No iba a querer vivir sin él

Su cabeza era un torbellino que la estaba torturando.

¿Cuántas horas habían pasado desde que él la llamó? No lo recordaba, un mundo, seguro, porque había tenido tiempo de atesorar cada  minuto de felicidad, cada discusión, cada reencuentro, cada reconciliación, pero no encontró nada que la hiciera suponer que acabaría así.

Le oyó hablar pero ya no comprendía las palabras. No registraba ni una sola de las explicaciones que él intentaba hacerle llegar.

Con lentitud colgó el teléfono y cuando escuchó que él había colgado también, dejó el teléfono incomunicado. No quería escucharle de nuevo. No quería escuchar a nadie.

Su cerebro empezó a jugar con ella. Le enseñó cada error cometido. Cada fallida concesión por miedo a perderle.

Ahora veía claro que él había ido alejándose de ella, pasito a pasito. Lentamente. En silencio. Como para que ella no notara su partida, sin embargo ella había ido llenando esos huecos, con estúpidas auto-explicaciones, que la libraban de enfrentarse a algo que debería haber visto con la misma claridad meridiana que ahora tenía frente a sí.

No podía paralizar el devenir de imágenes que la tenían que haber alertado de lo que se avecinaba, como podía haber pasado por alto tanto y tanto.

Necesitaba que la cabeza se quedara vacía, que no perpetuara tanto dolor, tanta angustia, tanto sinsabor.

Pensó en llamar a alguien para desahogarse sin embargo no sería más que la letra triste de un tango lo que podría contar. Había vivido en un mundo aparte, alejada de la realidad que rodeaba aquella relación y rememorarlo no haría más que aumentar aquella desazón que la iba retorciendo las entrañas.

Se sirvió un whisky. Se lo bebió de un trago y con asco. No la gustaba pero estaba segura que aquello aliviaría o mitigaría el dolor ya que el recuerdo era imposible de paralizar.

Siguió bebiendo hasta que prácticamente no distinguía si lo que ingería era la copa o sus propias lágrimas que inundaban sus ojos y que resultaban imposibles de contener. Nunca había llorado tan amargamente y en silencio. Era un dolor que la estaba carcomiendo.

Pasaban las horas y no podía superar ese sufrimiento que se fue convirtiendo en un horror.

Cavilaba que sería de su vida, como sería capaz de levantarse por la mañana y haría todas esas tareas cotidianas, desde ducharse hasta comer o dormir.

Había puesto todo su empeño. No, no valía la pena engañarse. No había puesto todo su empeño, había malinterpretado los signos y había falseado la realidad hasta conseguir desnaturilazarla a su antojo, pero eso no había servido más que para trasladarla, mucho más rápido de lo que habría querido, a este final. A esta hecatombe.

Se dirigió al baño,  abrió el agua caliente. No añadió ni tan siquiera un poco de gel. Quería adormecerse en el agua y no pensar. Necesitaba con premura que la cabeza no siguiera enviándola imágenes que, en este momento, la llenaban de ansiedad y angustia. No quería entrar en pánico, tenía que evitar a toda costa que su mente se cerrara de tal manera que fuera imposible encontrarle sentido a su vida.

Después de ingerir varios sedantes, pocos, empezó  a notar como su cuerpo se iba ralentizando. Le costaba moverse con cierta soltura. Con la ingesta, consiguió que algunas escenas desaparecieran y dieran paso al vacío. Ahí encontró la fuerza y la solución,  a partes iguales.

Una vez en el agua que la cubría casi por completo, el cutter hizo el resto.

Al tiempo que el agua se teñía de rojo, ella seguía con una frase grabada a fuego en su cabeza: No iba a querer vivir sin él, sin embargo él había empezado otra vida sin ella.

Vio como rebosaba el agua por la bañera pero ya le resultaba imposible mantener los ojos abiertos. Oía lejanamente el chapoteo del agua que se precipitaba fuera. Y quiso no pensar en él. No lo merecía, pero aquella última vez que hicieron el amor, aquella vez que él se mostró tan frío, tan silencioso no abandonó su cabeza hasta el mismo momento que la vida terminó.

Exactamente el mismo momento en que la policía entraba en su casa y ratificaban que no había nada que hacer por su vida.

 

Siguiente turno: Q – Sara – Activo

Anuncios

10 comentarios

Archivado bajo P - Montserratita - Activo

10 Respuestas a “No iba a querer vivir sin él

  1. Unsinagawa

    Uff… Sin palabras excelente!!!

    Primero que nada es impecable tu forma de escribir. Estamos ante verdaderos profesionales eh?…

    Y la verdad sentí una gran impotencia, como en la novela de Capote “In cold blood”, de no poder impedir lo irremediable.

