada en mi cama y por la ventana puedo ver el cielo azul.

Mi mente suele navegar por el pasado, por aquellos días felices que han quedado atrás y que son ya tan lejanos, tanto que a veces me pregunto si alguna vez existieron.

Hay un día, un día en particular, que marcó un antes y un después en mi vida; un antes y un después tan diferentes como diferentes pueden ser el cielo y el infierno.

Aquel día me levanté feliz, pues mi boda ya estaba a la vuelta de la esquina. Me fuí a trabajar caminando, como siempre, pues mi trabajo no quedaba demasiado lejos de casa. Había una espesa niebla, pero no se me pasó por la cabeza que aquello pudiese resultar peligroso para mi. Era una carretera estrecha, llena de curvas, que discurría por medio de montes y campos… y aquel coche no me vió. Arrasó conmigo…

Quedé sumida en un coma profundo del que mi madre y mi novio rezaban que despertase. Deseaban que yo no muriese. Y desperté, desperté para encontrarme “atada” a una cama, desperté para encontrarme con que ni tan siquiera podía hablar… Mi mandíbula necesitaba de diversas operaciones para poder balbucear algún sonido. Yo estaba totalmente rota y por mucho que intentasen hacer por mi siempre sería demasiado poco.

El tiempo poco a poco fue borrando cada huella de aquel pasado feliz, llevándose a aquellos que habían formado parte de él, para que continuasen con sus vidas, mientras yo me quedaba parada en la mía. Mi novio, mi adorado novio, no tardó mucho en rehacer su vida con otra mujer. Mis amigas al principio me visitaban a menudo, después esas visitas se fueron espaciando en el tiempo… A veces pienso que venir a visitarme las hacía sentirse mal, quizá culpables por su fortuna y mi falta de ella…

La única que permanece fiel, mi madre. Su sonrisa. Su cariño. Ya han pasado 20 años, 20 años que pesan sobre sus hombros… Veinte años de atenderme contínuamente sin perder nunca la sonrisa. Su dedicación es completa. Quizá yo soy su reto. Yo no dejo de preguntarme qué será de mi el día que ella falte… Me gustaría ser yo la primera en abandonar este mundo, pero por mi misma no puedo quitarme la vida… esta dichosa inmovilidad me lo impide.

Quizá mi reto sea encontrar la forma de suicidarme, teniendo en cuenta que no puedo moverme y por poder ni tan siquiera puedo expresarme, apenas algún que otro balbuceo que la mayoría de las veces entienden mal.

Estoy acostada en mi cama y por la ventana puedo ver el cielo azul…

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8 comentarios

Archivado bajo Sonvak_

8 Respuestas a “Acostada en mi cama…

  1. El texto, magnífico, como cabe esperar siempre de ti.
    El contenido, de pesadilla. Provoca angustia solo con leerlo, sin necesidad de imaginar nada más allá de lo que escribes. Una muerte en vida, la crueldad del destino llevada al límite. Algo que la mente se niega a representarse, se rebela, lo rechaza, porque está más allá de lo que se puede imaginar, más allá de lo que llamamos vida.
    Gran escrito, Sonvak, pero me has dejado chafado para comenzar este viernes…
    ¡¡Que angustia!!
    Y que gran maestra eres…

  2. Joder, que mal rollo por la mañana.

    Un texto genial, la vida es así nunca sabes lo que hay en el segundo siguiente, por un lado tiene gracia y por otro da pánico.

  3. Un mal trago para esta mañana de viernes, el texto muy bueno, pero me han venido a la cabeza más cosas malas de las que ya tenía hoy.

    ¿Es un caso real?

    Besos

    Sandra

  4. Una historia muy triste y sobrecojedora.

    Me he quedado helado al leerla. Parece tan real, como la vida misma.

    Excelente.

    Besos MCA.

  5. Sí, bastante amargo…Pero el detalle sobre la madre le da un toque distinto. Una gota dulce mezclada en un limón. Amor incondicional. Es precioso.

  6. Muy bueno Sonvak, y tan real como la vida misma…
    La vida puede cambiarnos en dos segundos y para siempre…Da miedito, pero es así.
    Un beso gordo.

  7. Precioso, querida Sonvak.
    Muy bien narrado y ahondando en el dramatismo que conllevan esos dos personajes principales. Madre e hija con retos diferentes. El reto de la madre es su propia hija; el de la hija nos lleva a la eutanasia. Y tú lo has tratado, creo en parte, con especial delicadeza.
    Un besazo, ciudadana.

  8. Muchas gracias por vuestros comentarios… En respuesta a Sandra, si, este es un caso real, yo conozco a la persona, aunque no sé lo que pueda pasar por su cabeza… Solo he intentado ponerme en su lugar, cosa imposible pues una situación así debe ser mucho peor de lo que mi imaginación me dice.

    Besos a tod@s!

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