La primavera está pegando fuerte en la oficina del Blogguercedario…

Vaya, siento que me han tomado del pelo con esta frase. Aquí estoy yo, muerta de frío en frente al monitor, envuelta en una frazada polar y una cantidad considerable de buzos, y me hablan de que la primavera “está pegando fuerte”…
Y es que en una oficina tan internacional como la del Blogguercedario, estas ocasiones de desencuentros climáticos se hacen completamente inevitables… ¡Qué envidia me da pensar en los árboles renaciendo, en las golondrinas volviendo de sus largos viajes, en el infinito manto verde salpicado de los colores vivaces y brillantes de las flores! ¡Qué envidia imaginar volver a sacar la ropa desabrigada, qué envidia no tener que salir siempre con dos buzos extra en la mochila, una bufanda y un paraguas! Pero bueno, acá abajo, lo que está pegando fuerte es el otoño.
Déjenme que se los ilustre. El fin de semana pasado, como era largo, unas amigas y yo decidimos irnos de campamento. Cuántas puteadas recibimos por nuestra decisión, no podría decirles.
— ¡Con el frío que está haciendo de noche!—me dijo, casi en shock, mi madre. —Están locas.
Luego de que yo replicara que no me importaba el frío, que iba a ir igual, recuerdo que espetó:
—Te llegas a enfermar, te harás vos los análisis de sangre, ¡justo ahora con todo esto de la gripe porcina se te ocurre irte a enfermar!
—No me voy a enfermar, me voy a acampar.
La dejé hablando sola y echando chispas por los ojos, orgullosa de mi firmeza. Como se imaginarán, cuatro de las ocho amigas que planeamos el viaje no fueron tan firmes, y sucumbieron ante la autoridad inextricable de sus padres. Pero cuatro fuimos fuertes.
¿Por qué queríamos ir, aún sabiendo que nuestros mayores a cargo sí tenían razón, y que la temperatura de noche descendía en picada? No sé, nada más se nos había antojado. En Semana Santa habíamos ido a acampar, pero a un camping con parrillero, ducha, baños, enchufe, pileta…Ahora queríamos irnos a acampar en serio, con fogoncito y ollitas y toda la cosa. Así que felices nos fuimos, cargadas con leña, abrigo, poca comida y mucho alcohol, al campo de una amiga. Encontramos un lugar entre los montes de coronilla, completamente perfecto, protegido del viento, y al lado de un arroyo. Les dejo una foto del lugar.

