Había que haber estado allí para vivirla

Había que haber estado allí para vivirla, le decía una y otra vez Nuria a su desconsolada amiga Blanca, pero Blanca no tenía consuelo, acababa de enterrar a su tía Manuela, hermana de su padre, la única que de pequeña había jugado con ella, la había disfrazado de todas las princesas de cuentos y la había hecho sonreír en su malos momentos. Lloraba y lloraba, su amiga Nuria ya no sabía qué hacer, le preparó una infusión y Blanca se recostó en el sofá, quedándose un poco tranquila.
Cuando despertó y estuvo un poco más tranquila le contó la historia de su tía Manuela:
Cuando yo era pequeña, comenzó Blanca, mi tía Manuela estaba soltera y mis padres siempre me dejaban a su cargo, ella que cosía muy bien siempre me hacía disfraces, jugaba con mis amigas como una más de nosotras y siempre estaba ahí para ayudarme.
Sin embargo, un día llegaron unos sanitarios a su casa y se la llevaron a un manicomio. Nadie en el pueblo se sorprendió y nadie lo sintió, sólo yo que vi con mis ojos cómo se llevaban a mi amiga de juegos y no entendía nada.
Los más viejos del pueblo contaban que a Manuela le gustaba disfrazarse y vivir se sus fantasías, no quería hacerse mayor, cuando fue mayor, no quiso trabajar, no tenía casa y no hacía nada, salvo jugar y fantasear. Sus padres y hermanos siempre cuidaron de ella, pero una vez muertos los primeros y cansados los segundos, Manuela se quedó a vivir sola en la casa familiar y lo único que hacía era pasearse por el pueblo disfrazada, convirtiéndose en la comidilla de los vecinos que hablaban de ella y de su familia, pues al tener escasos ingresos, la ropa que llevaba era de hacía 30 años y que ella misma remendaba una y otra vez.
Un día Manuela, se plantó en la plaza del pueblo y anunció a bombo y platillo que se había casado, todos salieron a las puertas de sus casas y se reían de ella, preguntándole ¿Dónde está tu marido? ¿Cuándo vamos a conocerlo? a lo que Manuela les contestó: -” El amor verdadero no puede verse”.
Todos se reían, incluidos sus hermanos, todos menos Blanca que se fue a darle un abrazo, estaban las dos riéndose cuando su padre la apartó bruscamente de Manuela y se la llevó a casa, avergonzado por la situación.
Días después y viendo sus hermanos que seguía diciendo que se había casado y que compraba comida para dos, decidieron ingresarla en un manicomio. Manuela, nunca más volvió al pueblo.
Quince años después una llamada de teléfono a casa de Blanca les anunciaba que Manuela había fallecido y que los familiares tenían que hacerse cargo del cuerpo y de las pocas pertenencias que tenía.
Blanca, que siempre la tuvo en un buen recuerdo decidió acompañar a su padre y tíos. Mientras que ellos reconocían el cadáver a Blanca le dieron una pequeña caja con las pertenencias de su tía. Blanca la abrió y entre las cosas, que eran pocas, había una foto suya de niña y una carta de despedida.
En la carta explicaba que, tras años de tratamiento, pastillas y soledad, sabía que había vivido en una ensoñación y que ahora, pasados los 70 años sabía que conocía la realidad. También sabía que no tenía un marido alto y guapo y que por el aplastante peso de soledad y tristeza decidía dejar este mundo porque no soportaba su gran tristeza.
Su carta terminaba pidiendo perdón por la carga que había supuesto para sus padres y hermanos y agradecía sus cuidados y le mandaba un beso a Blanca deseaba que le hubiera ido bien en la vida.
Tras escribir su carta, ató una sábana al techo de su habitación y dejó caer su cansado cuerpo, oprimiendo su garganta hasta morir.

Próximo turno: A – Codeblue – Activo

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10 comentarios

Archivado bajo Sandra

10 Respuestas a “Había que haber estado allí para vivirla

  1. N - Sonvak - Activo

    La espera ha valido la pena. Me ha gustado mucho tu relato, casi me imagino todo un libro basado en esta historia. En poco me has hecho sentir cerca de Blanca y su tía Manuela…

    Viva la locura cuando provoca felicidad!!!

    Un beso…

  2. Pingback: Bitacoras.com

  3. Unsinagawa

    La historia me es muy familiar, es como una vieja historia de pueblo: como el puerto de San Blas, la canción de Maná. Ella espera un amor imaginario. Construido en su locura pero también en sus momentos de lucidez: un amor impecable. Un 10 para tu relato.

  4. Fascinante relato aunque con la amargura de Blanca por el sentimiento de no haber hecho lo suficiente por su tía, por esos momentos de lucidez que salpicaron su vida de locura.

    Preciosa historia que da para un libro entero.

    Besitos

  5. Espectacular, me encantó.. La historia es hermosa y conmovedora, y tristísima. Buenisimo!

  6. Me ha gustado la historia.
    Pero no me ha gustado el final. A mí me gusta que las historias acaben bien.
    Felicidades por el relato.

  7. Z - Gorio - Activo

    Bonita historia, me ha gustado.

    Saludos.

  8. Me gusta mucho tu historia, ese sentimiento que le implantas es realmente divino hace que quiera leer mas y mas como dicen mis compañeros espero que se nos haga leer un libro sobre esta historia.

    Saluditos

  9. Gracias a tod@s por vuestros comentarios.
    Aspective, a mí también me gustan los finales felices, pero esta historia como tantas otras no lo tuvo, lo siento.

    08Sandra

  10. Thank you. Hand your health…

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