Archivo mensual: julio 2009

Y pudimos contemplar su brillante calva y su poblada barba

Por K – Alejandro Marticorena – Activo

La tarde se arrastraba despacio, al ritmo del sol primaveral que caía, oblicuo, sobre la mesa del bar Asgard en la que una rubia Quilmes por la mitad prometía aún un par de vasos más (con o sin espuma) para el gordo Chelo y para Quicho.

El Mocho estaba (diría más tarde Quicho) “más Mocho que nunca“. No participaba de las risotadas de los otros dos, que venían recordando anécdotas viejas, de varios años atrás. Escribía algo en su eterno cuaderno con espiral con gesto concentrado, abstraído…

–¿Y la misionera? ¿Te acordás cuando fuimos a bailar al boliche ése… “La verdulería”, creo que se llamaba?– Chelo a duras penas podía contener las lágrimas cada vez que algo lo hacía reír.– ¡Qué pedo se agarró, mamita querida! “Necesito estar con un hombre, ahora“, le dijo a Lalo, y el pelotudo la llevó al reservado y le fue a buscar un té…

–Lalo siempre igual– dijo Quicho– …ese samaritanismo con las féminas desprotegidas y vulnerables… como aquella vez que terminó con esa puta tomándose un café en la esquina del burdel haciendo que la mina le cuente sus desdichas… No se la cogió, ¡y encima le pagó el turno! ¡Le pagó por hablar! Bueno, por ahí se garchaba a su psicóloga, qué sabés…

Las risas estallaban como relámpagos en la cara del Mocho, pero éste continuaba absorto en la redacción de su texto.

Chelo se agarró la cabeza antes de hablar.

–¡Pará! ¿Y te acordás cuando fuimos al  Tigre con Julito Ciccone, el mecánico, Ariel y no sé quién más con esas minas que había traído Jorge Sanó? ¿Y que nos escondimos Ariel, vos, Julito y yo abajo del piso de tablas de la casa con pilotes para verle el “asunto” a la morocha entre las hendijas de la madera porque nos habían dicho que no usaba bombacha?

–¡Fue mundial!– dijo Quicho, encendiendo un Marlboro. ¿Y te acordás lo que dijo el pelotudo de Ariel después, queriendo hacerse el poeta? ¡Qué pelotudo, por Dios!

Chelo tenía los ojos enrojecidos de tanto llorar de la risa.

–No, la verdad que no me acuerdo…

–Dijo algo así como que “pudimos contemplar su brillante calva y su poblada barba“…

Chelo comenzó a reírse y a toser de una manera que logró desconcentrar hasta al Mocho. El rechoncho rostro de Chelo amenazaba estallar en cualquier momento como producto de la tos, agravada seguramente por los años de fumador que el gordo había logrado comenzar a dejar atrás hacía cinco meses, y dos gruesas lágrimas habían dejado unos surcos brillantes en sus cachetes, inflados y rojos como manzanas.

Quicho le alcanzó el vaso lleno por la mitad del líquido amarillo y alegre, y Chelo se lo agradeció, con un gesto, sin dejar de reír.

–¿Qué pasa, Mochito?– dijo Quicho.

–Ya casi está y se los leo.

Quicho y Chelo se miraron con gesto misterioso.

–Ya está– dijo el Mocho– Chelito, ¿qué me decías, vos, el otro día, de que los mensajes de texto no dan para incluirlos en un texto poético y eso?

–Eso mismo, Mocho. Te decía eso. A mí me parece que no da, pero bueno, el escritor acá sos vos.

–Te apuesto 50 mangos a que con este texto te emociono y me das la razón a mí.

Nada era peor para Chelo que alguien lo desafiara con una apuesta, y de ese modo. Así que redobló la apuesta.

–Ah, me estás desafiando, Mocho querido. Bueno, que sean 100 entonces. ¡Tomá! Me vas a venir a correr con la parada a mí… y emocionarme las pelotas.

–Upa– dijo Quicho, empujando de un trago lo último que le quedaba en el vaso.

El Moncho lo pensó unos segundos.

–Dale. Cien mangos. Quichín, sos testigo.

–Hecho– dijo Quicho

–Hecho– dijo Chelo, y le dio la mano al Mocho.

Éste carraspeó, y comenzó a leer de su cuaderno.

Noche es tu ausencia. Oscuridad es que no me sonrías, que no me toques. Tristeza es saber que te vas y sentir que mi corazón llama a tu sangre nombrándote en cada latido.

“Añorar es pensarte. Como ahora, como siempre, como nunca. Desear es tu piel, tu boca. Luz o, mejor dicho, sol, es tus ojos. Tu mirada, ese dulce otoño donde crepita mi alma. Vibrar es verte volar con los pájaros que soltás cuando te encendés como sólo yo sé encenderte. Vibrar es estallar en fuegos de arco iris cuando me encendés como sólo vos sabés encenderme. Vivir es que me hables, es hablarte.

“Noche, ya lo dije, es tu ausencia. Amanecer es ver que llegás. Que me llegás. Que estás, que sos para mí. Suelo es que te vayas; cielo, que vuelvas.

“Movimiento es tu cuerpo, tu manera de bailar, tu sonrisa sensual mordiéndote el labio inferior. Lujuria es tu ternura a prueba de balas, tu manera de acariciarme el pecho, la cara, las esperanzas. Color es estar cerquita tuyo, calor es tenerte, que me cantes.

