Archivo diario: 26 mayo 2009

O quizá nunca escapé de allí…

Mi mente volvía una y otra vez a aquel momento, y yo no dejaba de pensar que, o me estaba volviendo loco, o quizá nunca escapé de allí.

Aquella habitación me había atrapado. Aquellas cadenas habían sujetado mi cuerpo desnudo. Aquella mujer… ¿qué podía decir de aquella mujer?, aquella mujer que yo había creído como las demás, pero que en unos minutos había echado por tierra mis ideas preconcebidas con respecto al sexo débil.

Me encuentro en un estado confuso. No sé como actuar con ella, pues tengo claro que las estrategias que con otras mujeres han dado resultado, con ella no me servirán de nada. Y sin embargo quiero hacerla mía. Supone un reto el seducirla, el poseerla, el sumergirme en esa pasión de la que hizo gala dentro de aquellas cuatro paredes.

Esta semana ha sido una locura. Verla en la oficina, fingiendo indiferencia, aparentemente fría y controlada… Ese control que sé como vencer para ganarme el estar atado a unas cadenas, o una furiosa bofetada. Ese control que quiero echar abajo pero con beneficios mucho más gratos para ambos.

Mientras la contemplo mi mente no deja de imaginarla desnuda, adivinando sus formas bajo la ropa. Mi imaginación me traslada una y otra vez a aquella habitación, pero nadie está encadenado mas que por los brazos del otro.

Solo hay algo que me distrae… que me aleja de tan calientes pensamientos… y es mi hermano gemelo. Después de seis meses sin dar señales de vida ahora se le ha dado por aparecer… y me está complicando la vida. Somos iguales como dos gotas de agua, físicamente hablando, y eso me ha metido en problemas más de una vez. El otro día se pasó por la oficina… para darme la sorpresa de su regreso; eso no sería problema… el problema es que se ha enamorado de una de mis compañeras, precisamente una que parece tener bastante relación con la que es causante de mis desvelos… y ahora se dedica a enviarle flores… y a romperme la cabeza a mi haciendome preguntas sobre ella. Y yo no estoy para charlas. Mi mente está concentrada en Montse.

La impaciencia me está devorando y la noche del viernes parece demasiado lejana, pero tampoco quiero volver a provocar otra escena en la oficina… Quiero que se relaje, que se sienta confiada, que baje la guardia hasta el punto de que no se sienta amenazada ante la idea de hablar a solas conmigo.

Como que me llamo Aspec que este viernes arderá Troya!!!…

Próximo turno para: M – Daniela – Activo

 

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Un lector de periódicos no un gran navegante

Sí, soy un lector de periódicos, un espectador de televisión, adorador del sofá y arriesgado jugador de naipes. No, no soy un gran navegante, ni escalador, aventurero o explorador. Y por supuesto, tampoco piloto, policía, astronauta o futbolista. Todas mis fantasías infantiles, todos los sueños que, cuando niño, parecían posibles e inflamaban con grandes aventuras mi imaginación, se habían perdido en algún rincón del camino.

Como todos los críos, soñaba con grandes hazañas, con increíbles y arriesgadas aventuras de las que, por supuesto, siempre resultaba vencedor. Al final de cada sueño, salvado el mundo, y por supuesto, liberada de los malos “la chica”, que caía  rendida ante mí y me contemplaba con arrobo, dejaba  yo perderse mi mirada en el infinito, con gesto cansado e indiferente, con alguna ligera herida, nada grave, y cuyo dolor ignoraba  despectivamente. Aventura tras aventura, vencidos los piratas, derrotados los pieles rojas, cautivos los nazis, eliminados los mafiosos, desarmados los espadachines, derribados los aviones y ya fuese con espada, pistola, rifle, arco, lanza o mis invencibles puños, siempre el final era el mismo.

Quizá por esa vívida imaginación me convertí en un voraz devorador de libros. Todos los clásicos, Scott, Verne, Salgari… los leí, una y otra vez, y siempre con prisa, con ganas de acabar la aventura para, inmediatamente, embarcarme en otra. Las junglas exóticas, los infinitos mares, las grandes llanuras, los hielos perpetuos, las inalcanzables cumbres y las impenetrables selvas eran los territorios sobre los cuales reinaba sin discusión. Los caballos, carretas, cuadrigas, automóviles, aviones, lanchas, helicópteros, barcos, motocicletas no tenían ningún misterio para mí.

Una época maravillosa, la literatura abonando mi fértil imaginación, unas vivencias ficticias pero al mismo tiempo ¡tan reales! que conseguían acelerar mi corazón hasta latir al ritmo de la aventura. La realidad, ya en aquellos tiempos, era gris y palidecía ante lo que mi mente vivía y disfrutaba con aquellas infinitas posibilidades.

Pasado el tiempo, incorporé al repertorio los agentes secretos, espías, grandes científicos, descubridores y las “chicas” pasaron a ser hermosas mujeres, admiradas por todos, y cautivas de mi arrebatador arrojo.

Siempre ese mundo ha sido más hermoso y atractivo que el que llamamos real. Cada vez pasaba más tiempo, hasta el último minuto que podía robar, viviendo en esos universos que yo creaba y de los que era el único, total y absoluto protagonista. Ninguna adversidad, ningún problema eran demasiado para mí.

¿Era bueno tener esa imaginación? Ningún oficio, trabajo o dedicación podría en el futuro proporcionarme las salvajes y adictivas sensaciones de mis aventuras. Jamás chica alguna podría ser tan bella, inteligente, valiente y estar tan enamorada de mí como mis heroínas. Ningún amigo sería tan fiel como mis camaradas imaginarios.

¿Qué podía proporcionarme la realidad que no me dieran mis ensoñaciones? Nada encontraba. El día a día de madrugar, los estudios, los deberes… no me satisfacía. No hice amigos, pues ninguno se parecía a los que yo creaba. Ninguna chica conocía pues la enseñanza era segregada, en colegio de curas, y el otro sexo algo ignorado y distante, imposible. La religión te oprimía y asustaba prohibiendo todo, convirtiendo en pecaminosa cualquier sonrisa y culpabilizándote de todos los males.

 Pero en mi mente yo era libre. Las únicas normas, nobles y justas, eran las que yo creaba. Reconocido, aclamado, en contraste con el anodino día a día que, anónimo, vivía.

 Creo que puedo entender la locura Quijotesca, pues la realidad, jamás me pudo proporcionar lo que me mi mente me daba. El contraste cada año era mayor y la insatisfacción crecía en mi interior. No sé cómo pude finalizar con aquello, cuando conseguí apagar la imaginación para poder centrarme en la monótona, gris, triste, aburrida realidad. O quizá nunca escapé de allí.

Próximo turno:  N – Sonvak – Activo

 

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