    Excelente tu post, menos mal que no es real, al menos entre el “Team”.

  2. N - Sonvak - Activo

    Sí, excelente relato. Pero… ¿quitarse la vida por un tío? ¿¿¿¿¿¿un tío que además ya ha empezado una nueva vida??????…

    Se me ocurren razones para suicidarse, pero desde luego, nunca lo haría por un hombre que me ha roto el corazón… echaría mano del loctite.

    También es cierto que el suicidio es un impulso irrefrenable en un momento de desesperación.

    Y ratifico lo que dice Unsinagawa, estoy gratamente sorprendida por la calidad de los escritos que aquí se leen. Siempre es un placer.

  3. No hay ni “tio” ni “tia” por el que quitarse la vida, por lo menos por amor, creo yo. Anda que ell@s se lo pierden!!!! jejeje!!!

    Muy buen post wapetona

  4. Aspective

    Supongo que todos, alguna vez, hemos comenzado ese camino de desesperación que se emprende cuando el autoengaño, fingido, que nos hemos estado dosificando a nosotros mismos cae bruscamente, roto por la realidad.
    Esa sensación de vacio, de no poder aguntar, ese tremendo dolor, esa desesperación que tan increiblemente bien ha retratado Montse (es realmente una artista reflejando sentimientos) que te hace pensar que cualquier otra realidad puede ser preferible al dolor.
    Ahí, quizás, es cuando la fortaleza personal, o el entorno, la fe, la responsabilidad o cualquier otra fuente de esperanza o necesidad te puede hacer reaccionar.
    Enhorabuena Montse. Me encanta leerte porque eres maravillosa contando historias y expresando lo que podemos sentir en nuestro interior.

  5. Qué duro… y con esa frasecita que me has dejado, me temo que mi entrada también se va a vestir de negro. Un besito, y recuerda que en la próxima ronda, me voy a vengar de todooooooooooo, HUAHAHAHHA!!!

  6. Gracias a todos por vuestros comentarios tan halagüeños.

    Que conste, que tengo el “Comando G” un poco parado porque al final, todos o casi todos, acabamos pensando que el autor refleja una situación propia. Me apetecía pasarme al otro lado completamente pero a poquito pie que me de con las frases, Sara, “sus vais a enteral”.

    Gracias de corazón y besitosssss

    P.D. Os juro por Arturo y los caballeros de la mesa redonda que yo no me he suicidado nunca por un tío. Quizás por una pelea con Hacienda algún día lo haga, jajajaja.

  7. Aspective

    Opino igual. Las historias son, en su mayor parte fruto de la imaginación. Pueden nacer de una pequña semilla a partir de algo que viste, leiste, te comentaron, conociste… Pero luego se construyen en base a la inventiva y no tienen nada que ver con la realidad personal. Incluso con el cómo te imaginas tú que una determinada situación puede desarrollarse, sin información de primera mano que la contraste.
    Al menos en mi caso.

  8. Sí yo tambien pienso que de una idea aparentemente insignificante te puede salir una historia interminable que al final igual no tiene nada que ver con la idea primera.
    Te felicito lo bien que lo has escrito, la dureza, el realismo y la tristeza que me ha dejado al final es impresionante. Besos.

  9. Es muy bueno, desde luego tengo a muchos de aquí nominados para abandonar el proyecto (ES BROMA) porque el nivel es profesional y yo comencé esto con mi humilde categoría amateur.

    De todas formas hay historias que fielmente pueden reflejar una realidad, hay otras que pueden comenzar o terminar con algún intervalo inspirado en la realidad y las hay 100 % ficticias. Lo que está claro es que la de Montse como mínimo es de la segunda clase si no de la tercera, porque a mi me consta que sigue viva como una marquesa (hasta la tengo en el facebook ahora jeje). Por cierto si alguien quiere agregarme mi nombre es Sito Iglesias.

    Bravo por el escrito Montse, estremecedor. Es tremendo pensar que alguien se pueda suicidar, pero habría que estar dentro de su cabeza para entender a esa gente, tiene que ser muy complicado, de hecho yo siempre me he preguntado si la gente que se suicida es valiente o cobarde, o ambas cosas. Complicado el tema.

    Finalmente recordaros que cuando publique Aguaya, comenzamos 10 rondas con el orden invertido, por lo que la penúltima persona en publicar tendrá dos turnos casi seguidos, pero no creo que sea un problema no? Os enviaré un correo a todos explicando el tema. Preparad vuestras dulces venganzas.

  10. Pingback: Bitacoras.com

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s