“Frío, ya lo dije, es tu ausencia. Tibio es que me abraces, que me mires de cerca, cada vez más de cerca hasta que parezcamos cíclopes y nuestros dos únicos ojos se cierren en un beso doble, hondo, húmedo. Caliente es que me seduzcas, que seas ahora mi gata, después mi puta y al rato mi perra. Que me hagas tu hombre, tu macho. Hacerte el amor primero y cogerte después. Que me cabalgues, que me sometas, que me hagas tuyo y después hacerte mi esclava, mi súbdita, mi Princesa, mi Reina, mi amada para siempre.

“Suave son tus pechos redondos y tibios como enormes uvas; fruta es el sabor de tus besos; chocolate, tu aliento. Bosque, montaña, océano es tu olor a mujer, tu deseo de madera para mi pasión de fuego; mi intensidad de sol hacia tu elegancia de nieve. Mis ramas entre tu brisa, el sonido dulce de nuestro amor.

“Alegría es escucharte. Tristeza, ya lo dije, es saber que te vas. Dulce es sentir que llega tu mensaje al celular cuando lo espero. Salado es besarte, que me beses. Cosquillas es que me sonrías, que me mires fijo, sin pestañear.

“Horizonte, futuro, esperanza, son algunas de las palabras que colecciono para pronunciar junto a vos.

“Emoción es lo que me pasa al recordarte. Amor sos vos. Amor sos sólo vos.

“Renacer es leer que me digas ‘estoy yendo, vida’. Felicidad es escribir ‘yo también, amor’.

“Paz es decirte ‘te amo’.”

Los sonidos llegaban amortiguados de la calle y en el bar, que no estaba muy lleno, resonaba el decrépito televisor en el otro extremo del salón mostrando la pantalla roja de Crónica TV con letras enormes y blancas.

Quicho y Chelo estaban quietos. Ninguno de los dos pronunció palabra durante unos segundos interminables.

Chelo se inclinó hacia atrás en la silla, metió una mano en el bolsillo de su pantalón y le extendió un billete de cien pesos al Mocho. Éste sonrió y lo miró. Chelo se puso de pie.

–Qué conchudo… –dijo, como para sí mismo. Y se fue al baño.

–Te pasaste, Mochito… es impresionante eso que escribiste… ¿Es para María?– dijo Quicho.

–Sí…– dijo el Mocho, observando pensativo el billete.

Abel, el escuálido mozo del bar, se acercó acomodando sillas. Cuando llegó se apoyó en el respaldo de una de ellas y los miró con gesto intrigado.

–¿Pasó algo, che? Hasta hace un rato se estaban cagando de risa… y ahora lo ví a Chelo que se iba al baño… ¿me parece a mí o estaba moqueando el gordo?

Quicho sonrió tiernamente y lo miró a los ojos.

–Puede ser, Abelito, puede ser. No parece pero el gordo también se emociona.

Glosario para no rioplatenses

Pedo: borrachera.

Boliche: local bailable.

Mangos: pesos.

Coger: hacer el amor.

Celular: teléfono móvil.

Moquear: llorar.

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Primer premio a la Tortillera del Año

Salimos del hotel y tomamos el metro hasta el Sol, bueno hasta la plaza del Sol.

“Salir de Sol y bajar por la carrera San Jerónimo. Llegar hasta la pastelería de las violetas y girar hacia la derecha. Una o dos calles, no recuerdo bien,”, ponía la nota, “y volver a girar a la derecha, hacia una pequeña plaza triangular. Poco antes de esta vera la gente.”

Seguimos las instrucciones tratando de encontrar el local. Nos habían dicho, además, en el hotel, que había en la puerta la placa, firmada por la asociación de vecinos de la zona, de un premio que le concedieron recientemente, “aunque es un poco chocante” comento el recepcionista.

Llegamos al local, vimos la placa:

Primer premio a la Tortillera del Año

– Bueno – comentó uno de mis acompañantes – podían haber elegido otra palabra para la cocinera pero es un gran reconocimiento.

Entramos, haciendo hueco entre la gente que abarrotaba el local sin sillas ni mesas. Tardamos un tiempo en llegar a la barra y pedir.

– ¿Normales o bravas? – nos preguntó el camarero.

– Cinco Bravas – respondió uno del grupo.

Miramos hacia “la cocina”: una par de fuego, perpendiculares a la barra, en el trozo más corto de la L que esta formaba, justo bajo del ventanal que le daba algo de ventilación, o al menos eso se pretendía, aunque era dudoso en la calurosa noche del agosto madrileño. Por si era poco el calor de los dos fuegos, una batería de cuatro freidoras detrás, paralela a la barra, permanentemente encendidas, preparaban las patatas.

Y delante de ellos, con bata y gorro blanco y dándonos la espalda se alzaban ciento veinte kilos de humanidad, dotados de unos potentes brazos, como podíamos comprobar en el ritmo frenético e incansable con el que lanzaba al aire las tortillas para darles la vuelta.

Ya estábamos comiendo cuando nos explicamos lo curioso de la placa. En un momento dado hizo un descanso, se quito el gorro y se giró para tomar un baso de agua, del grifo de bajo de la barra. Y pudimos contemplar su brillante calva y su poblada barba.

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Lo sé, por eso sigo sola hasta que una voz me interrumpa de nuevo.

Es que ya era la cuarta vez que alguien la interrumpía mientras daba su discurso de homenaje por aquel anhelado premio que le habían concedido.

No sabía realmente porque se lo habían concedido a ella, pero ahí estaba, en el “púlpito”. Sabía que en esos menesteres ella no era mala; muchos años de experiencia; de hecho miles de “clientes” habían pasado por su trabajo deleitándose de ese excelente manjar que hoy la había encumbrado.

“Y mamá era la que me había enseñado”, “si estuviese ella aquí para que me viese”, pensó por un momento, con esa pedazo de placa entre sus manos para ella merecidísimo, pero para otras no tanto, a tenor de las veces que ya la llevaban interrumpiendo mientras lanzaba al aire sus frases de agradecimiento por el premio otorgado.

