Sonvak y yo, somos el uno para el otro.

Y esta vez acertaba, seguro. Iba a ser mi cuarto intento, la cuarta vez que confiaba en  que mi relación de pareja saliera bien, que fuese definitiva, que no se marchitara poco a poco, día a día. Pero las tres veces anteriores fueron grandes fracasos y tuve que tomar la decisión de romper, de finalizar cada matrimonio antes de que la cosa fuese a mayores.

 

Y la culpa la tuvo mi madre. O yo por creerle.

 

Hace tiempo, cuando todavía era adolescente, mientras comenzaba a pelar la pava con mi primera novieta, mi madre se sintió en la tentación de ejercer de “madre-madre” y regalarme algunos consejos de esos que no tienen precio y recuerdas durante toda tu vida.

 

       Mira hijo, a tu edad te ves muy atraído por el físico de las chicas, por la novedad de un cuerpo distinto, diferente.Pero tienes que ser más maduro, más listo y buscar la inteligencia, el carácter, otras cosas más importantes que el físico porque luego, en la cama, con la luz apagada, todas son iguales…

 

‘Dita sea con el “todas son iguales”. Yo, como el consejo venía de mi santa madre a la que adoraba y reverenciaba, me lo creí a pies juntillas y actué en consecuencia  en el futuro. Y así me fue.

 

Mi primera esposa, Elvira, fue una mujer inteligente, lista, con estudios, un recio carácter bien forjado, y una prometedora carrera profesional. Y más fea que el pegar a un padre. Una morena casi desagradable de lo fea que era. Pero recordaba los consejos de mi madre y creí que no tendría importancia. Nos casamos y pronto descubrí que los deportes de cama no le iban mucho, dicho así por ser fino, ya que la realidad era que los aborrecía  y entre que no quería y que tampoco motivaba y con la desesperación que da la urgencia no satisfecha, me convertí en un compulsivo practicante del sano deporte de Onán. Ante el resto de mis amigos intentaba explicar que la musculatura del brazo derecho era consecuencia de mis clases intensivas de tenis, pero creo que alguno se olió la verdad. Cuando no pude más, me divorcié quitándome un peso de encima.

 

Un tiempo después conocí a Sofía, que se convertiría en mi segunda esposa. Esta vez además de inteligente, lista, etc., era guapa. Una castaña de pelo larguísimo, preciosa. Muy guapa. Y parecía que el sexo le gustaba. Nuestra relación de convivencia empezó bien, pero algo debí de hacer mal pues en cuanto nació nuestro primer hijo, aquello dejó de interesarle. No me lo podía creer. De la noche a la mañana perdió totalmente las ganas y buscaba excusas constantemente para huir de mis atenciones. La situación se me hizo nuevamente insoportable ya que finalmente cualquier mujer por la calle era una tentación y yo iba permanentemente caliente como un mono. Quizá los comentarios que realizaba a las compañeras en el trabajo, o los chistes que contaba, hicieron que mi situación comenzara a trascender empezando a sobrellevar una fama de salido de aquí te espero. Y hubo un momento en que ya no pude más y decidí poner fin a aquello. Segundo divorcio y el brazo como el de Conan.

 

Harto, decidí que lo mío no tenía remedio. Se habían acabado las bodas y las tonterías. Dos fracasos eran más que suficientes… Hasta que conocí a Eva. Rubia, ojos azules, cuerpo de escándalo y tonta. Tonta de remate. Era una mujer florero, preciosa pero no llegaba más allá. Pensé que podía ser lo ideal después de las dos experiencias anteriores. La verdad es que su figura de escándalo, su forma de moverse, la ingenuidad de su mirada me hizo perder la cabeza. Y al final, pasé nuevamente por el juzgado. A la tercera va la vencida, me dije. Esta vez no podía fallar… Ni follar. La tonta, maldita sea, se dio cuenta del poder que tenía sobre mí cuando se abría de piernas… y decidió cerrarlas. Únicamente con algunas” llaves”: regalitos, viajes, caprichos, se podía abrir aquel cerrojo. Y yo cada vez con más ganas, pocas posibilidades y menos dinero. Además de no conseguir nada, me estaba arruinando. Capacitado ya para presentarme al concurso del brazo más musculoso del mundo,  conseguí, al final, tras un verdadero esfuerzo, mandarla a paseo y obtener el nuevo divorcio.

