Archivo diario: 27 mayo 2009

Como que me llamo Aspec que este viernes arderá Troya!!!…

El grito de Aspective se hizo escuchar sobre el constante y uniforme murmullo de la sala. Sus compañeros de clase lo miraron arqueando las cejas; algunos rieron, burlándose por aquella anticuada expresión (“¿este viernes arderá Troya?”, ¡vamos!), otros, se sonrieron socarrones, pensando cuán ridículo era el tipo.

¿Saben? El murmullo de una clase llena de estudiantes es un fenómeno curioso: si se está dentro de él, casi se deja de escuchar: se convierte en una especie de zumbido irreconocible dentro de la cabeza al que simplemente se ignora. Sólo si queremos distinguir una voz de la masa murmurante, y nos concentramos, el timbre deseado resaltará y lo escucharemos por sobre los otros. Pero las demás voces…es como si mascullaran en un idioma desconocido. Sin embargo, hay veces –pocas, pero las hay- en que una voz se hace más fuerte que las otras, a veces de forma paulatina, a veces de golpe. Esta vez, había sido paulatinamente: Aspective había comenzado a hablar con sus amigos sobre la fiesta que organizaría el viernes, y por alguna razón el ruido se había ido acallando…En cierto momento, solamente quedó él, con su voz estridente y ronca, intentando hacerse oír ante el silencio.

— ¡Oye, Aspec!—llamó un chico, desde la última fila. Era alto, rubio, y jugador de basketball: el típico chico popular que se pasa las horas molestando y solo pasa de grado por sus buenas notas en gimnasia y, claro, porque el 80% de los profesores son mujeres –vale agregar, mayores y divorciadas, quién sabe por qué-.

Aspec volteó, sorprendido y emocionadísimo. ¡Era la primera vez que alguien popular le dirigía la palabra en sus seis años de secundaria! Tan emocionado estaba que casi se orina en los pantalones. Aunque, bueno, incidentes como ese eran frecuentes en él, igual de frecuentes que sus ataques de pánico en las clases de biología cuando alguien hacía la más mínima mención a las arañas o cualquier subespecie de artrópodo, o que sus bronco-espasmos cuando le hablaba alguna chica.

— ¿Vas a hacer una fiesta o que?—se burló el chico guapo (no Aspec). Aquel se acomodó los anteojos y asintió fervorosamente. La clase estalló en carcajadas.

— ¡Bueno, bueno, bueno, clase!—la cincuentona pedagoga salió de su ensimismamiento y, tras tomar un sorbo de café, bramó:

— ¡Se me callan todos o los repruebo, manga de pendejos!

Los chicos se calmaron, aunque no tomaron en serio la ridícula amenaza.

—Ángel, chico—la profe se refería a Aspec. — ¿Qué es eso de que vas a hacer una fiesta?

Aspective sonrió de oreja a oreja, y los asimétricos rasgos de su cara se volvieron incluso más desagradables.

—Vamos, hijo—reprobó la vieja mujer. —Sé realista. Tu sacas puro 10, eres un empollón y encima socialmente retardado. ¡Nadie va a ir!

Tras un nuevo estallido de risas, Aspective se largó a llorar desconsolado.

— ¡El nene está triste!—exclamó el chico de la última fila. La profesora también se rió, señalándolo con el dedo.

— ¡Pues yo creo que sí va a ir mucha gente!

Silencio. Aspec levantó la cabeza para mirar a quien lo había defendido por primera vez en su vida.

Una chica, de mejillas sonrosadas, dos coletas a los lados de la cabeza y el uniforme perfectamente arreglado, estaba al borde de las lágrimas, furiosa.

—No los escuches, Ángel. Tu fiesta va a ser un éxito.

—Vaya…—estaba casi sin habla, el desgraciado. —Gra-gracias Montse.

—¡La Montserrata esta enamorada de Aspec!—intervino de nuevo el rubio, y la clase (como una enorme sustancia homogénea, como un terrible monstruo sin cara ni personalidad) volvió a unificarse en una sola risa maligna y burlona.

Pero ellos…ellos no escuchaban. Solo se miraban, sin ver nada más.

Próximo turno: K – Alejandro Marticorena – Activo

Salta turno a: J – Lustorgan – Activo

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