Y es que la envidia es muy mala y levanta muchas ampollas, más cuando hay premios de por medio y dependen de las opiniones subjetivas de un jurado. Pero ella sabía que esta vez se lo merecía. Muchas veces había deseado ese reconocimiento y al fín estaba ahí. Son de esas ocasiones en las que se sentía orgullosa de su saber hacer y años de “tocar huevos” le habían valido la pena.

La ilusión que todos los años tenía, era la primera vez que la sentía en su cuerpo en forma de alegría desbordada. Pero estaba claro que había “gentuza” que no la iban a dejar disfrutar de su momento, por otro lado tan merecido.

Si ya se lo había dicho su marido “como tú no me las ha hecho nunca nadie”. Hasta en una ocasión, durante un verano calurosos de los noventa, las había probado su vecino, que se había quedado solo en casa porque su señora y sus retoños se habían ido a pasar unos días a casa de su suegra y a ella le había dado pena que el pobre hombre quedase desatendido con lo que se armó de valor fue a su casa, cogió sus huevos , et voila!! una obra maestra que el pobre hombre agradeció hasta la eternidad: “nadie me la ha hecho nunca como usted” repetía una y otra vez el hmbrecillo mientras se babeaba con cara de tonto.

Y ella lo sabía, en lo suyo era muy buena, y ahora este reconocimiento así lo decía.

Solo le surgía una duda, ¿cómo le iba a sentar a su marido el tener que poner esa placa en el armario y que todo el mundo la leyese?

Premios del Barrio de la Estación de Chinchilla de Rioseco 2009, rezaba la parte oficial de la placa, mientras que debajo ponía el galadón: “Primer premio a la Tortillera del Año“.

Próximo turno: J – Lustorgan – Activo

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Hoy es uno de esos días en los que me levanto rara, con el alma cansada.

Hoy es uno de esos días en los que me levanto rara, con el alma…

cansada, sin sazón o desahuciante, no sé.  Todo es culpa de la fragilidad, de mi osadía, por esta maldita impertinencia de mirar en los ojos de alguien y husmear sus secretos. Siempre sola aunque ahora me habita su cuerpo, su lengua de lagartija en mi clítoris, en mis pies, en mi boca…

Las aguas turbulentas de un motel a media noche con la desnudez y la avaricia del despojo.

Lo miré y fue suficiente. Escuché sus incendios, su canto de catedral, su bosque  rojizo que desde el primer roce me dejó moribunda. Tenía años de no mirarle y no era sombra de su memoria. Ahora lo somos aunque seguimos extraños. Esa es la rareza que no entiendo cuando mi cuerpo tiene sed. Me siento tan “puta” como cualquiera que se deja ir por  instinto como cuando abro el grifo y el agua sale y sale porque simplemente debe salir.

Quiero creer que fue solo sexo pero miento si digo que no tengo aún luciérnagas que me vuelan en la espalda, que lo sigo deseando, y que su huella me será indefinida. Hubo algo extraño entre su olor del té inglés y mi café capushino. Un deseo incontrolable, con decisión y sin ceguera.

Me trazó en una servilleta arrugada, los torbellinos que le mueven y lo empujan. Allí mismo me dije que no sería fàcil olvidarlo.

Finjo que no me importa, qué sé dar el siguiente paso. Tomará pronto su avión y  quizás solo nos inventemos un regreso. Tal vez alguna noche recuerde su boca en mi seno y me mande un saludo. Tal vez jugará su próxima fantasía en otra cajetilla de cigarro sin que sea yo que exhale su beso. ¿Qué haré cuando el humo repinte mi labio en otra boca, también extraviada? Podremos olvidar esa exhalación en la única partida donde nos abandonamos?

Nos dejamos de ver esta madrugada. No hay señales de humo. Solo dijo que extrañaría mis besos. Por eso, hoy todo el día ha sido raro. Mi alma levitando sin dignidad. Solo con la afrenta de que es otro más que me abandona o quizás sea yo quién profetizo las partidas.

Alguno en su momento me dirá que mi espacio no está solo en una cama y en una noche. Ahora mismo estoy desafiando el  tiempo sin dejar de pensar en él.

Será hasta el próximo cuerpo, hasta el otro día cuando los demás regresen, cuando todas las promesas que me dieron, algún día regresen….

Quizás hayan otros días de sentirme rara y donde me permita olvidar más de prisa.

Lo sé, por eso sigo sola hasta que una voz me interrumpa de nuevo.

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Próximo turno para: H – JoseLuis – Activo

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Su cama es una estación de tren donde entran y salen las mujeres…

Hoy es uno de esos días en los que me levanto raro, con el alma cansada. Si, a mi me pasa, es como si viviera en una burbuja o estuviera todo el día masticando “marijuana” y de pronto despertara y lo viera todo claro…esto no tiene sentido. No tiene sentido que nos despertemos todos los días a la misma hora para hacer lo mismo, como el día de la marmota pero a lo bestia (aquella gran película de Bill Murray, ¡que tiempos aquellos, ay!). Hoy es de esos días en que me pregunto si merece la pena estar media vida estudiando para poder estar la otra media trabajando y si merece la pena pasar por la tierra y no hubiera sido mejor nacer en el cielo. A mi me dura hasta que me encuentro con mi pareja que en estos momentos es quien da sentido a mi vida (¡Felicidades!, su cumpleaños es el jueves), es mi burbuja. Pero, ¿y cuando no tenia a esa persona?, cuando no tenia esa persona esos días se pasaban mas largos, pero me hacían pensar. Pensar en las cosas buenas y las cosas malas de la vida, en los pros y los contras de las cosas y al final acabe buscándole el sentido a cada uno de los argumentos contrarios que me encontraba por la vida. Es un ejercicio mental que recomiendo y que no solo desarrolla la única neurona que nos queda, por culpa de la polución, los rayos uva y el efecto invernadero, sino que nos permite posicionarnos en cualquier conversación poniéndonos en el lugar del otro. La única pega es que tiende el hombre, como humano que es, a sacarle punta a todo y mi inconciente limo el invento y solo ejercitaba la mente con aquello que me entretenía. Por ejemplo ves al típico guaperas en la playa en Ibiza que seguro que su cama es una estación de tren donde entran y salen las mujeres, y piensas que harías tu si fueras el para no ser solo eso, un muñeco, que situación podría darse para que tu tuvieras ese cuerpo pero a la vez fueses una persona con principios, lo triste es cuando certificas que era como tu pensabas.

