A otra cosa, mariposa

Por  Aspective

“… Alan echó la última paletada de tierra. Miró a su alrededor para cerciorarse de que nadie había sido testo de su trabajo. Su mirada fría, acerada, hubiera disuadido a cualquier curioso de indagar nada sobre la extraña labor que había llevado a cabo.

Era alto, de anchos hombros y escurrida cintura, y se notaba la fuerza que emanaba de él; una fuerza natural, que conjugada con la elasticidad casi felina de su movimientos le otorgaba una imagen poderosa, un tanto animal,  reforzada por su cuadrada mandíbula, nariz recta y una barba de tres día que sombreaba su rostro…” 

Angel releyó lo escrito. Su cara de asco, como si un insoportable hedor ascendiera desde la pantalla del ordenador, mostraba claramente su desagrado con el resultado de su trabajo. Tras meditar un segundo, cerró el procesador de textos que, inseguro, le preguntó “¿Desea guardar los cambios efectuados en ‘Al morir el alba’?”. Tras responder “No” cerró la pantalla y con un violento empujón al sillón de ruedas  se levantó de la mesa de trabajo. “A la mierda, y a otra cosa mariposa” No iba a volver a escribir más basura alimenticia.

Durante años se había ganado la vida bien, muy bien, con las aventuras de su detective Alan Cheney. Era todo lo que a cualquier hombre normal le hubiese gustado ser. Pero era falso, artificial y encima le había tenido que crear norteamericano porque en aquí, en su país, no funcionaba eso del detective privado. Salvo Germán Areta, ese genial tipo compuesto por un irreconocible Alfredo Landa en las películas de Garci, el resto era una farfolla que el público no aceptaba. El protagonista tenía que ser una mezcla entre superman y un modelo sobredimensionado de alta costura, con  conocimientos de todo. El modelo 007 se había impuesto y la literatura actual parecía una subasta “a ver quién da más” sobre las habilidades físicas, sexuales, mentales y las hazañas de los protagonistas. Estaba harto.

Se dirigió a la cocina, mientras meditaba sobre su libro. El libro, nunca escrito, que realmente le hubiese gustado dar a la imprenta. Un ensayo histórico sobre el imperio romano y la evolución de la religión cristiana. Pero sabía que nunca lo podría hacer. Que, como todos, tenía que comer y para ello debía prostituirse y escribir aquello que, sin gustarle, repugnándole, encantaba al público y le exigían los editores. Encima había tenido suerte, reconocía, pues publicar y vender en este país era algo que estaba al alcance de muy pocos. Tomó un yogur del refrigerador y cerrando las puertas, se encaminó a su dormitorio. Todas las luces apagadas, la casa estaba únicamente iluminada por el resplandor naranja, artificial, de la luces de la calle que se filtraba por las ventanas. Su hábito de escribir por las noches, cuando ni el teléfono ni los ruidos ni las visitas le interrumpían, le habían convertido una persona bastante solitaria, con los ritmos cambiados con respecto al resto de los mortales.

Al asomarse a su habitación vio, sobre la cama, dormida, a Sonia, su compañera. Su acompasada respiración y el abandono de la postura le indicaron que estaba profundamente inmersa en el sueño. Lógico. Se había acostado hacía ya varias horas. La contempló fascinado durante largo tiempo. Era preciosa, perfecta. También es esto había tenido suerte. Sonia era una persona maravillosa y una compañera ideal y así dormida, desnuda, indefensa, enmarcada en semisombra por la claridad de la ventana, se la veía como una diosa. Estaba profundamente enamorado de ella.

