El hombre de la discoteca

Después de tantos años no estoy seguro de si existió o es producto de la imaginación de la gente. No que va!!!, qué digo!!!, claro que existió, si en realidad estoy seguro y me acuerdo perfectamente de él. Su nombre era Castillo, era un tipo muy especial. Era conocido en toda La Coruña y frecuentaba los lugares de moda. Tanto por la tarde como por las noches se dejaba ver en las discotecas más punteras, en los pubs de moda  e incluso en la calle de los vinos haciendo una activa vida social. Lo alucinante de Castillo es que era subnormal, y no lo digo como un insulto, sino como una enfermedad o una limitación psíquica. Sí, era retrasado mental. Y no hacía falta fijarse para darse cuenta. Su forma de vestir, su forma de actuar, su mirada, su rostro, todo indicaba que Castillo padecía un retraso mental. Pero por una vez, la sociedad estaba como apiñada tras un persona, tras un nombre, tras un problema. Cualquiera que lo veía en éste o aquel local lo saludaba con cariño, a lo que Castillo siempre respondía con una sonrisa y un monosílabo cualquiera. Incluso las chicas bailaban con él con todo respeto para divertirse, CON ÉL. Sólo de vez en cuando algún tipo con unas copas de más intentaba vacilarlo o putearle, o conseguir unas risas gratuitas y maliciosas a su costa. Y entonces era cuando sucedía el milagro. Todo el entorno, toda la gente que estaba alrededor de Castillo cambiaba el gesto, hombres y mujeres, se asociaban con cara de crispación e intervenían con dureza hacia el tipo malicioso, le paraban los pies y exigían que lo echasen del local. Castillo estaba completamente arropado, no era listo ni normal, pero había conseguido despertar el cariño y la admiración de toda una ciudad. Y eso lo convertía en algo especial, en algo que recuerdo con admiración y respeto, y sobre todo con mucho cariño. Gracias por esos años Castillo!!!!

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10 comentarios

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10 Respuestas a “El hombre de la discoteca

  1. Primero habría que definir qué es lo que se considera ‘normal’. Porque yo miro a mi alrededor, y sinceramente, normalidad poca.
    Otra leyenda gallega 😉
    Un bico!

  2. Solo buscaba integración, ¿no?.

    Estoy de acuerdo con Sara.

    Un abrazo.

  3. Pues a mi me ha sabido a poco… ¿Qué ha sido de Castillo?… ¿No se volvió a saber nunca más de él?… ¿¿¿¿?????

  4. Por mi parte tengo una especial sensibilidad para ese tipo de personas, no me refiero a disminuidos psiquicos sino a cualquier persona en inferioridad. Y si hay algo que me emociona de verdad son historias como la tuya, nunca lloro por miedo o por pena y siempre lo hago por detalles como el que tenia la gente con Castillo. ¿Sabes una cosa? en mi vida hay me encontre con muchos Castillos y todos y cada uno de ellos me han enseñado algo. Sencillamente me encanto tu relato. Un abrazo

  5. Oleee, de siempre, si cabe por buscar controversia, he estado totalmente en contra de calificativos como: subnormal, disminuido físico,etc… porque lo único que hacen es fomentar mucho más la discriminación en nuestra sociedad.

    Yo soy un subnormal (sub=por debajo de lo normal, ¿y qué es lo normal?.

    Yo soy un disminuido… (menos que…. de qué) pues claro que soy un disminuido comparado con otros muchos, y si es físico, qué pasa? que no has estado escayolado nunca ¿o en ese momento no eras un disminuido físico? ¿alguien te faltó al respeto, se burló de tí?

    El relato estupendo, las reflexiones a las que induces mucho más.
    Un saludo, ciudadano.

  6. Yo también odio el término subnormal. Tal vez porque, si lo analizara, no me siento “normal” como para llamar a alguien subnormal, más bien al revés. Como sea, nunca lo uso.

    A pesar de ello, tu relato me ha recordado a una especie de “Castillo” que hay en mi ciudad. Nada más que acá es “El bizcocho”. No se cuántos años tendrá, pero parece que es el mismo desde que lo conozco (y no solo por su mentalidad). Nadie está seguro de de qué vive, cuál es su apellido o siquiera dónde duerme por las noches. Pero él está siempre en todos lados, listo para alegrar cualquier fiesta. No se preocupa por nada.
    Sobrenormal, diría yo 😉

  7. Sito, al fin sales tú mismo.
    Me ha gustado y mucho la entrada. Sobre todo, por favor, dime que sí que es verdad. Que no es un relato inventado o un deseo por cumplir. Dime que eso existe y así, a lo mejor, creeré un poquito más en la humanidad.
    Gracias

  8. Es absolutamente real, yo ponía música en la discoteca que más frecuentaba Castillo, y siempre le invitábamos a las consumiciones (refrescos) y la gente era increíble con él. Siempre que lo recuerdo esbozo una cariñosa sonrisa y todo el mundo de mi generación lo conoce en La Coruña. Bailaba dando pequeños saltitos y extendiendo los brazos dando palmas, y su rostro denotaba la más grandiosa de las felicidades al sentirse uno más o quizás más que eso, porque todo el mundo lo mimaba y acogía con mucho cariño. Sólo algún, y ahora sí, subnormal, se metía con él, y entonces era cuando en no más de 3 segundos se arrepentía al comprobar que estaba en la calle con un bofetón con la mano abierta por simpático. No he vuelto a saber nada de Castillo, pero siempre lo tendremos en el recuerdo y me ha encantado escribir el artículo recordándolo.

  9. Lo normal, en la mayoría de los casos es olvidado, por común, por no tener nada que haga que se nos quede en la memoria.
    Lo que se sale de lo normal permanece en nuestro recuerdo, para bien o para mal, en este caso para bien com hemos visto.
    Entrañable relato.

    Un beso gordo.

  10. Maria

    pues calculando edad…puede que este en primera linea de playa, o incluso en el piso de arriba, (en el sotano seguro que no…) y la verdad es que lo has contado tal cual.
    estoy segura de que aquellos años, en los que siempre estaba ahi, vivaz y simpatico, fue feliz. y ademas de daba cuenta de que entre tanta gente, habia amigos….que se alegraban de verlo, de verdad. Otros tantos, que no…que ni lo protegian, ni lo respetaban, haciendo gala de su capacidad de burla ante amigotes tan descerebrados como el atacante. Todos hemos sido testigos de esto tambien…
    Lo que ocurre es que entre la fauna que deambulabamos cada noche en aquella epoca, tampoco habia lumbreras como para llenar estantes…
    Se que no pretendes hacer justicia con estas lineas dedicadas ahora a Castillo, pero estoy segura o me gustaria pensar, que si te leyese….se sentiria orgulloso.
    un abrazo

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