campameento-039

¿Hermoso, no? Pero no vimos mucho del día, porque más temprano que tarde, se ocultó el sol, y más temprano que tarde, comenzamos a abrigarnos y a beber…y a beber. Veamos si recuerdo bien: dos cervezas negras, para empezar; vino blanco cortado con Seven Up, y luego vino rosado, que fue víctima de sucesivos fondos blancos, por lo que se acabó a los quince minutos; para culminar, una enorme botella de Martini, y si había algo más, tendrán que disculparme, pero probablemente ya no tendría conciencia a esa altura. Hasta habíamos llevado hielo y limón para hacernos unos buenos tragos, pero la mayoría de la bebida se fue en bruto a nuestros organismos. Bueno, el tema es que antes de las diez de la noche estábamos detonadas –había anochecido a las 7, pero acá es costumbre comenzar a tomar a eso de las 12-, y luego de llamar a todo el mundo y gritarles y cantarles en el auricular, de recorrer corriendo a ciegas el campo, de reír esquizofrénicamente, etc. las cuatro nos apretujamos en la carpa que, aclaro, era para dos personas.
Las primeras horas de la noche, dormí como un bebé. No se bien cuándo, me desperté temblando de frío, y me abrigué con todo lo que tenía a mi alcance: terminé con tres buzos, dos camperas, un par de guantes de nieve y…si no recuerdo mal, cuatro pares de medias de diferentes colores y tamaños (solo un par era mío). Y mantas, no se cuántas. Igual me cagué de frío; en cierto momento, tristemente me di cuenta de que la carpa estaba sudada. No se si existe ese término, pero así le llamo yo a que la humedad haya traspasado el nylon y las gotas heladas comenzaran a caerme en la cabeza.
Una a una, mis amigas se despertaron muertas de frío y estornudando, y juntas esperamos ansiosamente que amaneciera, para poder salir de aquel horrible encierro.
¡Ah! Casi olvido un detalle. Mientras esperábamos, conversando y tratando de reír para mover los músculos entumecidos de la cara, una chistó, palideciendo. Las demás nos callamos para comprobar, muertas de miedo, que había alguien afuera de la carpa. Algo.
Las bolsas se movían, las botellas chocaban una contra otra, la leña crujía…
—Voy a ver que es—murmuré, y amagué a abrir el cierre de la puerta. Pero fui brutamente embestida y echada al piso de la carpa por dos de las chicas, que estaban aterrorizadas. Entonces dije, en voz más alta, haciéndome la valiente:
—Si fuera una persona, ya nos estaba escuchando hace rato, no vale de nada que se callen ahora. Aparte si nos quisiera hacer algo cortaba la carpita esta en tres pedazos—Ni siquiera yo estaba muy convencida de lo que decía. —Debe ser un bicho, déjenme espantarlo.
Ellas negaron estridentemente con la cabeza.
— ¡Se nos va a comer todo!—me quejé, pero no hubo caso. Al rato, sentimos mordidas y pisadas como las que daría un caballo, y nos tranquilizamos.
—Los caballos no comen torta de fiambre—dijimos alegremente. Pero cuando finalmente amaneció y nos levantamos, estirando los músculos congelados y sacudiendo las cabezas mojadas, descubrimos que no solo nos había visitado un caballo. Algún amigo nocturno (un perro, un zorro, una comadreja o un chupacabras) había acabado con la torta de fiambre, y encima ¡había orinado sobre las galletas!.

Vaya, sí que me he puesto a divagar. Mejor los dejo, porque se van a aburrir. Pero primero termino la historia: nos fuimos al poco rato, muertas de hambre, y con nada más que unos pocos mates encima –también se nos había acabado el agua-.
Nuestro eslogan desde ese día es: Para el frío, más comida y menos alcohol.

Proximo turno: K – Alejandro Marticorena – Activo

Salta turno a: J – Lustorgan – Activo

6 comentarios

Archivado bajo Daniela_

6 Respuestas a “La primavera está pegando fuerte en la oficina del Blogguercedario…

  1. N - Sonvak - Activo

    Vaya, vaya… así que por ahí hace fríoooooooooooo?… bueno, tú piensa que cada estación tiene su encanto, je.

    Divertida historia que me da más motivos en ratificarme con respecto a no ir de acampada (es que soy muy cómoda, jijijiji).

    Saludos!!!

  2. Z - Gorio - Activo

    ¿Y tus padres saben que vas a las acampadas a beber?.
    Esperemos que no sean muy aficonados a visitar blogs.

    Por lo que se refiere al tiempo, aquí está cambiando continuamente. Aún no me he acostumbrado al buen tiempo y han vuelto las nubes y el frío.

    Tu historia me ha recordado mis acampadas de chaval, he hecho un flash back mental.

    Un relato entrañable.

    Bicos

  3. Sonvak: el único encanto del invierno para mi, son los veranillos 😀 jejej Y acampar, deberías probarlo! Aunque te recomiendo abiertamente un lugar en el que tengas baño, y una buena ducha 🙂

    Gorio: por suerte la palabra ‘blog’ no está en el diccionario de mis padres por ahora 🙂 jejej y no me quiero ni imaginar esas historias que estas recordando!

    Besos 🙂 Gracias por leer !

  4. Unsinagawa

    No habìa por ahì un par de troncos para hacer fogata: mi novata campista.
    Ademàs para esos meneteres, siempre hay un recuerso imprescindible llevar el cobertor de carne y hueso (novio/a).
    Y asì abrazaditos, no hay frìo que dure: o con un par de tequilas se olvida la gèlida temperatura. Muy bueno tu post y la aventura.

  5. Jajaja, qué fuerte!!!
    Gracias por contarnos tu anécdota, besos 😉

  6. Pingback: Bitacoras.com

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