Bajo su luz seguimos caminando…

Jack Nicholson y Morgan Freeman (Sean Hayes y Beverly Tood) dos sexagenarios diagnosticados con cáncer terminal y sin más futuro que la cercanía de la muerte, me habían inspirado a anotar siete deseos en el apartado de agenda de mi IPhone; mis mejores siete tareas: Antes de partir.

The Bucket List, sí, ese era el título del filme que hacía solo unos dias habíamos visto mi esposa y yo, y que me había motivado a esta aventura, que en unos momentos habría de emprender para navegar a vela el mar de cortés, en la compañía de este saco de huesos –letraheridos y alegres– en que se había convertido mi figura de quijote venido a menos…

La valija estaba repleta de los instrumentos necesarios que un experto como yo no debe prescindir en una empresa como esta: un mapa de coordenadas con su respectivo compás de trazo, dos GPS uno de bolsillo y otro de escritorio  –esas maravillas tecnológicas que te posicionan milimétricamente a traves de satélite–, nueve bengalas de emergencia y tres lámparas de bateria recargable. Una radio de onda larga y una botella de Havana Club; todo ordenado escrupulosamente sobre la mesa de navegación tenuemente iluminada por luces de neón.

 Serían las 4:00 AM. La planta de luz diesel ya estaba encendida, así que pusé la tetera a destilar la primera carga de café del día. Había trazado ya en tres ocasiones las coordenadas de navegación en los intrumentos “más vale pájaro en mano que ver cientos volar…”. No había motivo entonces de qué preocuparse, ya había realizado travesías similares aunque no excentas de riesgo… “cuantas veces no hemos sentido que nuestra vida pende de un hilo pequeño e insignificante”. Nada me arrebataría la dicha de quitar una raya al tigre de los deseos, me dije al soltar las amarras que me sujetaban al muelle e iniciar mi primera gran aventura: Antes de partir, aunque me gusta más The Bucket List, me aclaré.

Decidí usar el motor de auxilio para salir de la bahía, así que la barra de turbulencia por dónde se accede a mar abierto sería “pan comido”. Para entonces el motor de arrastre impulsaría con entusiasmo levando la gran vela de navegación. Ahora era sólo tirar la cuerda de acá y luego de allá, de inmediato hacer un ajuste al timón, y a la vez revisar las coordenadas de tránsito. Uff, aunque ya no estaba ahí, “este desorden será como la juventud, un desmadre temporal: como casa en día de mudanza”, ya pasará, respiré profundo tratando de llevar más aire a mis pulmones.

La alfombra azul-turquesa que me tocó como mar ese día dio mayor impulso al velero, ya no necesitaba de los 25 HP del motor auxiliar, para impulsar sus 33 pies de largo algo así como 9 metros de longitud, pues la quilla rebanaba como mantequilla el agua y daba una sensación de velocidad y estabilidad a la vez. No hubo para mi suerte que sortear épicas batallas con tiburones hambrientos o vientos de coromuel violentos, como en “El viejo y el mar” de Hemingway. Así transcurrió el día con tiempo suficiente para tomar un descanso sobre la mesa de trabajo. Además de revisar en el mapa de coordenadas y de cerciorarme que la lucesita intermitente color naranja no dejará de destellar en el GPS, tomé la botella de Havana, giré su cintura generosa y añejada pensando –tu y yo, la tutíe– celebraremos esta hazaña, la primera de siete: Antes de colgar los tenis.

Estaría loco si prolongo esta charla. Con una botella válgame Dios. Dónde se fabricaría en Holguín o Cienfuegos busqué en la etiqueta.

La ultima luz se perdió encima de los mojotes más altos del acantilado, la noche artillada de estrellas acarició los sonidos de mi canción favorita del momento: “…Sotto la relativa luce abbiamo continuato a caminare…. eh… eh” le hicé coro, mientras mi “star” favorita italiana tatarareaba: …Bajo su luz seguimos caminando… traduje casi intuitivamente.