Pero en definitiva para que no te guste algo tienes que conocerlo, por lo menos en este planeta y no lo digo yo, creo que lo dijo Einstein, aquello de “Al hombre dile que la Tierra es un planeta dentro de un universo con muchísimos planetas y se lo creerá, ahora dile que ese banco esta pintado y hasta que no lo toque no se lo creerá”.

¿El dinero y la fama dan la felicidad?, ayudan a conseguirla ¿pero a cambio de que?. No señores no se engañen que nadie da algo a cambio de nada, ni cuantificable ni sentimental. ¿Alguien ahí fuera cree en los políticos?, claro pero en sus políticos, los del partido contrario ni son políticos ni son nada ¿no?, todo depende del cristal con que se mire. Tenemos que dar gracias a dios por tener nuestro propio cristal con el que mirar. Pasan las horas y encuentras sentido a todo, conectas la televisión, ves lo que hay ahí fuera y dices, tengo todo cuanto deseo. Pero no me hagan mucho caso, porque ya les digo, hoy es uno de esos días en los que me levanto raro, con el alma cansada.

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Qué coincidencia aquello que sentíamos.

POR C – 08SANDRA – ACTIVO

Qué coincidencia aquello que sentíamos, así empezó la historia pero María se volvió a equivocar… comienzo por el principio:
María, debido a su trabajo frecuentaba los mismos hoteles y casi los mismos restaurantes donde comía cuando acudía a otras ciudades para realizar su trabajo. A veces, eso era conveniente y otras no, conveniente por una parte porque al conocer a los dueños podía obtener algún que otro descuento en la factura de hotel y por otra parte inconveniente porque según en qué ciudad o pueblo era asidua a un hotel o restaurante la gente, que siempre las hay, al desconocer a lo que se dedicaba, pensaban que los largos ratos que pasaba en la cafetería del hotel terminando sus reportes diarios antes de subirse sola a la habitación, era porque buscaba algo…

María tomando su café

María tomando su café

María era representante de una empresa de bebidas, se pasaba el día visitando tiendas, bares, restaurantes, hoteles, cadenas de alimentación… y al llegar la tarde tenía que hacer un resumen del día para enviarlo a su empresa a final de cada semana, ella en vez de subirse a la habitación pues le aterraba la soledad, se quedaba en cualquier mesa de la cafetería del hotel donde estuviera alojada, rellenando sus papeles, haciendo alguna que otra llamada y preparando el trabajo para el día siguiente, siempre con su café con leche sin azúcar, saboreándolo lentamente, como si fuera su último café,  y atenta a su trabajo sin reparar en su alrededor.
Cuando esto lo hacía en una ciudad, nadie reparaba en ella, todo el mundo iba a lo suyo, pero cuando esto lo hacía en un pueblo, la gente la miraba, y cuchicheaba sin que ella se diera ni cuenta.
En esta ocasión María estaba en el típico pueblo de machos, que las mujeres estaban en casa cuidando de los niños y haciendo la comida y ellos en la cafetería o bar del hotel del pueblo, solía ir a ese hotel porque tenía buen precio, le cogía a mano de varios pueblos cercanos, no tenía que andar trasladándose a lo largo de la semana y a los dueños cada vez que iba les metía un buen pedido, que por supuesto repercutía en sus beneficios.
María solía hacer siempre lo mismo, por la mañana temprano tomaba en la barra un café con leche sin azúcar y salía pitando para empezar la jornada,  a mediodía comía donde le pillara y no regresaba al hotel hasta las 7 o las 8 de la tarde, hora en la que preparaba los asuntos para el día siguiente y después cenaba algo y subía a dormir.
Una mañana de miércoles uno de los dueños, con el que hablaba frecuentemente y con el que tenía más confianza, le preguntó si esa tarde volvería a la misma hora de siempre, ella que no sabía por dónde iba le dijo que sí, que aproximadamente volvería a las 8, el joven no le dijo nada más. María pagó su café y se despidió.
A lo largo del día ni se acordó más de la pregunta de la mañana, a eso de las 6 de la tarde la invitaron a la inauguración de un pub y María vio una buena oportunidad para vender sus productos, pues vendía vinos sin alcohol, vinos espumosos, vinos de aguja y otros productos que podría ir introduciendo en ese nuevo pub, así que decidió ir y allí estuvo hasta las más de las 12 de la noche. Cuando se dio cuenta de la hora y pensando que al día siguiente tenía que madrugar se fue como un rayo para el hotel y directamente a su habitación a dormir.
A la mañana siguiente, uno de los camareros la saludó y le dijo que Juan (ese era el nombre de uno de los dueños) se había quedado esperándola.
Ella con cara de extrañeza le preguntó:
– ¿Cómo?
El camarero le dijo:
– Si, Juan estuvo aquí hasta cerca de las 12 pues era su cumpleaños y quería invitarte.
María entonces cayó en la cuenta y recordó lo que por la mañana le había preguntado Juan y se sintió mal por no haberle prestado atención y sólo comentó:
– Esta tarde hablaré con él, por favor dile que me espere.
Y se despidió. Durante el día no pudo quitárselo de la cabeza y a la hora de comer llamó al hotel sabiendo que Juan era el que normalmente cogía el teléfono. Lo saludó y le pidió disculpas, Juan, al oír su voz le contestó un poco contrariado pues pensó que ella lo había hecho a posta, mantuvieron una breve conversación y él le dijo: “¿es que no te has dado cuenta?”, ella no daba crédito a lo que oía y le preguntó:
-¿Cuenta? ¿De qué?
Juan, le dijo que era mejor que lo hablaran en persona, que le habían dado su recado y que la esperaría y en eso quedaron.
Cuando María colgó no sabía qué pensar, estaba aturdida, desorientada, ella con el que más hablaba era con Juan pero aunque a ella sí le gustaba, jamás había pensado que Juan pudiera sentir algo por ella.
María le siguió dando vueltas a la cabeza el resto de la tarde y pensando y pensando, ahora se explicaba algunas de las “atenciones” que Juan tenía para con ella, le había quitado de encima algún que otro moscón baboso de encima, la invitaba al café de sobremesa y pasaban mucho tiempo hablando…
A media tarde, puso una excusa y se fue al hotel, eran las 6,30 aproximadamente, Juan al verla llegar tan pronto le preguntó:
-¿Te encuentras mal?
María lo miró y tuvo que apartar su mirada de la suya porque un frío le recorrió todo el cuerpo y en ese preciso momento se dio cuenta de algo muy, muy raro:
¡Ambos sentían lo mismo! ¿Cómo puede ser? – se preguntaba para sí misma. Si hemos hablado de mil cosas, hemos comido y cenado juntos, conozco a su mujer ¿Cómo puede ser?
Pidió su llave y se fue a su habitación y le dijo:
– Ahora bajo. Juan cambió su cara y le dijo: – De acuerdo, ¿te espero y cenamos?
Ella sólo asintió con la cabeza semi bajada.
Ya en la habitación, soltó en la cama sus carpetas, sus papeles, el móvil y el portátil y se metió a la ducha, no podía quitárselo de la cabeza y no dejaba de preguntarse:
– ¿Cómo puede ser?

