Archivo diario: 28 abril 2009

Por fin tenía la vida que quería, aunque fuera virtual

Mi situación comenzaba a ser límite. Ya eran más de 18 horas agarrado a aquel tronco, con un paisaje lineal de agua y cielo  que comenzaba a ser devorado por las luces oscuras de la noche. Mis debilidades salían a flote desde lo profundo de mis músculos, y mi cabeza comenzaba a relajarse invadida por una rendición cercana.

De pronto, entre las gotas de agua que brotaban de mis pestañas y de forma muy borrosa, me pareció ver a lo lejos una sombra como marrón. Una pequeña embarcación, parecía ser, sin embargo, no reaccioné con euforia, consciente de que tantas horas expuesto al sol podía provocarme alucinaciones. Pero no, poco a poco una pequeña embarcación se aproximaba. La felicidad y el cansancio provocaron que la alegría se convirtiese en un desmayo de paz.

Cuando me desperté y abrí mis ojos, todavía heridos por el efecto solar, lo primero que vi fueron unas letras encima de la ventana de la pequeña cabina de mando de aquel barco, nunca me olvidaré de esas letras: » Genia «. Ese era el nombre de aquel pequeño barco, más tarde me enteraría que se pronuncia la G como una elle.

Al comprobar que me había despertado, de la cabina salió una mujer con un típico chubasquero de un amarillo chillón, como los que usan los pescadores. Era de estatura media, con una amplia sonrisa y muy, muy dulce. En sus manos traía un cazo lleno de una especie de caldo que me supo a gloria y se convirtió en el inicio de mi recuperación progresiva. Se sentó a mi lado, y con cariño y atención escuchó mi historia. Me tranquilizó, me transmitió paz y serenidad y me dio la sensación de que por fin tendría la vida que quería, aunque fuera algo virtual, pues todavía no sabía si estaba vivo o muerto tras la experiencia sufrida.

Tras esta primera charla, Genia, que así se llamaba la pescadora propietaria del barco, volvió a entrar en la cabina y puso rumbo a la isla.

Próximo turno para: Z – Gorio – Activo

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