Archivo diario: 24 julio 2009

Murieron ahogados en el mar

La noticia circulaba en los encabezados de algunos periódicos locales de la zona. “Murieron ahogados en el mar”. La noticia más que grave, sonaba a un chisme morboso con aires de consumo. No era la primera ni la única de su especie en este poblado, pues me encuentro relatando la historia de una aldea cercana a la costa, un mar muy bravo en la época de verano.

Eran entonces las 9:00 am cuando me acerqué al puesto de periódicos, como periódicamente lo hacía en períodos cortos. Las elecciones intermedias, un fracaso rotundo al partido que actualmente ocupa el poder; el ejército llamado a declarar sobre crímenes y atentados a los derechos humanos de civiles; el narcotráfico se apodera del estado colindante; crisis en el sistema de evaluación educativa…

Daba unos sorbos al jugo de naranja que había adquirido dos locales antes de llegar a donde me encontraba. Noticias de espectáculos en aquel diario y lo más relevante del deporte en este otro. Los diarios de noticias morbosas normalmente escapaban a mi atención, pero al leer los preliminares y observar unas fotografías anexas, me interesé tanto en la noticia que no pude resistir a comprarlo.

Con pena e inseguridad lo doblé y miré a mi alrededor, como quien compra marihuana o una revista pornográfica. Llegué a mi casa y abrí el informativo que acababa de comprar, qué pésima redacción, me molesta que la gente cobre dinero por productos de tan poca calidad. La noticia, las circunstancias, el número de personas involucradas, las fechas citadas, los lugares… ¡rayos! No quiero pensar mal, pero parece que se trata de un accidente del cual yo tengo conocimiento.

Marqué sin pensarlo dos veces el número telefónico de mi amiga, una chica guapa, dos años menor que yo, quien me había comentado de una expedición a la que acudirían varios amigos de ella pero que, por ciertas circunstancias, la chica en cuestión se vio imposibilitada para acompañarlos. Después de saludarnos con un poco de hielo y de manifestarme su extrañeza por esa llamada matutina, procedí a preguntarle acerca del viaje ese que me había comentado. Todo normal, hasta ayer en la tarde ella había tenido comunicación con los muchachos que habían partido del pueblo una semana antes y recorriendo algunos cientos de kilómetros mar adentro, a una isla cercana, centro de atracción para los adolescentes de todos aquellos rumbos.

No me pareció ni tantito apropiado comentarle acerca de la noticia periodística, quizá me tomaría mi presentimiento a mal. Aproveché sin embargo la oportunidad para invitarla a tomar una bebida en la tarde, a lo que ella titubeó por un momento pero quedó de confirmarme en el transcurso del día, para ver si lograba terminar todos los asuntos de su agenda familiar.

Coincidencias, pensé.

Conforme pasaron las horas comencé a olvidarme del asunto del periódico y emprendí mi vida cotidiana de la forma más normal que se pueda suponer. Me entretuve un rato en el carro, limpiando el polvo provocado por la brisa de la noche anterior y aprovechando para componer algunos desperfectos del audio, ya que de las cuatro bocinas que tenía no hacían una sola. Escuchando radio recostado en mi hamaca dispuesto a tomar una buena siesta, sonó el móvil un par de veces, anunciando la entrada de un mensaje de texto.

Karla, se me vino a la mente el nombre de mi amiga de la mañana.

Había dado por fallido mi intento de estar a su lado el día de hoy. “Todo salió como esperaba, que te parece si nos vemos ahora? Saludos!”. Se me abrieron los ojos al leer sus líneas, era una respuesta que no me esperaba y menos ahora que estaba a punto de dormir. Enseguida marqué su número y fue como supe que estaba cerca de mi casa, a escasas cuadras y que si quería podía pasar por mí o llevar algo para tomarlo juntos.

Coincidencias, volví a pensar.

La cité en mi casa en veinte minutos, sirviendo en aprovechar el tiempo para ducharme y ponerme una buena ropa, no quería que me encontrara sucio y maloliente. Un poco de refresco y botana estaría perfecto, la verdad es que sólo quiero platicar contigo, le contesté. Me metí algo nervioso al baño por la cuestión del tiempo, lo cierto era que tampoco quería hacerla esperar mucho, así que traté de ajustarme a los escasos minutos que me quedaban. Una camisa bastante informal que tenía planchada y un pantalón holgado era lo primero que tenía a la mano y concluí que era perfecto para la ocasión que se avecinaba, loción de la más fresca en el cuello y un poco de gel en el pelo. Estaba listo para recibirla.