¡¡¡PASAJERAS al tren!!!

¡¡¡PASAJERAS al tren!!!

Ambos estaban casados y a Juan siempre lo había visto como un amigo y nada más lejos de su intención de mantener una relación con él. Mientras se duchaba, hacía un recorrido mental por el tiempo pasado con él, las risas, las bromas, los gestos, en realidad tenían más cosas en común de lo que ella quería pensar. Cerró la ducha y se dijo:
– Y ¿Por qué no? pero la duda le invadía y se preguntaba:
– ¿Será otro hombre que piensa que su cama es una estación de tren donde entran y salen las mujeres?
Para saber el final tendremos que esperar al siguiente capítulo.

Próximo turno: E – Lino – Activo

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COMUNICADO INTERNO: Saltos de turno

Como todos sabeis, tenemos la famosa lista de “Saltos de turno” penalizando a los que no avisan cuando no escriben.

Quería someter a vuestra consideración el poner una nueva regla al respecto.

Si cualquiera que esté en la lista, durante un mes, cumple a rajatabla sus turnos, ir cambiándolo de lugar de la lista o sacarlo de ella. Por ejemplo, si alguien está en la zona de peligro y durante un mes cumple, pasaría a la zona “leve”; o si está en la zona “leve” saldría de la lista.

¿Qué opinais?

De aprobar esta nueva regla, para los que ya están en ella el mes comenzaría a contar a partir de su vigencia. o sea, cuanto antes, con lo cual darme vuestras opiniones rapidito.

Saludos y Buen Fin de Semana a Tod@s!!

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Murieron ahogados en el mar

La noticia circulaba en los encabezados de algunos periódicos locales de la zona. “Murieron ahogados en el mar”. La noticia más que grave, sonaba a un chisme morboso con aires de consumo. No era la primera ni la única de su especie en este poblado, pues me encuentro relatando la historia de una aldea cercana a la costa, un mar muy bravo en la época de verano.

Eran entonces las 9:00 am cuando me acerqué al puesto de periódicos, como periódicamente lo hacía en períodos cortos. Las elecciones intermedias, un fracaso rotundo al partido que actualmente ocupa el poder; el ejército llamado a declarar sobre crímenes y atentados a los derechos humanos de civiles; el narcotráfico se apodera del estado colindante; crisis en el sistema de evaluación educativa…

Daba unos sorbos al jugo de naranja que había adquirido dos locales antes de llegar a donde me encontraba. Noticias de espectáculos en aquel diario y lo más relevante del deporte en este otro. Los diarios de noticias morbosas normalmente escapaban a mi atención, pero al leer los preliminares y observar unas fotografías anexas, me interesé tanto en la noticia que no pude resistir a comprarlo.

Con pena e inseguridad lo doblé y miré a mi alrededor, como quien compra marihuana o una revista pornográfica. Llegué a mi casa y abrí el informativo que acababa de comprar, qué pésima redacción, me molesta que la gente cobre dinero por productos de tan poca calidad. La noticia, las circunstancias, el número de personas involucradas, las fechas citadas, los lugares… ¡rayos! No quiero pensar mal, pero parece que se trata de un accidente del cual yo tengo conocimiento.