De hecho, sabía que sin ella, sin su constante apoyo y ánimo, sin su comprensión en las crisis creativas,  sin su sostén financiero en los primeros tiempos, sus ideas, capaces de sacarle de cualquier bloqueo, sin su humor, inteligencia e ingenio, que transformaba cualquier crisis en algo sin importancia, él sería otra persona. Quizás un fracasado amargado. Desde luego la amaba. Jamás había mirado con lujuria a otra mujer desde que Sonia entró en su vida. No lo había necesitado ni había sentido tentación alguna de hacerlo. Todavía ¿Todavía? Cada día más, era capaz de excitarle sexualmente hasta hacerle perder la razón. Juntos, lograban un entendimiento, una coordinación, que aderezaba por la imaginación y la variedad,  les hacía llevar una vida sexual que algunos podrían llegar a calificar de excesiva. Pero no hay nada excesivo, pensaba. Entre nosotros todo es natural y deseado.

Sin embargo tenía su pequeño secreto. Le encantaba mirarla desnuda mientras dormía. Pero no una contemplación artística y distante. Le gustaba acercarse lo más posible y acariciarla levemente, con la mayor suavidad posible, casi sin tocarla para impedir que se despertara. Se acercaba hasta tocar, con la punta de la lengua, en un etéreo roce, sus pechos, coronados por unos pezones oscuros que reaccionaban muy ligeramente al contacto. Amaba sentir su aroma y con cuidado, aspiraba cada unos de sus olores recorriendo su cuerpo, de parte a parte, desde el cabello hasta los pies, deteniéndose especialmente en su pubis, donde el ligero vello encrespado le proporcionaba la certeza de su feminidad con un maravilloso aroma a mujer. Si estilizada figura, llena de curvas, cuyo contorno dibujaba con la mano en una serie de sutiles caricias y siempre pendiente de no perturbar su sueño, le llevaba a una excitación, casi dolorosa, de la que indefectiblemente salía acariciándose en una masturbación silenciosa mientras la contemplaba y terminaba acariciando su perfecto culo. Se dormía a continuación,  satisfecho, pegando su cuerpo al de ella como un complemento perfecto acoplando su figura al dibujo que ella componía sobre las sábanas. Y daba las gracias por su existencia.

Próximo turno:  Q – Sara – Activo

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12 comentarios

Archivado bajo Aspective_

12 Respuestas a “A otra cosa, mariposa

  1. Pingback: Bitacoras.com

  2. N - Sonvak - Activo

    Guauuuuuuuu!!!!

    Claro, después de escribir esto es totalmente normal que se te olvidara poner la última frase en negrita, je 😉

    Me ha gustado, me ha encantado… de hecho voy a leerlo otra vez… está genial!!

    Besos!!

  3. Gracias, me encanta que te guste.
    (He intentado hacer una descripción más “femenina” de la situación)
    La frase en negrita la había puesto pero luego me he perdido poniendo la etiqueta del inicio (y como ves no sé como se pone) lo he borrado, he tenido que volver a copiar y se me ha olvidado. Y no había visto que Montse estaba de vacaciones.
    Si lo sé, se lo pongo más difícil a Sara, que me rechaza continuamente, je je je
    😉

  4. Me ha gustado un montón, es un buen relato con un toque a picanta al final. Qué bello es el amor…

  5. Un honor tomar el relevo de usted, señor Aspective. Qué dura la vida del escritor, eh?? Un besoo

  6. Sara:
    La vida del que escribe es dura, sobre todo algunas piernas, que encima pesan mucho…
    😉

  7. R - Gorio - Activo

    Muy bueno, en serio.

    Hasta yo creía que estaba mirando a Sonia en la cama…

    Eres un Crack.

    Saludos.

  8. Muy bueno.
    Y muy logrado el giro del segundo párrafo.
    Me ha gustado mucho y me codo con ganas de saber más.

  9. Me ha fascinado tu relato, algo realmente poético y a la vez muy cruel, ¿porque una persona que se dedica a escribir tiene que vivir de esa manera?

    Eres grande. saluditos y gracias por visitar mi pagina.

  10. El escribir, como en las demás profesiones, supongo que supone renunciar a bastantes sueños para atenerte a muchas realidades. ¿no?

  11. Fascinante relato, buenísimo 😀

  12. Me encanta la fluidez del texto y un tema tratado con sutileza en el erotismo. Me encantó.

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