Bajé las escaleras un tanto apresurado creyendo que a lo mejor ella estaba afuera y llevaba ya rato esperando a que la encontrara así que abrí la puerta y eché un vistazo a todos lados… nada por este lado… nada por este otro… Me metí y revisé mi móvil, quizá me habría llamado. Nada de mensajes y ni una llamada perdida. Mi periódico, ¿dónde diablos dejé mi periódico?

¿Estás esperando a alguien más?

Brinqué y dirigí la mirada hacia el sillón apartado que se encuentra a un costado del comedor. Me quedé sin habla al corroborar que era Karla la persona que se encontraba sentada al fondo de esta fría habitación. Vestía una falda bastante corta, por lo que naturalmente mi mirada se enfrascó en sus bien torneadas piernas. Una blusa sin mangas y un collar bastante sencillo y mi periódico doblado y tomado por su mano derecha, la otra acariciando su rostro y su mirada clavada en la mía, por lo que seguía cada movimiento de mis ojos, apenándome por mirar su cuerpo sin discreción.

Ella había entrado en mi casa y no me había dado cuenta. La verdad es que se me había hecho algo así como una fantasía sexual el pensar que estaría sola conmigo en mi casa y que la podría poner a mi completa y libidinosa disposición. Pero parecía haberme leído la mente y querido anticiparse a los planes de mi perversión. Era ella de ese tipo de mujeres que enganchan todo menos el corazón. Con ella había soñado situaciones de poca ropa y mucho calor. Y heme ahí, con ella, solos en mi casa. Vuelvo al inicio de este párrafo: ¿Cómo entró a mi casa? Era lo de menos, ya estaba ahí y me estaba mirando con unos ojos que no parecían de amigos comunes, más bien felinos a punto de acechar a su presa. Era una mirada mezcla de inteligencia con perversión, dueña de un deseo que sólo yo era capaz de adivinar y contemplar.

Traté de tomarme las cosas, si no era posible con calma al menos con seguridad e improvisación de tener el control de la situación. Me gustaría suprimir el ritual del enamoramiento, del encanto, de la conquista. Me gustaría quitarle ese pedazo de cinta a la película o esas páginas a la novela e ir a lo que el instinto llama. Pero no conocía los resultados de mis anhelos, también quería que ella se entregara con la misma pasión que yo. En realidad, no era bueno para el ritual del cortejo, no me gustaba caer en la cursilería de demostrar afecto antes que deseo, antes que demostrar mi propio impulso sexual. Y fue como bajé la mirada a la sombra que se asomaba entre su prenda y sus muslos juntados, miré a los lados y la miré a los ojos, me acerqué poco a poco y estando frente a ella le ofrecí mi mano para que se incorporara, al hacerlo me rodeó con sus brazos y comenzamos a amarnos.

Qué coincidencia aquello que sentíamos.

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Nos dejamos caer abrazados en el suelo.

Ya casi eran las doce de mediodía, cuando los dos compadres se encontraron en aquel café. Elpidio se miraba sorprendido por la respuesta que su compadre le había dado por la pregunta que él le había hecho.

 

-No, compadre es imposible, me estaré volviendo loco. Te puedo jurar que el demonio estuvo aquí, ha estado conmigo durante casi toda la mañana, hemos conversado y llegado a conclusiones bastante buenas.

 

–         Todo estaba en tu imaginación compadre, pero yo no vine para hablar de su locura, lo que vengo a ver es  ¿Por qué tiene usted dos días sin ir por sus hijos a mi casa? ¿Qué ha hecho compadre? ¿Dónde ha andado?

–         ¿Dos días? Pero, si los he visto ayer en mi casa.

