Archivo diario: 5 abril 2009

El Predictor decía que sí

Todavía no sé qué hago aquí sentada, después de diez minutos de plantón, y con lo escéptica que soy yo para estas cosas de conocer gente por Internet.

Pedí un té con limón y hielo, tenía sed y para eso es mi bebida perfecta. Como llegaba con adelanto, decidí bajarme una parada antes y hacer el resto del trayecto a pie, y eso, en Madrid, significa llegar con la boca seca.

 

(Poner el vídeo y seguir leyendo la historia con la música de fondo, gracias)

 

La canción de Jorge Drexler me tenía embobada y la cantaba en voz baja. La había conocido a través de una amiga bloggera, La Magah, y me había entrado en las entrañas, dándome vueltas la letra, de forma constante, en mi cabeza. La música suave me envolvía de una forma impresionante.

Con el anhelo dirigido hacia ti
yo estaba solo, en un rincón del café
cuando de pronto oí unas alas batir,
como si un peso comenzara a ceder,

se va,
se va,
se fue…

Las palabras de Jorge me recordaban que ya llevaba quince minutos de plantón, sola en un rincón del sitio donde habíamos quedado. Un pub muy bonito, decorado con mucha madera, con una luz difusa pero suficiente y la música con el volumen ideal. Si además siguieran poniendo música como ésta, se me haría infinitamente más llevadero.

Miré a la gente que había alrededor y, justo a mi lado, con cara de «carneros degollados», había una pareja con un paquetito en la mano que imaginé sería un regalo de él a ella. Se daban besitos cortos, piquitos, y no se les borraba la sonrisa mientras Jorge seguía diciendo:

Tal vez fue algo de la puesta de sol,
o algún efecto secundario del té,
pero lo cierto es que la pena voló
y no importó ya ni siquiera porqué,

se va,
se va,
se fue…

El camarero que estaba en la barra, sacaba brillo a las copas y también tarareaba la canción que estaba sonando.

De pronto sentí que ya no me importaba el tiempo que estaba esperando, disfrutaba de aquel ambiente, aquel té, la gente que había alrededor y sobre todo la canción.

Ya sabía yo que esas citas eran humo de cigarrillo, pero me encontraba bien, es más, prefería que no apareciera y rompiera aquel momento mágico envuelto en la canción que seguía cantando.

Volví a mirar a la pareja y, sonriendo para mí, me di cuenta que él no había regalado nada a aquella chica risueña, estaban felices y enamorados mirando como tontos un aparatito. No me cabía la menor duda que «El Predictor decía que sí«. Esos ojos de ambos, eran un presagio de lo que el predictor había confirmado y que tanto les había emocionado.

Y Jorge me seguía susurrando:

Algunas veces, mejor no preguntar,
por una vez que algo sale bien,
si todo empieza y todo tiene un final,
hay que pensar que la tristeza también

se va,
se va,
se fue…

Me acerqué a la barra, pagué mi té y con una última mirada a aquella pareja, me marché. En el momento de abrir la puerta, un hombre guapísimo entraba.

¿Eres Montse? me preguntó.

Y yo salí cantando, mientras negaba con la cabeza, a la par que Jorge Drexler:

se va,
se va,
se fue…

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