La vida no había estado exenta de adrenalina y emociones extremas, un salto en paracaídas en el gran cañon del río colorado, en arizona; el nado con escuálos en la riviera maya y un viaje de mil y pico de kilometros en jeep recorriendo esa preciosa isla, Cuba, desde la punta de Maísi en Guántanamo hasta el centro de buceo María la gorda en Pinar. Roundtrip. Ida y vuelta en siete dias. Así que el score no estaba en ceros en mi historia de aventurero, de Jack Cousteau mexicano.

Una gran sensación de felicidad arribó junto con el último cuerpo de agua de la marina donde atracaría. Tomaría una fotos de las ballenas meciéndose juguetonas por los costados del impecable Hunter, mi BMW de agua –para que los cabrones de mis amigos no tengan para “dónde hacerse” cuando les narre mi hazaña–. No sabía nada de cetáceos –me avergoncé,  pues me enteré que recorren miles de kilometros desde las heladas aguas de los polos para reproducirse en las mucho más tibias de la laguna San Antonio. Algo mágico hay en este espectáculo: algo digno de verse antes de cruzar el umbral, de despeñarse…

Majestuosa y sin fanfarrias nos abrió sus brazos. Estamos en “Los Cabos”, Cabo Wabo para los pinches gringos. La playa de los enamorados a un costado y al otro el imponente Arco. No reviré absorto como estaba hasta que escuché el clin clin clin de su caída. La tarde moría entre un amarillo intenso y el cuerpo granular del enorme risco, desde la plataforma de nado, observé angustiado como el Havana Club — mi preciada joya– emprendía resuelto su viaje hacia el interior de esas profundas aguas azul-turquesa…

Turno para: -T- Carolinagromani

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10 comentarios

Archivado bajo S - Unsinagawa - Activo

10 Respuestas a “Bajo su luz seguimos caminando…

  1. Un bonito relato…pero así a palo seco, como que no…bufff

  2. Excelente relato, muy buen post!!!.

  3. aanu17

    Lindo relato 🙂

  4. Unsinagawa

    Noelplebeyo:

    Colega no sé porqué piensas tú que transcurrió aquello en seco: hay maravillas etílicas, un “caballito” de buen tequila con limón y sal siempre nos lleva a buen puerto jajaja. Un abrazo.

    Ariel Shinigami:

    Muchas gracias por tu comentario, también para ti está servida la mesa amigo!…

    Salud…!

  5. Me ha gustado muchísimo. Me encantan los escritos que llevan implícita una gran carga de melancolía, y para mi, esta la lleva y bien dosificada.

    Enhorabuena

  6. Aspective

    Al leer este ¿triste? (o melancólico como dice Montse) relato, me vienen a la mente algunos paisajes de Cuba.
    Hermosos, increíbles pero simpre me parecieron pese al son, al ron, al sol, teñidos de nostalgia.
    Quizás cuba sea así debajo de su pátina de alegria y despreocupación.
    Quizá sea yo.
    Muy buen relato. Enhorabuena
    (por cierto se ha quedado sin botella para enviar un menaje allende el mar…)

  7. Unsinagawa, tu relato es muy bonito! Saludos 🙂

  8. Unsinagawa

    Montse, muchas gracias por tus comentarios. Te devuelvo tu oración, esa nostalgia también es belleza.

    Aspective. Tus palabras me alegran y me mueven a “destapar” el reserva especial y desgañitarme un mojito: por todos aquellos que amamos esa hermosa tierra. Crecí leyendo por instrucción paterna a Lezama y Carpentier. Así que va así allá el menaje correspòndiente en estas palabras etílicas. Un abrazo.

    Carolina, la admiración es transparente y mutua, cómo te agradezco que te acercarás a comentar algo. A tus pies, de mar, amiga.

  9. N - Sonvak - Activo

    La verdad es que os leo y me haceis sentir de lo más humilde por la calidad de vuestra escritura. Excelente post!!

  10. Pingback: Bitacoras.com

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