Archivo diario: 24 agosto 2009

Aquí, aunque tiene más libertad no le quedan ganas de luchar

Ayer, saliendo del trabajo me encontré con una situación que me hizo reflexionar, sobre un tema que aquí, en Sevilla – Andalucía – España, es bastante grave.
Resulta que me dirigía a mi coche en silencio, ustedes saben, pensando un día mas cotizado, un día menos para la jubilación y todas esas cositas que pensamos los trabajadores por cuenta “muy” ajena. Cuando un grito rompió mi silencio, “¡Que yo también soy un ser humano, eh!”, era un “guardacoches” (el color o etnia es lo de menos, por lo menos para mi) dirigiéndose a dos albañiles (no es que sea adivino sino que el coche tenia rotulado “Reformas Manolito”) que salían de su vehiculo en dirección a una obra cercana. Los dos hombres corpulentos y acalorados, cuarenta y cinco grados a la sombra, ni siquiera le miraron y continuaron su camino, pensando me imagino en el trabajo que les quedaba por delante en su jornada de tarde o que se yo. Pero el guardacoches continuo, “¡Pues me voy a robar ahora mismo, eso es lo que queréis no, pues voy a robar!”, cogi mi coche y me marche a mi casa indignado.
Este era un guardacoches mas, de los miles que hay en mi ciudad, pero ha sido la gota que colmo el vaso en el que bebe mi paciencia. Guardacoches, ¿guardar de quien? lo único que tiene que hacer es no tocar mi coche y veras como no le pasa nada, es como si a un ladrón de bancos le llamásemos “guardabancos”. Quiero puntualizar que hablo exclusivamente de los espantapájaros que habitan mi preciosa y descuidada ciudad, no de los aparcacoches regulados por el ayuntamiento y contra los que no tengo nada, igual que no tengo nada contra los electricistas, fontaneros, etc ó los de mi misma profesión. Otra cosa es que les de dinero, porque hay algo que tengo muy claro, a mi nadie me regala nada y yo a una persona que no me presta ningún servicio y se limita a situarse delante de la puerta de mi vehiculo a esperar que salga para poner la mano, pues hagan ustedes lo que quieran pero yo no les doy ni un duro y que me partan el coche si pueden (porque querer querrán, claro). Esta gente no es capaz de ponerse en nuestro lugar y pensar que los demás también podemos tener problemas económicos o de cualquier otra índole, pero pretenden que nos pongamos nosotros en su lugar, claro como no, necesitan la dosis diaria para sus venas maltratadas.
Pero quiero diferenciar otra cosa, no es lo mismo el asqueroso que si no le das nada te deja vivir de milagro y se pega un buen rato desproticando sobre tu persona, en un idioma raro, una especie de lengua muerta que se dejo de utilizar en la Tierra hace millones de años, y otra cosa es el pobrecito, que se le nota que le da vergüenza incluso acercarse, porque tiene neuronas, no es un “drogadito” (como decía mi abuela que en paz descanse) y sabe que esta la cosa muy mala no solo para ellos, y lo principal sabe que no presta ningún servicio, simplemente pide, pero en este caso para comer. Lo mismo no es ni  foraneo, vino en busca de libertad y la verdad, aquí, aunque tiene más libertad no le quedan ganas de luchar.
Pues piensen ustedes lo que quieran, pero yo a estos últimos cuando he podido sí les he dado algo, lo que he podido, porque aunque ellos no lo sepan, a mi sí me han prestado un servicio, me obligan a darme cuenta, que somos unos privilegiados, por ejemplo solo por el hecho de escribir en un ordenador, que coño, solo por el hecho de saber escribir, y me obligan a sentir, que es algo muy escaso en nuestro día a día, incluso hay veces que hasta me obligan a sonreir, mas escaso todavía y por ultimo me ayudan a darme cuenta que a sus compañeros de profesión, los otros personajes de esta historia, no es que no quiera darles dinero, pero darles dinero para nada….

 

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Lo importante es el presente

POR C – 08SANDRA – ACTIVO

Lo importante es el presente, si se tiene presente, Margot tiene un pasado y no me refiero a un pasado oscuro, sino al pasado que tenemos todas las personas cuando vamos creciendo, era una trabajadora nata, una mujer con ilusiones, ambiciones y con ganas, muchas ganas de vivir. Su infancia fue normalita tirando a cutre, la mayor de 5 hermanos siempre le caían las culpas de lo que le pasaba a los más pequeños, tenía que cuidarlos, ayudar en casa, cuidar de su abuela enferma y un montón de cosas más que no eran típicas de su edad, la edad en que los niños/as deben jugar. Años más tarde Margot y porque el destino es caprichoso conoció a un chico, ella sólo tenía 12 años y él 14, pero como digo el destino es caprichoso y se hicieron inseparables y novios. Sus padres no aceptaron nunca esta relación y le hicieron la vida imposible, nada de salir, nada de playa, nada de nada. Los jóvenes tenían que hacer malabares para verse y robar minutos a algún recado que ella hacía para poder estar juntos.

