Archivo diario: 19 junio 2009

La mujer es compleja, pero el hombre es simple

– Eh, Jordi, las nuevas remesas acaban de llegar al almacén.
– ¡No fastidies! ¿Son muchas?
– Dos camiones. Los están descargando.
– ¿En serio? A que me van a jorobar la salida a la playa…
– Bueno, igual entre hoy y mañana nos lo quitamos de encima
– Sí, claro, muy optimista eres tú, Belén. La última vez nos tocó hacer horas extra para acabar a tiempo. Mira que han tenido tiempo de mandarlas, y tenían que llegar hoy. ¡Vaya mierda!
– Venga, Jordi, tranquilo, que si nos ponemos con ganas lo montamos todo pronto.
– Sólo espero que no vengan con complementos.
– Me temo que sí, que traen complementos.
– ¿Cómo lo sabes?
– Porque estaban bajando cajas más pequeñas.
– ¡Mierda!… ¡Mierda!
– Ea, es lo que hay. Si a mi también me fastidia, pero si me pongo a renegar no se soluciona el problema.
– Mira, Belén, hazme un favor, por lo que más quieras. Yo monto cabezas, brazos y piernas y tú les pones los vestidos y los zapatos.
– Sí, claro, no te pases de listo. Lo más costoso para mí. ¡Ni hablar!
– Es que si me pongo yo con eso no terminamos ni la semana que viene.
– Pues nos vamos turnando. Venga, baja conmigo al almacén, que ya han descargado. Cuanto antes empecemos, mejor.
– Maldita sea mi suerte. Un día me voy a ir a donde yo me sé.
– Sí, como no sea al paro no sé dónde te vas a ir tú.
– Qué peste a gasoil hace aquí. ¿Por qué no paran los motores mientras descargan?
– Porque descargan en un abrir y cerrar de ojos, sin quejarse. No como otros…
– Mira, ¿lo ves? La primera caja que veo y cómo no, ¡¡de complementos!! ¡La madre que los parió!
– Venga, me pongo yo a abrir cajas y tu lo vas sacando todo de las bolsas.
– Sin mandar, ¿eh?, sin mandar.
– Mira, ¿ves?, van a ser de las fáciles, piernas blandas, brazos blandos… De las que te gustan.
– Sí, pero la cabezas blandas no son tan fáciles, a mí se me desmontan, prefiero las cabezas duras.
– Leches, Jordi, mira que eres renegón.
– ¡Mira! ¡No te digo! ¿Lo ves?
– ¿Qué pasa?
– Mira lo que traen estas cajas: bolsos, collares, monederos, espejos, zapatos… Yo paso de ponerles todo esto.
– ¡Ja!, Allá tú. ¿No querías salir temprano mañana para la playa? Pues tú mismo.
– Si es que estas minucias me ponen de los nervios. Las niñas se van a hacer tontas con estas muñecas repipis.
– Venga ya, Jordi, por favor. Y cuando llegaban aquellos soldados con fusiles, con pistolas, con casco de camuflaje, con cantimploras… ¿eh? ¿no era lo mismo?
– Belén, tía, no me vayas a comparar. Las metralletas se colgaban al cuello y punto pero aquí el espejito a la manita, el bolso a la otra manita, la diadema en el pelito… ¡Vaya pérdida de tiempo!
– Tú lo que eres es un misógino.
– ¿Qué me has llamado?
– Mira, cállate que no tengo ganas de discutir.
– Lo que pasa es que no lo quieres reconocer, Belén, pero es verdad. Que las muñecas siempre nos dan el doble de trabajo. Cuando llegan muñecos es otro cantar. Se montan enseguida. Y en la vida real, igual, las mujeres sois la mar de complicadas, nosotros funcionamos sin tanta chuminada.
– Que te calles ya, machista.
– No, realista.
– Yo ya he abierto las cajas. Empiezo a montar.
– Y os montáis siempre cada problema en la cabeza. Yo alucino.
– ¿Problemas? Yo no tengo ninguno
– Pues mi mujer, mogollón. Yo llego a casa y con una cerveza y la tele soy feliz, y ella lo tiene todo y nunca está contenta. El hombre sólo pide que no le mareen y la mujer sólo quiere que marear. ¿Es o no?
– Vale, vale, lo que tú quieras. La mujer es compleja, pero el hombre… es simple!! Y eso es muchísimo peor.
– ¿Lo ves? Te molesta la verdad.
– ¿La verdad? Para que supieras tú la verdad te tendrían que desmontar y montar otra vez. ¡Y ponerte una cabeza nueva!
– Oye, oye, no te pases. Ni que fuera yo un muñeco chorra… ¡Mierda!
– ¿Qué pasa ahora?
– Son de cabeza blanda ¡No puedo con las cabezas blandas!

 

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