Archivo diario: 10 marzo 2009

Que el coño sea desconocido…

Estaba leyendo la frasecita una y otra vez, justo cuando sonó el timbre de mi puerta. Al abrir, allí estaba mi guapo chico con su chupa de andar en moto. ¿Qué mejor forma de encontrar inspiración?. Y sí… me inspiró el siguiente relato:

Una frase. Una, aparentemente, “simple” frase que él había pronunciado al igual que si estuviese comentando el tiempo. De su boca partieron las palabras “que el coño sea desconocido” hasta llegar a los oídos de Montse (Montse-rratita).

Montse no recordaba ya en que momento se había enamorado de Aspec (Aspective). Había sido algo inevitable, al igual que el quedarse embarazada por usar preservativos que ya habían perdido su vigencia. Intentaba una y otra vez enviar los mensajes corporales adecuados para que Aspec tomase algún tipo de iniciativa al respecto, sin embargo parecían no haber dado resultado. Hasta que, sin pretenderlo, lo oyó conversar con sus amigos y decir “que no había nada más motivador que el hecho de que el coño fuese desconocido“. ¿Así era cómo pensaba él?. ¿Ese era el tipo de hombre del que se había enamorado?. Algo comenzó a hervir dentro de ella, quizá aquel genio tan vivo que la había metido en problemas más de una vez. Y su cabeza comenzó a funcionar.

*  *  *

En la habitación la luz brillaba por su casi ausencia, así como los muebles. Un hombre estaba sujeto por unas cadenas, que lo mantenían erguido a pesar de su inconsciencia. Su rostro caía hacía el pecho desnudo y su piel brillaba por el sudor. Su respiración parecía normal. Sus brazos estirados al límite, soportando el peso del cuerpo. Una mujer lo contemplaba, sentada en una tosca silla.

*  *  *

Montse, sentada en una silla, esperaba que su presa se despertase de aquella inconsciencia provocada y, mientras, disfrutaba de la contemplación de su cuerpo. Había hecho que lo desnudasen antes de sujetarlo con las cadenas y, si siempre le había parecido muy atractivo, la realidad era que desnudo todavía se lo parecía más.

Observaba su cuerpo una y otra vez, con detalle, y parándose contínuamente en el centro del mismo, dónde, como solían decir las novelas románticas, descansaba su virilidad, relajada, vulnerable… apetecible.

Realmente era lo que le apetecía, más que castigarlo, acariciarlo.

*  *  *

El dolor en los brazos comenzaba a despertar a Aspec de su inconsciencia. El dolor y la incomodidad. Notaba algo raro, algo fuera de lo normal. Se sentía aturdido y dolorido. Poco a poco abrió los ojos, a los que poca luz llegaron. Levantó el rostro y lo primero que alcanzó a ver fue a Montse, sentada en aquella rara silla, que lo miraba fijamente. Miró hacia los lados. Intentó mirar hacia arriba para ver qué lo mantenía sujeto. Y su mirada regresó a Montse. Estaba claro que ella era la causante de que aquel dolor martirizase sus brazos.

-¿Se puede saber qué demonios está pasando aquí?- su voz sonaba ronca y el tono que había utilizado era bajo sin dejar de ser amenazante o quizá por ello siéndolo más.

Montse pensaba en qué decir. Era curioso, pero aún siendo él el que estaba sujeto, sentía que era ella la que estaba en desventaja. De repente, la idea que había tenido no le pareció tan buena. Y lo peor de todo era que si lo soltaba aquello tendría sus consecuencias, evidentemente. Estaba segura de que no la denunciaría, pues ningún hombre se sentía inclinado a admitir ante sí mismo y menos antes los demás que una mujer había conseguido someterlo. Y desde luego, mucho menos Aspec, tan dado a presumir de su hombría.

Con todo el control que pudo, Montse comenzó a hablar:

-El otro día te oí hablar con tus compañeros. Te oí decir sin más “que lo que más te motivaba era que el coño fuese desconocido“. ¿A cuántas mujeres has utilizado para satisfacer tus preferencias por lo “desconocido“? ¿A cuántas mujeres les has pisoteado sus sentimientos?… Pero… ¿sabes?, lo peor de todo es que tenía pensado hacer eso contigo, utilizarte, sin embargo he llegado a la conclusión de que sería darte aquello que te gusta: otro coño desconocido. Así que haré que te suelten y te dejaré marchar… sin embargo no lo dudes, si tomas cualquier tipo de represalia al respecto, volverás a colgar de estas cadenas… y esa vez…- lo miró fijamente a los ojos, a escasa distancia de su rostro-… no tendré piedad.

Aspec no tuvo tiempo de contestar, ni tan siquiera de digerir todo lo que ella había dicho, pues Montse ya estaba desapareciendo tras la puerta. Sólo sabía una cosa… la excitación recorría sus venas pidiéndole que hiciese a aquella hembra suya.

Próximo turno: M -Daniela – Activo

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Te compraré condones nuevos.