 

Pasó el tiempo y poco a poco volví a retomar una vida más rutinaria, tranquila, con el brazo más relajado gracias a la asistencia de profesionales que calmaban mi ansiedad a cambio de una tarifa fija pactada. Pero he debido de nacer para casado porque, pese a tener cubiertas mis necesidades materiales con una combinación ideal ensamblada a base de varias féminas: asistenta más prostituta (sin líos, ni rollos, ni discusiones, sin implicaciones emocionales, ni chantajes, la casa siempre limpia, las camisas planchadas, y lo más importante, sin negativas) parecía que algo me faltaba. Y es que siempre he dicho que, en el fondo, soy un romántico y empezaba a añorar una compañera.

 

Así que un día,  mi amiga Montse, me presentó a una conocida suya y creo que de todos vosotros. Para evitar que la podáis identificar, pues ella no sabe nada aún, la llamaré por el acrónimo “Sonvak”. No os la voy a describir pues, insisto,  todos la conocéis, pero es un cañón de mujer. Tiene el trato amable, es inteligente, dulce y simpática. Está o estará próximamente soltera. Además, he estado leyendo varios escritos suyos y he visto parte de su obra, lo cual me ha animado mucho pues  estoy convencido de que esta vez acierto porque creo que Sonvak y yo, somos el uno para el otro. Aún no lo sospecha pero nos casaremos, seremos felices, comeremos perdices y pote y percebes y no pararemos nunca de follar, perdón, de hacer el amor.

 

 

Siguiente turno: N – Sonvak – Activo

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8 comentarios

Archivado bajo Aspective_

8 Respuestas a “Sonvak y yo, somos el uno para el otro.

  1. Unsinagawa

    El post excelente y el escritor magnífico.

    Qué gran calidad e imaginación has demostrado y me encanta que los temas triviales hayan quedado atrás: La carne guuuar… y sus aseveraciones. Mucha tela de dónde cortar.

    Quién dijo esta boca es mía…?. Enhorabuena.

  2. jajajajajaja

    Debo de parecer una completa tonta aquí en la oficina, riendome sola mientras leo tu entrada. 😀

    Pero hombre, de verdad que haz sufrido mucho al seguir los santos consejos de tu señora madre….. Apuesto a que durante estos años de forzada abstinencia deseaste poder ser ambidiestro. 😉

    Espero impaciente la continuación.

  3. Anda que como te vuelvas a quejar de las frases que te dejo, te vas a enterar, querido!!!!

    Magnífico relato!!!

    Claro que la frasecita que le has dejado a tu amiga Sonvak es para ….. y no echar gota!!!

    Ainsssssssssssss, la próxima será dura como una roca, que conste que lo hago por ti para que te superes cada día encanto.

    Besitos y enhorabuena

  4. No te digo, ya tenemos tres divorcios y otra boda en proyecto.
    Aspective si sale mal la cuarta, sigue mi consejo que si no te revienta el brazo, contrata una pornochacha, y al tiempo que te limpia la casa te hace otro tipo de lavados jajajaja
    Por cierto, como me imagino que nos invitaréis a la supuesta boda, podemos ir pensando en un regalo común de la comunidad. No se, por ejemplo un libro orientativo al sexo de nuestro exhibicionista Armando Guerra, qué te parece? juas

  5. Pingback: Bitacoras.com

  6. N - Sonvak - Activo

    jajajajajajajajaja…
    jajajajajajajajaja…
    jajajajajajajajaja…
    jajajajajajajajaja…

  7. Y a mi que me está dando un puntito de morbo, Armando???? Ufffff, que le hacemos de plantilla y me lo mandáis a mi letra y escribimos a medias…………… o hacemos algo a medias o a calcetines, jajajajaja

    Besitossss

  8. Me ha encantado ese pedazo repaso por tus matrimonios jajaja. A ver si con Sonvak te va mejor… Besitos!!

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