Archivo diario: 2 abril 2009

¿Qué hago con mi vieja?

– ¿Oigo?

– Carlos, soy yo, Lucy. Llamo para saber si estarás ahí después de almuerzo, por la tardecita, para pasar por tu casa.

– Sí, sí, no pienso salir. Ven cuando quieras -respondió él algo dudoso.

– Okey, nos vemos. Chao.

– Chao, Lucy.

Carlos se quedó petrificado, con un sinfín de ideas absurdas atropellándosele en la sien, entre las anchas cejas y más abajo, en el pecho. Unos segundos, un minuto, dos, tres… Por fin colgó el auricular gris que sostenía aún en la mano derecha.

“Lucy, Lucy viene para acá… a ver, Carlos, tienes que prepararte, empieza recogiendo un poco ésto y poniendo orden en tu cuartucho, no pierdas la compostura, tranquilo, cógela suave, a ver, mírate en el espejo del pasillo, sí, te ves bien, no, estás gordo por ese lado, ¿y las cañas?, a ver, haz fuerza, ¡duro, chico, duro!, no, esos brazos ya no son los de un joven de veinte años, ¿y el pelo?, para este lado, no, mejor para el otro, no, mejor despeinado, no, así no, péinate para atrás, ¿y la cara?, mira eso, aféitate, que pareces de ingreso, ¿y qué tienes para tomar?, en esta jodida casa nunca hay nada para ocasiones especiales, como ésta, ve a la cocina, chico, mira a ver en el closet, no, nada, ni una fruta para hacer un jugo, ni agua hervida siquiera, estás del carajo, qué desastre, aquí falta la mano de una mujer… como Lucy. Lucy es la mujer que siempre ha faltado aquí…”.

Mientras Carlos enloquecía pensando en cómo prepararse él y a su reducida casa para la inesperada visita de Lucy, Ricardo, su mejor amigo, cruzaba el umbral de la vieja puerta del patiecito trasero, al que daba la cocina.

– Brother, ¿qué vuelta, qué se cuenta? -saludó Ricardo estirándole la mano para saludarlo.

– Mi socio, ¡me has caído como anillo al dedo! -Carlos se le acercó a pasos agigantados-. No me puedes fallar, fijate. Préstame la llave del apartamento lindo ese que tú le alquilas a los yumas.

– Qué va, compadre, está lleno hasta la semana que viene.

– Yo te lo pago después, fíjate, lo juro. Sólo lo necesito un par de horas.

– No jorobes, no es eso. ¿Qué hago con mi vieja? Vino a verme unos días y tú sabes que a ella no es fácil sacarla de la cueva -se lamentó Ricardo.

– Oye, chico, no me digas eso… -Carlos se desinfló de un tirón-. Es que viene Lucy y aquí, como está ésto, mejor que ni entre…

– ¿Y Lucy resucitó? ¡Esa no me la sabía!

En ese preciso momento tocaron el timbre de la puerta delantera y el perro impertinente de los altos comenzó a ladrar desaforadamente, como ya era usual.

Perro en techo

– Carlos, brother, me tengo que ir ahora, sólo vine a traerte ésto -dijo Ricardo sacando una botella de ron de la ajada mochila que llevaba al hombro-. Vengo por la noche para festejar, ya te contaré por qué. Ah, y vemos cómo resolvemos eso tuyo, a ver qué se me ocurre. Ve y abre ya, que el perro ese va a volver loco al barrio entero.

Ricardo se fue por donde mismo vino. El patio de la casa de su cuñado colindaba con el de la de Carlos y desde siempre fue más fácil saltar el muro de concreto que caminar más de la cuenta para entrar por el frente. Carlos por su parte se dirigió a la despintada sala para abrir la puerta de la casa. Ni ánimos tuvo de decirle a su amigo que para por la noche ya sería demasiado tarde hablar de su apuro. Abrió la puerta. Era Lucy. Había llamado a Carlos desde la farmacia que hacía esquina a dos cuadras de allí, sólo para asegurarse de que Carlos estaba en casa. Cuando Carlos la vió se quedó tieso como un reloj de pared.

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Hoy me he despertado sintiéndome solo, extrañándote demasiado

-Amor, hoy me he despertado sintiéndome solo, extrañándote demasiado – le dije, quería que me perdonara, que supiera que no es mi culpa, que es suficiente castigo que me hubiera mandado dormir al sofá.

Ella seguía indiferente. Creo que al final de cuentas tengo la culpa. Me duele la espalda porque el sofá ya tiene unos resortes saltados, está completamente roto, pero es que mi mujer no entiende razones, porque yo le he dicho que ya  compremos uno nuevo, pero ella siempre me dice: -“No, ya servirá para algo”- y esta noche acabo de descubrir para que podía servir.

Ayer, le di la noticia, mis padres vendrían a vivir con nosotros y yo no tenía escapatoria, no podía decirles a mis papás que no se vinieran. Mi mujercita se puso furiosa, histérica, no podía contenerse y me aventó todos los platos que tenía a su alcance, solo uno me dio en la cabeza, por suerte era de plástico, aunque tiene mucha fuerza solo me hizo un chipote, pero vaya chipote, me duele todavía.