Marqué sin pensarlo dos veces el número telefónico de mi amiga, una chica guapa, dos años menor que yo, quien me había comentado de una expedición a la que acudirían varios amigos de ella pero que, por ciertas circunstancias, la chica en cuestión se vio imposibilitada para acompañarlos. Después de saludarnos con un poco de hielo y de manifestarme su extrañeza por esa llamada matutina, procedí a preguntarle acerca del viaje ese que me había comentado. Todo normal, hasta ayer en la tarde ella había tenido comunicación con los muchachos que habían partido del pueblo una semana antes y recorriendo algunos cientos de kilómetros mar adentro, a una isla cercana, centro de atracción para los adolescentes de todos aquellos rumbos.

No me pareció ni tantito apropiado comentarle acerca de la noticia periodística, quizá me tomaría mi presentimiento a mal. Aproveché sin embargo la oportunidad para invitarla a tomar una bebida en la tarde, a lo que ella titubeó por un momento pero quedó de confirmarme en el transcurso del día, para ver si lograba terminar todos los asuntos de su agenda familiar.

Coincidencias, pensé.

Conforme pasaron las horas comencé a olvidarme del asunto del periódico y emprendí mi vida cotidiana de la forma más normal que se pueda suponer. Me entretuve un rato en el carro, limpiando el polvo provocado por la brisa de la noche anterior y aprovechando para componer algunos desperfectos del audio, ya que de las cuatro bocinas que tenía no hacían una sola. Escuchando radio recostado en mi hamaca dispuesto a tomar una buena siesta, sonó el móvil un par de veces, anunciando la entrada de un mensaje de texto.

Karla, se me vino a la mente el nombre de mi amiga de la mañana.

Había dado por fallido mi intento de estar a su lado el día de hoy. “Todo salió como esperaba, que te parece si nos vemos ahora? Saludos!”. Se me abrieron los ojos al leer sus líneas, era una respuesta que no me esperaba y menos ahora que estaba a punto de dormir. Enseguida marqué su número y fue como supe que estaba cerca de mi casa, a escasas cuadras y que si quería podía pasar por mí o llevar algo para tomarlo juntos.

Coincidencias, volví a pensar.

La cité en mi casa en veinte minutos, sirviendo en aprovechar el tiempo para ducharme y ponerme una buena ropa, no quería que me encontrara sucio y maloliente. Un poco de refresco y botana estaría perfecto, la verdad es que sólo quiero platicar contigo, le contesté. Me metí algo nervioso al baño por la cuestión del tiempo, lo cierto era que tampoco quería hacerla esperar mucho, así que traté de ajustarme a los escasos minutos que me quedaban. Una camisa bastante informal que tenía planchada y un pantalón holgado era lo primero que tenía a la mano y concluí que era perfecto para la ocasión que se avecinaba, loción de la más fresca en el cuello y un poco de gel en el pelo. Estaba listo para recibirla.

Bajé las escaleras un tanto apresurado creyendo que a lo mejor ella estaba afuera y llevaba ya rato esperando a que la encontrara así que abrí la puerta y eché un vistazo a todos lados… nada por este lado… nada por este otro… Me metí y revisé mi móvil, quizá me habría llamado. Nada de mensajes y ni una llamada perdida. Mi periódico, ¿dónde diablos dejé mi periódico?

¿Estás esperando a alguien más?

Brinqué y dirigí la mirada hacia el sillón apartado que se encuentra a un costado del comedor. Me quedé sin habla al corroborar que era Karla la persona que se encontraba sentada al fondo de esta fría habitación. Vestía una falda bastante corta, por lo que naturalmente mi mirada se enfrascó en sus bien torneadas piernas. Una blusa sin mangas y un collar bastante sencillo y mi periódico doblado y tomado por su mano derecha, la otra acariciando su rostro y su mirada clavada en la mía, por lo que seguía cada movimiento de mis ojos, apenándome por mirar su cuerpo sin discreción.

Ella había entrado en mi casa y no me había dado cuenta. La verdad es que se me había hecho algo así como una fantasía sexual el pensar que estaría sola conmigo en mi casa y que la podría poner a mi completa y libidinosa disposición. Pero parecía haberme leído la mente y querido anticiparse a los planes de mi perversión. Era ella de ese tipo de mujeres que enganchan todo menos el corazón. Con ella había soñado situaciones de poca ropa y mucho calor. Y heme ahí, con ella, solos en mi casa. Vuelvo al inicio de este párrafo: ¿Cómo entró a mi casa? Era lo de menos, ya estaba ahí y me estaba mirando con unos ojos que no parecían de amigos comunes, más bien felinos a punto de acechar a su presa. Era una mirada mezcla de inteligencia con perversión, dueña de un deseo que sólo yo era capaz de adivinar y contemplar.

Traté de tomarme las cosas, si no era posible con calma al menos con seguridad e improvisación de tener el control de la situación. Me gustaría suprimir el ritual del enamoramiento, del encanto, de la conquista. Me gustaría quitarle ese pedazo de cinta a la película o esas páginas a la novela e ir a lo que el instinto llama. Pero no conocía los resultados de mis anhelos, también quería que ella se entregara con la misma pasión que yo. En realidad, no era bueno para el ritual del cortejo, no me gustaba caer en la cursilería de demostrar afecto antes que deseo, antes que demostrar mi propio impulso sexual. Y fue como bajé la mirada a la sombra que se asomaba entre su prenda y sus muslos juntados, miré a los lados y la miré a los ojos, me acerqué poco a poco y estando frente a ella le ofrecí mi mano para que se incorporara, al hacerlo me rodeó con sus brazos y comenzamos a amarnos.

Qué coincidencia aquello que sentíamos.

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Nos dejamos caer abrazados en el suelo.