Margot no entendía nada, pasaron los años y el amor de los jóvenes al contrario de ser una cosa pasajera se hizo más y más fuerte. Hasta que un día, el chico decidió hablar con su “suegro” y dejarle claro que se querían y que querían estar juntos por muy jóvenes que fueran. Lo padres a regañadientes admitieron la relación pero con condiciones tan estúpidas como “a las 10 en casa” “salidas con carabina” y todo tipo de artimañas para que Margot y su joven “novio” se aburrieran. Aunque ellos, lejos de aburrirse se hicieron fuertes, soportando todo tipo de imbecilidades que hoy día darían risa.
Los años pasaban y los jóvenes se hicieron mayores, tenían 23 y 25 años cuando por fin dieron “el sí quiero” por la iglesia por supuesto, para no dar disgustos a nadie. Los primeros años de casados pudieron disfrutar dentro de sus posibilidades de un poco más de libertad, pero sólo trabajaba él y tenían el dinero casi justo para gastos y poco para diversión. Pronto Margot, vio que no era eso lo que ella imaginaba, después de una infancia y adolescencia truncada por sus padres. Margot, al poco tiempo encontró trabajo, un trabajo que le gustaba, le apasionaba y sobre todo la hacía independiente, terminaron de amueblar la casa, se compraron algunos caprichos y viajaron que era lo que a ella le entusiasmaba, pero eso no duró mucho, por regulación de empleo ella perdió su trabajo y volvió a las 4 paredes de su casa a ejercer de ama de casa, fueron pasando los años y Margot no tenía trabajo, eso la hizo caer en una depresión crónica y a lamentarse de que la vida era muy injusta con ella. Su marido hacía todo lo posible por animarla y ayudarla, pero cuando una persona cae en eso se aísla de todo y de todos y muchas veces no se deja ayudar todo lo que debiera.

Libertad

Al cabo de un tiempo, los padres de ella, se vieron envueltos en un grave problema económico, recurriendo a sus hijos, todos menos Margot y su marido le dieron la espalda, le ayudaron y perdieron los pocos ahorros que tenían y siguieron ayudándole años y años hasta que lograron salir del inesperado golpe económico. Por posicionarse junto a sus padres la relación entre los hermanos y Margot se deterioró hasta el punto de no hablarse ninguno. Margot se encontró más sola que nunca y se preguntaba qué había hecho mal y cuando le tocaría a ella disfrutar. Ya no es la misma, no le importa las fiestas, se ha metido en su coraza y evita a toda persona que le hace daño, sin darse cuenta que quien más daño le ha podido hacer son sus padres.

Margot vive inmersa en sus recuerdos de los años que trabajaba, la gente que conoció y sobre todo de cuando tenía poder de decisión, ahora tiene que preguntar a su marido si pueden hacer esto o lo otro y eso le puede, piensa que no tiene presente porque está enferma y no ve el momento de salir de esa enfermedad que la mina por dentro. Ella pone de su parte, pero las fuerzas le fallan muchas veces y pasa las noches en vela y sus días no tiene luz, ya no tiene fuerzas para seguir, a pesar de estar con el amor de su vida, no se encuentra realizada.
A veces, recuerda todo lo que pasó de niña y que quizás si hubiera tenido más libertad las cosas hubieran sido de otra manera, hubiera podido salir con sus amigas y disfrutar, cosa que ahora no puede porque aunque tiene más libertad no le quedan ganas de luchar.

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El corazón le latía a mil por hora

No sientas ni padezcas

disfruta sin temor

aunque sea peligroso

hay que arriesgar en el amor.

No analices ni lo pienses

sigue tu instinto y tu calor

si es sincero y cariñoso

alimenta tu valor.

Mañana es el futuro

pero no podrás vivirlo

el presente es lo que cuenta

y en el tuyo entro yo.

Ayer es el pasado

sólo sirve de recuerdo

el presente es lo que cuenta

y en el tuyo entro yo.

Pequeño y personal poema dedicado a Sara de Lupotac, cuyo corazón late a mil por hora y llena de demasiada sangre el cerebro no dejándole ver que lo importante es el presente.

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