-No, esto es lo ultimo que me faltaba. – Dijo ella –Aparte que me tienes aquí sin nada de nada, todavía me dices que tus padres se vienen a vivir y tú no puedes hacer nada para que no sea así.

No me dio desayuno, así que mi barriga me estaba diciendo a gritos que tenia hambre, pero ya se me hacia tarde para ir al trabajo.  Pero al llegar decidí no entrar. No me siento de humor para  soportar al zángano de mi jefe. He decidido irme a desayunar al restaurant de la esquina.

Aun sigo preocupándome por lo que esta pasándome, no se que hacer, no se a donde ir, la verdad me siento solo. Mi compadre Chencho esta en la barra, le hago una seña y de inmediato se viene a mi mesa.

Mi compadre Chencho no trabaja, es una persona que se ha casado siete veces y las siete ha enviudado. Pero siempre está feliz, así que, lo mejor que me puede pasar es pedirle un consejo. Porque, a estas alturas mi vida se está desmoronando.

Le he contado todo y en lugar de ayudarme se está riendo a carcajadas. Dice que no puede creer que haya dormido yo en el sofá, yo el que presumía de ser el que manda en la casa. –Y es verdad compadre, yo mando en la casa, pero nadie me obedece.- con eso acabo de callarlo por un momento.

-Así que Don Pañal viene a tu casa compadre.

-Sí para acabarla de fregar. Viene con todos los animales del rancho.

-¡A cabrón! ¿Pero porque no ha vendido nada? Tu padre si que está loco compadre.

-Pues parece que si compadre. Tengo muchas cosas que me preocupan. Primero, que mis padres nunca han venido a la ciudad. Imagínate, va a querer llevar a pastar las vacas a la carretera.

-Pero no creo que sea así, de seguro ha de saber que aquí no se puede compadre.

-Tu no lo conoces compadrito, mi apá es bien terco. No le puedes decir nada que no. Y si lo haces, inmediatamente saca su pistola y empieza a disparar como loco. ¿Ve este agujero en mi oreja?

-Si compadre siempre lo he visto, pero pensé que se estaba poniendo aretes usted.

-Está loco compadre. Mi apá me pegó un balazo porque no quise llevar a pastar a las gallinas.

-Pero si las gallinas no comen pasto compadre.

-Eso le dije a mi apá, por eso me dio el balazo. Compadre no se que hacer. Mi mujer ya no me quiere, mi apá se viene a vivir con todo y chivas, lo peor es que a mi ya me anda por hacer el amor con mi Petra, pero esta piche cosita no se me para.

En eso, al voltear a la calle miré a la más divina mujer jamás creada, piernas torneadas, cintura delgadita, unos pechos que bien me puedo volver a criar.

En eso, siento que abajo alguien reclama. Se empieza a levantar la tienda de campaña.

-Compadre, compadre, se me paró, se me paró compadre.

-Pues ya cámbielo compadre.

-¿Qué quiere cambie compadre? ¡Se me paróóó compadree!

-El reloj compadre, dice que se le paró.

-No compadre el piche reloj siempre ha servido. Se me paró compadre. Ahorita vengo.

 

Y que me voy como alma que lleva el diablo para mi casa, esperando que la maldita erección me dure hasta llegar allá.

Parece que cuando uno esta mas desesperado hasta las moscas le pican. Todos los semáforos en rojo y mi cosita ya estaba empezando a relajarse. ¿Como le hago ahora para volver a reaccionar?

Me acabo de acordar como se me paró hace rato, así que tengo que buscar a otra mujer igual de sabrosa e imaginarme lo mas candente posible. Y de repente ahí está, otra hermosísima mujer, cuerpo escultural. No me di cuenta pero todos los carros están pitando, porque yo me quede en medio de la calle. El semáforo está en verde y apenas me empezaba a funcionar de nuevo, pero con el susto se me bajó otra vez.

Maldita sea.

Y para colmo en eso sonó mi teléfono, mi apá viene, pero no la semana que entra si no que hoy en la tarde. Tendré que ir a la central de autobuses.

Iba distraído  pensando. Llegue a mi casa. No toqué. No hay nadie en la casa por lo que veo, mis hijos se fueron a la escuela. Pero mi mujer no me había dicho que iba a salir. Hay un garrafón de agua en el piso, de seguro no lo pudo subir al contenedor. Subo las escaleras rumbo a la recamara. Escucho ruido. De seguro dejaron la televisión encendida. Me dirijo a mi recamara, quiero dormir un rato, me duele la espalda, no pude dormir bien, así que dormiré un poco mientras que regresa mi mujer. Abro la puerta y de repente…

-¿Qué significa esto Petronila? – mi mujer esta en la cama con el del agua. Esto es lo único que me faltaba, mi mujer me pone el cuerno.

Agarro una estatuilla que tenemos de adorno en el closet y empiezo a querer golpear al pinche sujeto que acaba de terminar con el poco de orgullo que me quedaba.

Y para colmo, mi mujer me dice: -Pues tú tienes la culpa. ¿Para que llegas tan temprano?

¿Qué pasa con mi vida dios mío? Pueda ser que esté maldecido. Pero de todas maneras ese cabrón se va a morir. Veo como sale por la ventana. Vaya golpazo que se metió porque estamos en el segundo piso. Pero aun así logró correr. Ya volverá.

Mientras me pregunto: ¿Qué hago con mi vieja?

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