Cuando en este extraño experimento que se llama el blogguercedario (¿por qué con dos “g”?) estás atrapado entre Sonvak y Montse o Montse y Sonvak (tanto monta…) te vas acostumbrando a cualquier sorpresa. Casi siempre divertida, desafiante, un reto vamos. Intentas leer el relato en el que la frase final será tu título con calma, sin precipitarte hacia el desenlace, porque sabes que a partir de ahí, en cuanto le pongas la vista encima, te quedarás mirando la pantalla como un tonto, mientras lentamente la boca se te abre y la baba comienza a gotear. Vamos que se te queda una cara de gilipollas… Por eso suele ser mejor que procedas a su lectura en casa, a solas, en esas horas de la noche en las que la gente de bien se ha acostado y sólo quedáis por ahí Sito y tú (pero cada uno en su casa, ¿eh? Que luego sois muy mal pensados).

Pero es que hoy… “Te compraré condones nuevos”. ¡Coño!, como promesa era extraña, había que reconocerlo, pero como título es que no me da para nada. ¿Alguna vez habéis oído decir a alguien “te compraré condones nuevos”? Pues eso.

 

 Además la frase, en sí misma, ya me dejaba perplejo con varias preguntas colgando en el aire:

 

– “Nuevos” ¿era antónimo de viejos o de usados?

 

– ¿Se pueden comprar condones viejos? (Digo yo que serán especiales para señoras que quieran ser mamás, como la protagonista del relato de Montse, o para cabronazos que quieran dejar sorpresas…)

 

– ¿Se pueden comprar condones usados? (puajjjjj…)

 

– ¿Se pensaría, quien haya realizado la promesa, que hasta ahora los utilizaban viejos o usados (¡¡puajjjjj…!!)?

 

– También me pregunto si las sensaciones serán las mismas con condones nuevos, viejos o usados. Aquí por favor, el que tenga experiencia que nos lo explique y deje las diferencias en los  comentarios a ver si nos cuscamos todos, porque a lo peor nos estamos perdiendo algo importante por pura ignorancia. En cualquier caso hay que estar avisado no sea que la próxima vez que vaya a la farmacia y pida condones nuevos, me los den de otra “marca”.

 

De todas formas estoy seguro de que si le pido a mi farmacéutica  condones “usados” me saca a gorrazos de la farmacia, pensando en algún tipo de aberración.

 

Además, la frasecita de marras tiene su aquel, y puede ser dicha con segundas intenciones; si la frase va, por ejemplo, dirigida hacia mí, un varón (de momento):

 

¿Se puede interpretar como una promesa de sexo futuro? ¿Puedo deducir de ella que me están  asegurando diversión para la próxima vez? Es decir si, por ejemplo, mañana me cruzo con Angelina Jolie por la calle o tomando un café en el bar de la esquina y me dice en su perfecto castellano (es mi ejemplo y lo pongo como quiero. Si lo pongo en inglés no me entero) “te compraré condones nuevos” ¿se lo puedo decir a toda la oficina? ¿puedo contar ya la batallita o he de esperar a que consumemos y los transformemos en viejos?

 

Claro que si quien te lo dice es tu novia/esposa, es para darte el pésame. Es plenamente consciente de que hace tanto tiempo que no mojas que se han caducado en tu cartera (los ilusos los llevan en la cartera, por si acaso, mientras que los relistas los dejamos en el cajón de la mesilla que molestan menos). Y cuando te lo dice tu “santa” más vale que hayan caducado, porque sino, ella que controla el calendario perfectamente, te pedirá cuentas de dónde los has gastado, cuándo y con quién. Y de esa no hay quien salga vivo. Tened en cuenta que los cuerpos de policía más famosos del mundo estudiaron las técnicas de las esposas que sospechaban para saber como interrogar a los detenidos.

 

Hoy tardo en poner el post porque estoy esperando los resultados de una encuesta. En la oficina he hecho dos grupos: hombres y mujeres para estudiar sus reacciones cuando les soltaba la famosa frase y ver las diferencias por sexos.

 

– Yo: “Te compraré condones nuevos”:

 

          Mujeres: Todas sin excepción me han mirado inicialmente como si estuviese loco, luego con inmenso desprecio y finalmente me han soltado varios sinónimos de los cuales el más suave ha sido “guarro”. Alguna incluso ha dicho algo de acoso y no se qué.

 

 

          Hombres: Aquí he encontrado dos tipos de reacción:

 

 

o       El grupo A que directamente, y amenazando con soltarme una hostia, me ha espetado: “Maricón” ( y oye, por muy avanzados que estemos y que sus bodas están permitidas, este grupo logra que parezca un insulto muy gordo)

 

 

o       El grupo B, que he denominado de los derrotados, que directamente, y con cara de pena, me ha dado las gracias porque sí, estaban seguros de que les habían caducado los suyos.

 

En fin, como veis, lo de comprar condones nuevos lleva una cierta polémica. Sobre todo porque lo importante no es si los condones son nuevos, viejos o usados. Lo importante, lo más motivador y que derrite todas las barreras, como cualquier varón que por aquí campe puede atestiguar, es que el coño sea desconocido.

 

Próximo turno  N – Sonvak – Activo

 

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