–         Mire compadre cálmese, explíqueme bien que pasa. Usted le dijo a mi mujer que mi comadre se había ido, que lo había dejado. Ellos ahí han estado esperándolo, pero no nada mas ellos también sus padres compadre. Me dijeron que cuando llegaron a la ciudad y al ver que usted no iba por ellos, se fueron a su casa en taxi, tocaron hasta cansarse y usted salio como alma que lleva el diablo en su auto. ¿A dónde iba compadre? Cuénteme todo por favor.

 

Aun un poco confundido por todo lo que estaba pasando Elpidio empezó su historia, comenzó por decirle lo del puterío y terminó con lo que había pasado ese día en la mañana…

 

                  … – y entonces compadre desperté en mi cama y  ella me trajo el desayuno a la cama, pero antes de pensar en desayunar hicimos el amor como nunca, nos dejamos caer  abrazados  en el suelo y después en la cama quedamos rendidos. No puede ser nada de eso un espejismo compadre no puede ser algo tiene que haber causado todo esto. Si no fue el demonio ¿entonces quien? Algo o alguien es el causante de todo lo que me está pasando compadre.

 

–         Compadre pero esto que me ha contado es muy grave, me está diciendo que mató a mi comadre.

–         Le estoy diciendo que no, compadre, que ella está viva, que está ahorita en mi casa.

–         OK, compadre, eso lo veremos a su tiempo, por ahora dígame ¿que se supone que le dijo el demonio?

 

Entonces Elpidio le contó todo lo que discutieron hasta lo que le dijo el diablo del Blogguercedario.

 

–         ¿El Blog que? Compadre.

–         Pues no se exactamente pero es algo así como Blogguercedario, el caso es que suena como abecedario compadre.

–         Pues no me suena nada congruente ni conocido lo que me dice compadre.

–         Ve compadre, eso es lo que le quiero decir, a mi no se me pueden ocurrir esas cosas así, tiene que haber algo o alguien que haya hecho esto, ya que dice que el demonio no estaba aquí. A menos que solo yo lo haya mirado compadre.

–         Mire compadre, yo quiero ayudarlo, de verdad, pero entonces necesito informarme más de lo que esta pasando. Vaya usted a su casa, asegúrese que su mujer todavía esta viva y yo iré en cuanto vea alguna solución a su problema, los niños todavía se pueden quedar en mi casa, también sus papás

–         Ya verá compadre, ya verá que tengo razón.

 

 

Se despidieron los dos compadres, Elpidio salio apresuradamente del café, Chencho se quedó pensativo:

 

            -Espero que mi compadre no esté loco, no creo que lo esté, por eso antes de mandarlo con un psiquiatra voy a investigar en Internet esto que está pasando.

 

Salió y se dirigió a un ciber que estaba en la otra calle.

 

Mientras tanto, Elpidio descubría lo que tanto temía. En su casa no había nadie, en la cochera aun estaba el manchón de sangre que no había podido quitar hacia dos días.  Todo le venia a la mente de nuevo, la escena de su mujer con el del agua, el momento que hizo que el se desquiciara y la matara. No había nadie, se sentía solo, se sentía impotente, mas de lo que estaba, maldita sea se estaba volviendo loco.

 

No tardarían en dar con el, la policía ya ha de haber encontrado el cuerpo, en cualquier momento llegarían y el ahí estaría para irse a la cárcel. ¿Qué mas le daba ya? Todo estaba perdido, nada se podía hacer, Elpidio Obeso terminaría en prisión. A lo mejor ese era su destino.

 

–         ¡Nooooo! No puedo estar loco, alguien o algo tiene que manejar mis actos, mi mundo, mi todo, no puede ser que todo esto me pase a mi, tiene que haber algún responsable y ese no soy yo.

 

El sueño lo venció y durmió placidamente durante mucho tiempo. Los golpes a la puerta lo despertaron. Despertó asustado, pensando que era la policía que venia por el. Se dirigió a la puerta, entonces pudo darse cuenta que era su compadre lo que lo hizo relajarse un poco.

 

–         compadre, ¿Qué pasa? ¿Por qué toca de esa manera?

–         Compadre, tiene que ver esto.

–         ¿Ver que cosa compadre? Pensé que era la policía.

–         ¿recuerda lo que le dije en la mañana que le investigaría lo que estaba pasando con usted?

–         Pues si compadre, pero la verdad no veo como pueda ayudarme o ver que pueda pasar. Me estoy volviendo loco esa es la única realidad.

