Archivo diario: 14 abril 2009

Seguiremos viviendo con telarañas mentales.

¿Alguien de los aquí presentes sabe lidiar con los recuerdos que se aferran a no irse y que de vez en cuando lastiman?

Recién leí un libro que quedó lejos de convencer mis expectativas (El Mono Desnudo, de Desmond Morris) y ahí apunta varios señalamientos, mismos que abordé en un ensayo a modo de opinión y comparto con ustedes algunos extractos:

El hombre, visto desde un enfoque mayoritariamente zoológico (esto es, tratado como un animal de laboratorio en el que se le estudia científicamente como a cualquier otro animal) tiene necesidades y manifiesta instintos que tienen su explicación a través de las distintas teorías evolutivas que ahí se citan. Bueno, mi inconformidad o insatisfacción radica en esas teorías, pues como cita el autor, muchas de ellas son insuficientes o no tienen sustento puramente científico.

Antes de abordar el aspecto social y cultural del hombre, se hace un análisis de su aspecto biológico, evolutivo y sexual. Pero ahí mis dudas, que por cierto van muy ad hoc con el tema que Yuyis me hizo favor de dejar en negritas: las telarañas mentales, esos aspectos a modo de recuerdos que retroalimentan o que suplen ciertas necesidades o toma de decisiones. Por ejemplo, qué tan cierto es que el hombre, en su afán de volverse sedentario (según esto, al momento que se volvió cazador) tuvo la necesidad de una familia o del amor mismo. Esto es, según que en ese tiempo desde que salimos de los bosques y nos separamos de los hermanos primates evolucionamos de forma distinta, adoptamos ciertos hábitos de los animales carnívoros y encima de todo nos quedamos pelones, desnudos pues. Y que en ese tiempo tuvimos que desarrollar los primeros valores que dieron origen a la cultura y que desarrollamos sentimientos y nociones que nos hacen únicos en el mundo, uno de ellos es el amor y otro son los símbolos.

Totalmente de acuerdo con la idea de que existe el amor y los símbolos. En desacuerdo de que fuese en esa época preevolutiva. Uno de los símbolos que se me ocurre para su análisis son precisamente los recuerdos. Los símbolos en parte se refieren a ideas y momentos que nuestra mente guarda para su futura referencia de forma inconsciente y que se fortalecen con el paso de los años. Un símbolo puede ser la figura paterna, algún lugar o una escena específica que ejemplifique cierto término o algo a lo que tengamos que referirnos para poder comprender un concepto. Los recuerdos, en muchos de los casos, están compuestos por símbolos. Se me ha ocurrido que, el extrañar a alguien, la materialización de un sentimiento, la belleza misma y algunas otras cosas más nos persiguen con el pasar del tiempo a través de este mecanismo simbólico. Y esto es muy natural.

Por ejemplo, Freud afirmó que el hombre (o la mujer) se enamora buscando en la pareja algo que le satisfaga tanto como el amor materno (o paterno en el caso de ellas) y va inconscientemente en busca de ello, de ciertas características que lo hagan sentir seguro y protegido, amado y que le sepan dar su lugar. En su momento fue llamado loco pero con el pasar del tiempo la ciencia fue rectificando su teoría. Ahora el enfoque evolucionista trata de justificar esta conducta a nivel histórico y se esfuerza por obtener datos de nuestros ancestros. Mientras, dejemos que nueva información llegue a nuestras manos y que esa misma sea evaluada y comprobada.

Lo que aquí expongo, es un caso personal y creo que natural, con mi propio juicio de valor y experiencia, así que me alejo un tanto de los rollos científicos mencionados arriba, que sólo me sirven de preámbulo. Contéstenme ustedes lo siguiente (son preguntas personales): ¿Qué es el amor para ti? ¿Cómo se materializa, según tú? ¿Cómo saber cuando se está enamorado? ¿Cómo se le asigna valor a una persona? ¿Cuál es tu concepto de belleza? ¿Qué es para ti sentirte amado? ¿Cómo manifiestas el amor? ¿Qué buscas en el amor?

Todas las preguntas de arriba llevan un grado de ambigüedad bastante grande. El amor a qué o quién, para empezar. Enfoquémoslo al noviazgo o a la experiencia de hacer pareja, algo distinto a lo que se pueda entender como amor familiar. Ok, ahora llevémoslo a la experiencia propia. Hablando por cierto de la última pregunta del párrafo anterior, las personas por lo general buscamos y buscamos hasta que con alguien nos quedamos. Porque eso de vivir con alguien toda la vida tiene bastante historia y la ciencia incluso lo remonta a los hombres primitivos, a esos que evolucionaron y que como resultado estamos nosotros (nuevamente, según el libro que cité).

El hombre fue puliendo ciertas partes de su mente para llegar a desarrollar sentimientos tan complejos como el amor y necesidades básicas de socialización como la familia. Y para ello tiene que retroalimentar ciertos estímulos que lo mantengan en pie sobre sus decisiones y convicciones. La sexualidad parece ser (a nivel científico) el referente obligado para estudiar lo anterior. Desde el estudio de los roles sexuales hasta las señales precopulativas y la cópula en sí son instintos tan naturales que históricamente nos han servido para asociarnos y sentir ese grado de pertenencia y correspondencia hacia el sexo opuesto (ojo, en este ensayo se determina que el origen de la homosexualidad es meramente cultural y social, independiente a la evolución biológica, pero nunca tratado como una anomalía de la misma sexualidad). Y no en balde hemos evolucionado ciertas partes del cuerpo que a simple vista no nos servirían para nada: la sensibilidad en los lóbulos de las orejas, en los labios, en los pezones, en la espalda e incluso en nalgas, piernas y muslos. Todos estos impulsos sensoriales se favorecen casi exclusivamente con el estímulo sexual y sirven como medio de comunicación entre la pareja.

A modo de conclusión, los símbolos y la sexualidad misma son dos grandes características que el ser humano ha logrado desarrollar a modo de evolución a diferencia de los demás primates y mamíferos en general. El amor, nacido de las dos anteriores es casi imposible poderse observar en otros tipos de animales por la simple razón de que sólo el humano desarrolló un cerebro único y capaz de crearlo y mantenerlo. Por eso es que tardamos tanto en desarrollarnos hasta alcanzar la madurez, por tanta carga de experiencia y desarrollo que el cerebro debe captar y desarrollar. Un último ejemplo: el chimpancé alcanza su madurez cerebral a los 7 años, pero cuando nace ya tiene desarrollada el 56%; el ser humano nace con un 23% de madurez cerebral y alcanza la plenitud hasta los 23 años. Datos curiosos que ilustran el grado de complejidad cerebral que hay que desarrollar en cada especie, y por ende, se deduce que ha evolucionado más el hombre que todos los demás primates (sólo puse el ejemplo del chimpancé, pero es casi una constante en todos los demás primates).

Así que, al habla de amor, placer, estímulo sexual, refiéranse a ellas como algo casi único de los humanos.

Próximo Turno: W – Cuauhtémoc – Activo

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