Una película que ya me parecía haber visto

Sonó el despertador y le habría pegado un tiro. Había pedido permiso a Vassili para solucionar un tema del colegio del niño y me dio permiso. Vassili sabía perfectamente que al ser española tenía que tener mucho cuidado. El trato era diametralmente opuesto al que tenía con sus compatriotas.

Me tomé la cafetera completa después de una ducha que terminó con un chorro frío a ver si conseguía mantener los dos ojos abiertos a la vez.

Estaba harta de ese trabajo. Hoy pondría las cosas claras. Llevaba tres días ejerciendo de prostituta y ahora podía decir que no había nada más degradante para una mujer que acostarse con un tío por el “artículo 33” como decía mi jefe, cada vez que no le parecía propio decir que “por cojones”.

Me vestí  con un vaquero y una sudadera. Me puse unas botas y cogí la mochila para dirigirme a la comisaría. Tenía que tener mucho cuidado para que nadie me siguiera, así que sabiendo que el briefing era a las 10, salí caminando a desayunar, con sumo cuidado para ver si Vassili había mandado alguien a seguirme. Siempre que alguien pueda seguirnos, es mejor, como nos decían en la academia, ir andando. Los escaparates son excelentes aliados. Siempre hay un autobús al que subirse o una estación de metro para entrar y salir, incluso hacer transbordos para despistar a tu perseguidor.

Salí con el pelo suelto y aún empapado. Si alguien andaba tras mis huellas, en cualquier momento, quitándome la sudadera y recogiéndome el pelo, pasaría a tener otro aspecto.

Por fin llegué a la comisaría y después de saludar a mis compañeros, me dirigí a la sala, en el preciso instante que entraba el comisario para el briefing. Cuando terminó, nos quedamos los que estábamos inmersos en la “operación matriuska”.

No había terminado de cerrarse la puerta cuando me dirigí a Carracedo, el comisario. No podía más, no podía seguir fingiendo que me gustaba la prostitución. Incluso el día anterior un cliente había exigido que no utilizara preservativo y aquello era mucho más de lo que un comisario podía pedirme.

Carracedo nos informó, aprovechando que me contestaba, que la redada sería aquella noche. Exactamente a las 12 en punto,  un grupo de operaciones especiales (G.E.O.), con base en Guadalajara, junto a todos nosotros, llevarían a cabo el asalto aprovechando que llegaban los jefes de Vassili. Me agradeció todo el empeño y buen hacer, prometiéndome que sería recompensada como merecía. Igualmente me aseguró que los mejores profesionales se harían cargo de un chequeo intensivo en mi cuerpo para detectar, a tiempo, posibles inconvenientes al haber estado poniendo en riesgo no sólo mi vida, también mi salud.

Nadie quiso ni recordar que la anterior ocasión en la que intentamos coger a Vassili y su banda, murió Peón. Peón había sido mi peor pesadilla y mi mejor amigo al tiempo. Peón me había acogido bajo su manto de sabiduría, esa que dan los años y los palos, y se convirtió en  mi mentor y defensor a partes iguales, regalándome “chorreos” constantes para hacer desaparecer mi condición de novata. Puso mucho empeño y yo me aburrí de “sufrirle”. Me convirtió en una buena profesional y ambos pasamos a ser buenos amigos, de esos que incluso duermen juntos con la seguridad que nada va a pasar que no sea dormir.

Cada vez que miraba a Vassili me daban ganas de estrangularlo por haber descuartizado a Peón, pero ya habría tiempo. Éramos muchos los que teníamos ganas de poner a Vassili en su sitio pero yo tenía, de forma tácita, el primer puesto para darle la primera patada en los huevos.

Fui al colegio de mi sobrino, mi hermana me había dado cobertura con el tema por si acaso me estaban vigilando. La directora salió a acompañarme a la puerta y nos despedimos con un apretón de manos.

Estaba ahí. Sergei no me quitaba ojo pero yo me hice la loca. Me dirigí, bajo su atenta mirada, al metro y salí en una parada antes de mi destino. Entré en una mercería donde adquirí unos nuevos tangas, y un liguero rojo que me parecía francamente repulsivo pero, tras el escaparate, Sergei se relamía, así que mi elección debía ser la correcta.

Por fin llegué a la casa donde vivíamos hasta que llegaba la hora de trasladarnos al club. Al entrar Vassili me miró con cara de asesino pero tras de mí, Sergei debió hacerle alguna seña y me dejó subir al piso superior donde todas disponíamos de un “cuchitril” para tener nuestras pertenencias.

A las 6 ya estaba preparada con mis recientes adquisiciones que se transparentaban bajo la ropa escasa y blanca que llevaba puesta. Mi maquillaje habría horrorizado a los actores de la Casa del Terror, sin embargo a los clientes les gustaba.

Cuando todo acabara, iba a disfrutar de spa, limpieza de cutis y algún alivio más para mi maltrecha piel.

A las 11 empecé a tener un “remusguillo” en mi estómago, se acercaba la hora fijada. Ya había hecho 2 servicios, uno de ellos con un compañero, con el que tuve que sobreactuar porque las cámaras en los reservados funcionaban todo el tiempo. Con señas me advirtió que ya estaba todo el equipo desplegado en torno al club. Aquello me animó y cuando bajé a entregarle el dinero a Vassili, llevaba una sonrisa pintada en el rostro que el ucraniano interpretó como que aquel servicio había sido un éxito. Aquello para él significaba que se haría cliente fijo y nos veríamos a menudo. ¡No sabía él como iba a soñar con mi cara!

