Sólo poseía una única luna

Por: Daniela

— ¿Y cuántas tiene Júpiter, maestra?
Los niños de 2º C escuchaban fascinados toda la cantidad de lunas que tenían los diferentes planetas del sistema solar.
— ¡Sesenta y tres!—exclamó la maestra, con escasa profesionalidad, casi tan emocionada como los chiquillos de seis y siete años. Ellos, que nunca habían imaginado un cielo con más de una luna, estaban anonadados, maravillados con aquellos descubrimientos. Un día de escuela siempre era un día de hallazgos maravillosos.
— ¡Sesenta y tres lunas! ¡Qué hermoso debe ser el cielo!—imaginó una niña, de rostro sonrosado y pecoso. — ¡Los marcianos no deben saber a cuál mirar!
Hubo risas generales, y la maestra sonrió como sonríe una mamá a quien su hijo le escribe una carta llena de faltas ortográficas. Uno de los chicos, con una sonrisa socarrona, señaló inteligentemente:
—Los marcianos no son de Júpiter, boba, son de Marte. Maestra, ¿cómo se llaman los marcianos de Júpiter?
La discusión sobre los marcianos y los “jupitorianos” (curioso término aportado por Paquito) se volvió tan acalorada, y el griterío del amplio salón se volvió tan fuerte, que a la pobre de la maestra se le hizo imposible controlarlo. Sin embargo, la distracción de sus alborotados alumnos le permitió observar algo extraño. José, un chiquillo alegre, el bromista de la clase, miraba pensativo por la ventana. La mujer se acercó al pequeño.
— ¿Qué pasa, José?
Él, tomado por sorpresa, dio un respingo y salió de su ensimismamiento. Tenía los ojos preocupados. Un niño puede reflejar muchos sentimientos, pero cuando sus ojos reflejan cansancio o preocupación, definitivamente algo no anda bien.
—Estaba pensando en las lunas de Júpiter.
— ¿Sí? ¿Sería lindo, verdad? Ver todas esas lunas, todas blancas y redondas como estrellas regordetas…
Pero José vaciló. (Los niños siempre vacilan antes de contradecir a la maestra).
—Pero entonces no sería especial. Mirar la luna no sería especial… Ni soñar cómo te persigue, ni que puedes tocarla y probarla. ¿Qué sentido tendría perseguir a la luna si hay sesenta y dos más confundiendo el juego? Yo creo que resultaría bastante frustrante.
La maestra quedó de piedra. Fue la reflexión más profunda que jamás escuchó y escucharía salir de la boca de uno de sus estudiantes.
Sí, la Tierra poseía una única luna. Y por eso era única. Mirarla era único, soñarla era único, jugar con ella y describirla y analizar cada uno de sus pozos y cráteres desde un campo nocturno, era único.
José, el bromista preocupado, le enseñó a su maestra aquella tarde una importante lección. Que lo bueno viene en paquete chico.

Próximo turno para: N-Sonvak-Activo

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7 comentarios

Archivado bajo Daniela_

7 Respuestas a “Sólo poseía una única luna

  1. Pingback: Bitacoras.com

  2. Cierto. Muchisimas veces las verdades obvias, indudables salen de labios de niños y te dejan anonadado ante su aplastante lógica.
    Justo este año mi hijo, 5 años, ha “estudiado” el sistema solar y hemos estado viendo fotos y animaciones en el youtube sobre el mismo. Una y otra vez, incansable y maravillado. Con problemas, lógicos, para hacerse idea de las proporciones. Pero con una cara de ilusión y de fantasía maravillosa.
    Lo describes perfectamente.
    Un abrazo

  3. N - Sonvak - Activo

    Profundo, sí. Un relato precioso.

  4. Daniela, me encantó el relato, pero además creo entrever un sentido dentro del sentido: pareciera como que el niño de tu historia casi le está respondiendo a la niña del mío. Eso me pareció hermoso, una bella forma de que los textos dialoguen entre sí. Muy buen recurso.

    Un beso,

  5. Es cierto, Alejandro, el relato me salió en respuesta al tuyo, efectivamente 🙂 Y mi niño fue el que llevó la tarea de contestar. Ojo, lo hice inconscientemente. Pero ahora que lo dices, es verdad.

    Sonvak, Aspective, los niños son mucho más admirablemente profundos que nosotros. Recuerdo que Coelho decía que un niño siempre nos puede enseñar tres cosas: a nunca estar cansado, a estar feliz sin motivo aparente, y a nunca desistir de una pregunta hasta recibir respuesta. Yo creo que deberían enseñarnos a vivir 🙂

  6. Bellisima reflexión. Muy tierna y sobre todo muy sabia. Te felicito Daniela, siempre das en el clavo, siempre nos enseñas algo nuevo con tus reflexiones, esta, me ha encantado.

    saluditos

  7. ¿Enseñar? Me halagas demasiado, Cuauhtemoc, pero gracias, jaja 😀

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