Ya casi eran las doce de mediodía, cuando los dos compadres se encontraron en aquel café. Elpidio se miraba sorprendido por la respuesta que su compadre le había dado por la pregunta que él le había hecho.

 

-No, compadre es imposible, me estaré volviendo loco. Te puedo jurar que el demonio estuvo aquí, ha estado conmigo durante casi toda la mañana, hemos conversado y llegado a conclusiones bastante buenas.

 

–         Todo estaba en tu imaginación compadre, pero yo no vine para hablar de su locura, lo que vengo a ver es  ¿Por qué tiene usted dos días sin ir por sus hijos a mi casa? ¿Qué ha hecho compadre? ¿Dónde ha andado?

–         ¿Dos días? Pero, si los he visto ayer en mi casa.

–         Mire compadre cálmese, explíqueme bien que pasa. Usted le dijo a mi mujer que mi comadre se había ido, que lo había dejado. Ellos ahí han estado esperándolo, pero no nada mas ellos también sus padres compadre. Me dijeron que cuando llegaron a la ciudad y al ver que usted no iba por ellos, se fueron a su casa en taxi, tocaron hasta cansarse y usted salio como alma que lleva el diablo en su auto. ¿A dónde iba compadre? Cuénteme todo por favor.

 

Aun un poco confundido por todo lo que estaba pasando Elpidio empezó su historia, comenzó por decirle lo del puterío y terminó con lo que había pasado ese día en la mañana…

 

                  … – y entonces compadre desperté en mi cama y  ella me trajo el desayuno a la cama, pero antes de pensar en desayunar hicimos el amor como nunca, nos dejamos caer  abrazados  en el suelo y después en la cama quedamos rendidos. No puede ser nada de eso un espejismo compadre no puede ser algo tiene que haber causado todo esto. Si no fue el demonio ¿entonces quien? Algo o alguien es el causante de todo lo que me está pasando compadre.

 

–         Compadre pero esto que me ha contado es muy grave, me está diciendo que mató a mi comadre.

–         Le estoy diciendo que no, compadre, que ella está viva, que está ahorita en mi casa.

–         OK, compadre, eso lo veremos a su tiempo, por ahora dígame ¿que se supone que le dijo el demonio?

 

Entonces Elpidio le contó todo lo que discutieron hasta lo que le dijo el diablo del Blogguercedario.

 

–         ¿El Blog que? Compadre.

–         Pues no se exactamente pero es algo así como Blogguercedario, el caso es que suena como abecedario compadre.

–         Pues no me suena nada congruente ni conocido lo que me dice compadre.

–         Ve compadre, eso es lo que le quiero decir, a mi no se me pueden ocurrir esas cosas así, tiene que haber algo o alguien que haya hecho esto, ya que dice que el demonio no estaba aquí. A menos que solo yo lo haya mirado compadre.

–         Mire compadre, yo quiero ayudarlo, de verdad, pero entonces necesito informarme más de lo que esta pasando. Vaya usted a su casa, asegúrese que su mujer todavía esta viva y yo iré en cuanto vea alguna solución a su problema, los niños todavía se pueden quedar en mi casa, también sus papás

–         Ya verá compadre, ya verá que tengo razón.

 

 

Se despidieron los dos compadres, Elpidio salio apresuradamente del café, Chencho se quedó pensativo:

 

            -Espero que mi compadre no esté loco, no creo que lo esté, por eso antes de mandarlo con un psiquiatra voy a investigar en Internet esto que está pasando.

 

Salió y se dirigió a un ciber que estaba en la otra calle.

 

Mientras tanto, Elpidio descubría lo que tanto temía. En su casa no había nadie, en la cochera aun estaba el manchón de sangre que no había podido quitar hacia dos días.  Todo le venia a la mente de nuevo, la escena de su mujer con el del agua, el momento que hizo que el se desquiciara y la matara. No había nadie, se sentía solo, se sentía impotente, mas de lo que estaba, maldita sea se estaba volviendo loco.

 

No tardarían en dar con el, la policía ya ha de haber encontrado el cuerpo, en cualquier momento llegarían y el ahí estaría para irse a la cárcel. ¿Qué mas le daba ya? Todo estaba perdido, nada se podía hacer, Elpidio Obeso terminaría en prisión. A lo mejor ese era su destino.

 

–         ¡Nooooo! No puedo estar loco, alguien o algo tiene que manejar mis actos, mi mundo, mi todo, no puede ser que todo esto me pase a mi, tiene que haber algún responsable y ese no soy yo.

 

El sueño lo venció y durmió placidamente durante mucho tiempo. Los golpes a la puerta lo despertaron. Despertó asustado, pensando que era la policía que venia por el. Se dirigió a la puerta, entonces pudo darse cuenta que era su compadre lo que lo hizo relajarse un poco.

 

–         compadre, ¿Qué pasa? ¿Por qué toca de esa manera?

–         Compadre, tiene que ver esto.

–         ¿Ver que cosa compadre? Pensé que era la policía.

–         ¿recuerda lo que le dije en la mañana que le investigaría lo que estaba pasando con usted?

–         Pues si compadre, pero la verdad no veo como pueda ayudarme o ver que pueda pasar. Me estoy volviendo loco esa es la única realidad.

–         No compadre, yo también creía eso pero no, no esta usted loco.

–         ¿entonces compadre?

–         Venga compadre, acompáñeme al ciber café que le tengo que mostrar algo.

–         ¿al ciber café? ¿Que tengo que hacer en un ciber?

–         ¿Recuerda esa palabra difícil que según usted el demonio le mencionó?

–         Si el tal Blogguercedario o no se que cosa.

–         Si compadre eso, es Blogguercedario compadre y tiene que ver lo que encontré.