Faltando cinco minutos para las doce, Vasiili me pidió que subiera con él a su habitación. Aquello me extrañó, normalmente elegía a Irina para sus devaneos, pero no era el momento de protestar así que con una sonrisa inmensa me dirigí, sin demora, a su habitación. Al entrar me preguntó si me había lavado bien después del último servicio. Le mostré mi pelo púbico para que viera que estaba suave y brillante y aprovechó para empezar a mordisquear el liguero mientras yo acaba de quitarme el resto de la ropa, exceptuando los tacones y el sujetador, a los clientes hay prendas que prefieren dejar o quitarlas ellos.

Se puso a horcajadads sobre mí en el mismo momento que se oyó el estruendo y antes de que les diera tiempo a llegar hasta mí, Vassili descargó su arma en mi vagina. Fueron dos tiros, el tercero no dio tiempo porque yacía muerto sobre el suelo de la habitación gracias a la intervención de un tirador experto de los Geos.

Fue un suplicio el traslado en la ambulancia, el dolor era insoportable y el constante manar sangre entre mis piernas, acabó con todos los apósitos y sábanas que llevaban los efectivos del SAMUR.

Al entrar en La Paz, Carracedo apareció a mi lado como por arte de magia. Cogió mi mano y comenzó una letanía de frases cariñosas y llenas de fuerza para que mi ánimo ayudara a la labor médica. Me iba hablando de la condecoración que había ganado por “sus cojones”, las vacaciones que iba a disfrutar donde yo quisiera a costa de los fondos reservados y, mientras, yo  notaba que su voz se iba alejando, cada vez me costaba más distinguir sus arengas.

Lo último que recuerdo fue a un médico decir: “Se nos va” y en mi cabeza apareció la imagen de Vassili muerto. Habíamos conseguido desmantelar aquella banda del Este que estaba metida en tema de drogas, trata de blancas, armas, robos con fuerza y un sinfín de delitos que permitirían encerrarlos por mucho tiempo antes de extraditarles. Era como una película que ya me parecía haber visto.

En aquel momento apareció Peón. Me dijo que mi tiempo se acababa pero que no tuviera miedo, él, personalmente, me llevaría de la mano. Le dije que quería adecentarme y que con el dolor no podría dar ni un paso pero Peón me miró con tanta ternura que me dejó extasiada. Me prometió que nos iríamos dando un paseo, que estaba preciosa y que no temiera al dolor porque ya no existiría.

Y así fue. De la mano salimos de aquel quirófano, mientras un médico certificaba mi muerte.  

Próximo turno: O – Aspective – Activo

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11 comentarios

Archivado bajo P - Montserratita - Activo

11 Respuestas a “Una película que ya me parecía haber visto

  1. Unsinagawa

    Increìble tu Post. A la altura de Poe o Agatha Christie: ahora mismo sigo una serie Matriuska; me he quedado helado con tu calidad narrativa. Me encanta esta zona del tablero por la calidad de sus escritos y porque toma velocidad de vèrtigo. Enhorabuena, ya me dijiste que eres escritora. ¿`Eda?.

  2. Z - Gorio - Activo

    Alucinante, me ha encantado.

    Un relato de novela negra en toda regla.

    Excelente…

    Saludos.

  3. Un tiro en la vagina… qué grandeeeeeeeeee eres, Montse!! Muack!!

  4. Montse, me has hecho poner los pelos de punta, hasta que no he acabado de leer de un tirón tu post, no he podido ni respirar y con el final espectacular que nos has ofrecido me he quedado superasombrada.
    Como bien ha dicho Unsinagawa, tienes una calidad narrativa increíble. Felicidades!!!

  5. Wow Montse, todavía estoy sobrecogida por tu post. Me quedé con un nudo en la garganta. ¡Eres grande!

  6. N - Sonvak - Activo

    Buf, pues reitero todo lo que dicen los demás… Esto ha sido flipante. Joer, hasta me dolieron los dos tiros.

    Eres de lo mejorcito!! Siempre un auténtico placer leerte. Besos!!

  7. Gracias Usina, pero no soy escritora, me gusta escribir pero sólo soy una aspirante a junta-letras.

    Gracias Gorio, como digo siempre, unas veces la imaginación está más animada y otras peor.

    Gracias Sara, yo con tal de llevar la contraria, me inventó una nueva forma de matar. Muackkkkkkk

    Gracias Carolina, pero de verdad que lo hice en un ratín y como digo siempre, a veces sale mejor y otras puajjjj, 😉

    Gracias Daniela, y además tienes razón, algo grande si soy porque mido 1’73, 😉

    Sonvak cielo, pero si eres tú inspiración de muchos de nosotros!!! A Noé no le puedo hablar de agua. 😉

    Besitosss

  8. N - Sonvak - Activo

    Joe, Montse!! No me merezco tan lindas palabras… ya me gustaría, ya, estar a la altura de muchos de vosotros!!

  9. Caray Montse. ¿También a la novela policiaca y de acción?
    Te lo pido una vez más ¡Escribe un libro, por favor!
    Me gusta el texto. Y como escribes, ya lo sabes.
    Muchas gracias por tu cuento policiaco.

    No me gusta la frase que me has dejado. Llevo un mes con el cerebro perezoso a más no poder y la frase no me suena a nada bueno… Eres una malota y eso que estamos en campaña de renta que si no…

    Un abrazo

  10. Sonvak, Sonvak, cuando tengas un rato, lee tus propios relatos y luego hablamos.

    Gracias Aspective, nada como tener un amigo para que te suba la moral. Ya te pagaré unas cañas cualquier día.

    Besitosssssssss

  11. Pingback: Bitacoras.com

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