–         No compadre, yo también creía eso pero no, no esta usted loco.

–         ¿entonces compadre?

–         Venga compadre, acompáñeme al ciber café que le tengo que mostrar algo.

–         ¿al ciber café? ¿Que tengo que hacer en un ciber?

–         ¿Recuerda esa palabra difícil que según usted el demonio le mencionó?

–         Si el tal Blogguercedario o no se que cosa.

–         Si compadre eso, es Blogguercedario compadre y tiene que ver lo que encontré.

 

Se dirigieron los dos velozmente al ciber más cercano de la casa de Elpidio. Chencho pidió algún ordenador disponible y empezó a teclear una dirección en Internet. Ahí apareció lo que el diablo había mencionado, le mostró algo que Elpidio casi caía para atrás.

 

-Compadre ¿le parece conocido esto?

– ¿Q- que es esto compadre? ¿Cómo supo esta persona lo que me estaba pasando compadre?

– Lea y fíjese como cuenta esta persona cada cosa que usted ha hecho e incluso mire aquí, aparece el diablo tal y como usted me lo contó y la ultima frase es la que yo le dije ahora en la mañana.

– Pero entonces ¿que pasa compadre?

-Aquí tiene la respuesta compadre, aquí la tiene, usted quería que alguien fuera el causante de sus problemas y pues se le ha concedido.

– ¿quiere decir que este escritor de aquí ha escrito todo lo que he hecho y Hare? Entonces ¿Por qué no hay nada de lo que estamos haciendo en estos momentos?

– Porque a lo mejor en estos momentos lo esta escribiendo compadre, por eso no aparece todavía.

– ¿Me está diciendo que soy un personaje de una historia por Internet?

– No nada más usted compadre, todos los que estamos cerca de usted también. Mire, aquí le ponen comentarios, entonces los demás leen lo que el escribe, es por eso que el demonio le dice a usted que a lo mejor a los del Blogguercedario usted les cae mal.

 

–         Entonces ¿esta persona ha sido el causante de que haya matado a mi esposa, de que no se me pare, de que mis padres me hayan puesto este nombre de mierda?

–         Si compadre, somos personajes de todas esta historia.

–         Pero en alguna parte del mundo tiene que estar esta persona, ¿y si vamos y le doy su merecido por jugar con nuestras vidas? Esta persona bien pudo haberme hecho bueno y exitoso, no así, no un asesino compadre.

–         No podemos compadre no podemos, está en México.

–         Pues vamos compadre vamos, tiene que aclararme muchas cosas ese tal, ¿Cómo se llama?

–         Cuauhtemoc compadre, dice aquí. Pero ni siquiera sabemos en que país o ciudad estamos compadre.

–         Pues lea ahí, vea en que parte de este mundo existe nuestra ciudad. Porque si hay Internet no podemos estar tan alejados de la civilización.

–         ¿Pero no ha comprendido compadre? El ha puesto todo esto aquí, si el quiere ahorita nos da un infarto y se nos acaba la historia.

–         Pues seria mejor un infarto a estar sufriendo de por vida en la cárcel por culpa de un maldito que por tal de quedar bien con sus compañeros me ha desgraciado la vida.

–         Tiene razón compadre, vamos al aeropuerto, vamos a buscarlo y a pedirle cuentas, pero no podemos matarlo compadre, nos rebajaríamos a su nivel.

–         Esta bien compadre solo quiero que me responda cosas, quiero que me solucione esto que me está pasando.

–         Compadre pero ¿se ha puesto a pensar que así como nosotros somos unos personajes de historieta pueda ser que alguien también este escribiendo que el esta escribiendo nuestra historia?

–         ¿Usted se refiere a que todo lo que pasa en este mundo sea solo una historia escrita por alguien con muchos personajes?

–         Algo así compadre algo así. Pero pues vamos, yo lo apoyo en lo que decida. Vamos a México.

 

 

Y así, nuestros personajes se dirigieron al aeropuerto, tomaron un avión a México.

 

Todo marchaba excelente, todo iba bien, pero no se supo de donde vino la turbulencia que sacudió aquella aeronave, pero se fue directo al océano, nadie sobrevivió, nuestros personajes murieron ahogados en el mar.

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