Archivo diario: 18 abril 2009

El clítoris es un arma de guerra

El lunes pasado tenía la urgente necesidad de salir de casa. No podía quedarme en el sofá viendo cómo el sol brillaba fuera. Me acerqué al centro dando un paseo y aprovechando los primeros rayos de la primavera, mirando escaparates a mi paso. Cuando ya había recorrido cerca de un kilómetro, unos grandes nubarrones grises cubrieron el cielo hasta hacerse prácticamente de noche. Las gotas de lluvia pronto empezaron a caer, y en pocos minutos jarreaba amenazando inundaciones. Por suerte estaba al lado del Corte Inglés, y entré para resguardarme del chaparrón, por supuesto no se me había ocurrido meter un paraguas en el bolso antes de salir de casa.

Me dirigí a tiro fijo a la sección de libros, es la única parte que me resulta interesante de los centros comerciales. Me gusta hojear las obras literarias, aprovechar las ofertas ‘deBolsillo’, conocer cuáles son los últimos ‘Best Sellers’, y hacer regalos. Qué mejor regalo que un libro, sobre todo cuando sabes que la persona que lo va a recibir aprecia la lectura…

Me planté delante del montón de ‘novedades’, y empecé a fichar los títulos. Uno me llamó la atención: ‘El clítoris es un arma de guerra’. “No sabía que Lucía Etxebarría había sacado libro nuevo”, pensé. Pero en la contraportada pude leer que el autor de tan curioso título era un tal Unsinagawa, un escritor mexicano poco conocido en España. Este libro sin duda tenía un destinatario, y lo mandé envolver.

La lluvia había cesado, así que aproveché para salir del Corte Inglés con mi adquisición en el bolso y volver a casa antes de terminar pasada por agua. Envié el regalo a Madrid y llamé a Montse para que estuviera atenta al correo. “Te he mandado una sorpresa”, le dije. “¡Qué casualidad, yo también te he mandado algo!”, me respondió entusiasmada. Y es que era probable que no nos acordáramos de felicitarnos para nuestros cumpleaños, pero regalos ‘sinmotivos’ no faltaban en cualquier ocasión.

Dos días después recibí un pequeño paquete. Mientras despedía al mensajero, el teléfono me reclamaba: era Montse. Apenas la podía entender porque parecía ser presa de un ataque de risa. Mientras se le pasaba el cachondeíto, fui abriendo el  paquete. Era un libro ¿cómo no? Muda me quedé mientras lo sacaba y veía un nombre: Unsinagawa. Entonces fui yo la que empecé a reír sin parar. Montse, que ya había recuperado el aliento, me decía: “¿Lo has visto, lo has visto?”. A lo que respondí estupefacta: “Interesante intercambio”.

Turno para Montserratita.

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Millones de aventuras y anècdotas superdivertidas.

El cuerpo inerte –como en la novela de Stephen King: The Body– yacía sobre la fría plancha de acero de la Morgue.  Seguro con èsa edad y èse fìsico habrìa vivido millones de aventuras y anècdotas superdivertidas. Y ahora, nada. El silencio. La mirada curiosa del médico forense, elucubrando la primer hipòtesis sobre las causas posibles de su deceso.

Para iniciar extirpò de las fosas nasales un ejemplar de langosta. Sin duda, de la familia de los Ortópteros. Esas diminutas criaturas, de las más sorprendentes del reino animal, que pueden sobrevivir con muy poco alimento y en los lugares más insólitos. El origen y edad de ése insecto respondería muchas preguntas acerca de las últimas horas de vida de ése cuerpo. Sin nombre aún. Asesinado. O literalmente, un simple y vulgar suicidio. Era una crisàlida hermosìsima!.

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“Erbarme dich”, pendía de su pecho en una pequeña plaquita de ID militar: “Ten piedad de mi”. –Quién lo diría–. El microscopio descubrió en el insecto lo que podría ser un chip incrustado en uno de sus órganos. Se sabe que durante el proceso de renovación pasan por una fase de metamorfosis en dónde pueden curar heridas o reposicionar los órganos internos en torno a objetos extraños. Es decir, podría haber incorporado a su cuerpo un artefacto externo –como ése chip– gracias a su capacidad regenerativa que acompaña a esta etapa de transformación. O una nueva hipòtesis: El aparato fue implantado en la crisálida antes de la muerte del desconocido.

El Pentàgono impulsaba un programa para implantar chips de sabotaje en insectos. Especialmente en langostas. Eso ya se sabía. Los fines de este programa eran sólo de espionaje, aunque no sabríamos –hasta los analisís patológicos– si el pronunciado envenenamiento de este cuerpo tuviera algo qué ver con esa agencia. Por lo pronto, no descartaríamos ninguna de las hipòtesis. La principal era determinar qué papel jugó el chip en la muerte del japonés. La autopsia determinaría la sustancia utilizada para envenenarlo, y la indagatoria recorrería los aspectos financieros, de relaciones sociales y laborales e incluso la posible causa de suicidio: Un innovador harakiri sin lesiones o una crisis de deuda por las hipotecas “Suprime” en los EU. Suena razonable. No?.

Si tomamos en cuenta su aspecto diría que es corredor de bolsa de Wall Street. Zapato italiano, traje de diseñador español muy reconocido EZ (No podemos poner marcas en la ficha de filiación), reloj suizo de alto valor y una marca de tatuaje con una leyenda en inglés: “We will all laugh at gilded butterflies” –Todos nos reiremos de mariposas doradas–. Bueno más bien diría yo: De langostas doradas. Y de escasas 36 horas de vida.

No había más pistas. Ni corporales ni en la escena del crimen. Es decir, en el terreno montañoso de áquella vía de acceso a la playa nudista de Zipolite, dónde fue encontrado el cadávez. 30 o 32 años. Masculino. 69 Kilos. 1.96 estatura, a la inversa el “6-9” que tanto disfrutaba. Fue encontrado recostado en el asiento delantero de su BMW azul 325i, sin señales aparentes de violencia o intento de robo. Es una madeja díficil de deshilar, balbuceó el fiscal asignado al caso. Sin ataque físico, ni robo ni alcohol. Una caso para el archivo muerto. Doblemente muerto.

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–“Ni el veneno puede conmigo”–. Recordé a Napoleón. Pues contigo sí. Le espeté a áquel cuerpo atlético casi perfecto.

En una oficina del Pentágono celebran el éxito de la misión: Langosta Errante. La crisálida ha sido incrustada con un chip capaz de asesinar a un individuo con una carga letal de veneno degradable. El insecto ha sido enviado con la información genética del individuo, es decir, su ADN y ha recorrido 6,000 kilómetros hasta las playas nudistas de Oaxaca. El nombre del japonés: Unsinagawa, ex-novio de Megan Fox, con quien comparte el mismo tatuaje: “Todos nos reiremos de mariposas–langostas doradas”. Su crimen: Abandonar una relación sexual intensa con la directora ejecutiva del Pentágono para irse a vivir a México. Desde siempre se ha sabido que…

El clítoris es un arma de guerra.

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