¡Salta!

De frente a un abismo, así me siento a veces. Quieta, sola. El sonido de un viento arruinado y caliente se confunde con el de mi respiración acompasada, trabajosa;  ese viento levanta tierra,  hace que me lloren los ojos, que se me seque la piel más rápido de lo que me gustaría.

Alrededor no hay nada más que tierra. Atrás, hay un colorido que deslumbra; hay verde y rojo a montones, hay brillantes azules y amarillos, también, de cuando en cuando, suaves tonos pasteles o apagadas sepias, y hasta sorprendentemente breves monocromáticos. Pero no puedo tocarlos: hay un vidrio, una ventana, que me separa de los viejos colores que me llenaban de vida y me inundaban de ganas y de lágrimas… Ahora, la tierra seca y el viento que la levanta me ponen nerviosa. Miro con nostalgia a la ventana y creo ver una pequeña rendija. Quizás podría abrirla. Pero al querer hacerlo, algo me detiene: no algo que viene de afuera, del viento o de los colores o de la tierra; no, más bien, algo que viene de muy adentro.

Me vuelvo hacia el abismo. Es todo un reto, decidirse a saltar. No hay arnés, ni cuerdas de seguridad, ni siquiera un mísero casco. No hay garantías de que al caer no me destrozaré la cara contra las rocas de una saliente, o  no terminaré ahogada en un torrentoso río, porque el fondo del abismo permanece oscuro, incierto, temible. Y un poco seductor.

Suspiro, resignada. Puedo saltar, o quedarme en esa espera infinita, entre el pasado y lo incierto, entre lo conocido y lo prometedor, mientras la tierra se me pega en la cara y me impide respirar cómodamente. Doy un paso adelante.

Aquella vieja canción de La Trampa se me viene a la mente, y comienzo a tararear bajito, para que el viento no me escuche:

“La mala suerte no es verdad

Caída libre

Y el peso de mi libertad

Sin decidirme…

Miré al vacío y me entregué

Busqué la gloria y no encontré

Cerré los ojos y temblé

Y en esa suerte me enterré”

Cierro los puños, buscando en vano un coraje inexistente (o muy bien escondido). Y me rindo.

Abro los brazos, como si quisiera volar. Prefiero el salto que esperar a decidirme.

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8 comentarios

Archivado bajo Daniela_

8 Respuestas a “¡Salta!

  1. Daniela, fírmame, por favor, algunos autógrafos para que cuando seas famosa los pueda vender por una pasta gansa.

    Porque no tengo dudas de que con tu talento, y con toda la vida por delante (menos la que ya llevas por detrás) vas a llegar muy lejos. Mucho. en cuanto te decidas.

    Bonito, terrible, post. Como siempre magnífico.
    Un abrazo

  2. Gracias, como siempre gracias 🙂
    Prometo saltar en cuanto sea el momento.

  3. El texto magnífico y la elección musical de un grupo que tb me gusta. Excelente Dani!!

  4. Conocías La Trampa, de verdad?
    Mirá

  5. Me encantó lo que escribiste, lo he leído varias veces porque me supo a poco por lo bueno y lo expresivo…Yo me he sentido así a veces y siempre preferí el salto…Me gustó mucho hasta como lo terminaste.
    Un beso gordo.

  6. Gracias EM 🙂 Creo que todos nos hemos sentido así alguna vez, a no ser que seamos robots, o que llevemos una vida tan aburrida y monótona que se desarrolle en una llanura constante…
    Beso!

  7. Claro que conocía La Trampa, un grupo musical de mis tiempos, je, jajajajajajaja

  8. Me ha gustado mucho…

    Describes los sentimientos muy bien.

    Besos.

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