 

Se dirigieron los dos velozmente al ciber más cercano de la casa de Elpidio. Chencho pidió algún ordenador disponible y empezó a teclear una dirección en Internet. Ahí apareció lo que el diablo había mencionado, le mostró algo que Elpidio casi caía para atrás.

 

-Compadre ¿le parece conocido esto?

– ¿Q- que es esto compadre? ¿Cómo supo esta persona lo que me estaba pasando compadre?

– Lea y fíjese como cuenta esta persona cada cosa que usted ha hecho e incluso mire aquí, aparece el diablo tal y como usted me lo contó y la ultima frase es la que yo le dije ahora en la mañana.

– Pero entonces ¿que pasa compadre?

-Aquí tiene la respuesta compadre, aquí la tiene, usted quería que alguien fuera el causante de sus problemas y pues se le ha concedido.

– ¿quiere decir que este escritor de aquí ha escrito todo lo que he hecho y Hare? Entonces ¿Por qué no hay nada de lo que estamos haciendo en estos momentos?

– Porque a lo mejor en estos momentos lo esta escribiendo compadre, por eso no aparece todavía.

– ¿Me está diciendo que soy un personaje de una historia por Internet?

– No nada más usted compadre, todos los que estamos cerca de usted también. Mire, aquí le ponen comentarios, entonces los demás leen lo que el escribe, es por eso que el demonio le dice a usted que a lo mejor a los del Blogguercedario usted les cae mal.

 

–         Entonces ¿esta persona ha sido el causante de que haya matado a mi esposa, de que no se me pare, de que mis padres me hayan puesto este nombre de mierda?

–         Si compadre, somos personajes de todas esta historia.

–         Pero en alguna parte del mundo tiene que estar esta persona, ¿y si vamos y le doy su merecido por jugar con nuestras vidas? Esta persona bien pudo haberme hecho bueno y exitoso, no así, no un asesino compadre.

–         No podemos compadre no podemos, está en México.

–         Pues vamos compadre vamos, tiene que aclararme muchas cosas ese tal, ¿Cómo se llama?

–         Cuauhtemoc compadre, dice aquí. Pero ni siquiera sabemos en que país o ciudad estamos compadre.

–         Pues lea ahí, vea en que parte de este mundo existe nuestra ciudad. Porque si hay Internet no podemos estar tan alejados de la civilización.

–         ¿Pero no ha comprendido compadre? El ha puesto todo esto aquí, si el quiere ahorita nos da un infarto y se nos acaba la historia.

–         Pues seria mejor un infarto a estar sufriendo de por vida en la cárcel por culpa de un maldito que por tal de quedar bien con sus compañeros me ha desgraciado la vida.

–         Tiene razón compadre, vamos al aeropuerto, vamos a buscarlo y a pedirle cuentas, pero no podemos matarlo compadre, nos rebajaríamos a su nivel.

–         Esta bien compadre solo quiero que me responda cosas, quiero que me solucione esto que me está pasando.

–         Compadre pero ¿se ha puesto a pensar que así como nosotros somos unos personajes de historieta pueda ser que alguien también este escribiendo que el esta escribiendo nuestra historia?

–         ¿Usted se refiere a que todo lo que pasa en este mundo sea solo una historia escrita por alguien con muchos personajes?

–         Algo así compadre algo así. Pero pues vamos, yo lo apoyo en lo que decida. Vamos a México.

 

 

Y así, nuestros personajes se dirigieron al aeropuerto, tomaron un avión a México.

 

Todo marchaba excelente, todo iba bien, pero no se supo de donde vino la turbulencia que sacudió aquella aeronave, pero se fue directo al océano, nadie sobrevivió, nuestros personajes murieron ahogados en el mar.

 Proximo turno para: X-mosquitovolador

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Los amantes del círculo polar.

Por R-Gorio-Activo

Mientras el film, Los amantes del círculo polar, se deslizaba ante nuestros ojos, notaba el cuerpo de Sara junto al mío, cobijado bajo mi brazo izquierdo. Su suave y hermosa melena morena, me acariaba el rostro.

Empezamos a entrar en calor. Todavía no podía creerme que ella estuviera allí conmigo. Comencé a besar sus labios muy despacio, saboreándolos. Siempre me había gustado besar, y ella había nacido para que la besaran.

Ella me correspondió abriendo su boca invitándome a un contacto más profundo, y yo no dudé ni un segundo en asaltarla con mi lengua. Tenía hambre de Sara.

Mi mano derecha  se deslizó por su brazo izquierdo hasta que llegó a sus dedos, entonces, su mano apretó la mía con fuerza. Se desató la pasión, y nuestros besos se tornaron en un torbellino de sensaciones.

Caímos al suelo porque nuestros movimientos no tenían ya un orden lógico, y nuestras ropas empezaron a volar por toda la estancia. Hacía demasiado calor, a pesar del frío ártico que reinaba en el exterior.

Se puso encima  mía y mientras me clavaba sus uñas en el pecho,  contemplaba como su pasión subía en intensidad. Yo apretaba sus nalgas con fuerza y con suaves movimientos la atraía hacia mis caderas. Ella parecía experta en el tema,  porque su cintura comenzó a contorsionarse de un lado para otro y de adelante hacia atrás, de un manera casi salvaje, cosa que me encantaba.

amor, parejas, amantes

Los gemidos inundaban toda la casa y el sudor corría por la madera. Nuestros cuerpos eran uno y nos devorábamos sin contemplaciones.

_ Te amo, Gorio, te amo…, me dijo de repente.

_ Y yo a tí, Sara, le contesté.

El climax fue tan intenso que ambos gritamos casi llorando, y nos dejamos caer  abrazados  en el suelo.

Próximo turno para: W-Cuauhtémoc-Activo

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