Archivo diario: 10 febrero 2009

¿Puede un hermano odiar tanto a otro para hacerle esto?

¿Quién no ha odiado alguna vez a su hermano o hermana? Da igual que sea pequeño/a o mayor, más gordo/a o más flaco/a, más inteligente o menos,…

Sea como sea, si tienes un hermano o hermana, en alguna que otra ocasión (seguro que no ha sido en una sola ocasión) habrás experimentado ese odio incontenible e irremediable del que hablo.

Se puede odiar a un hermano o hermana de muchas maneras y por muchos motivos distintos. El motivo inicial de odio hacia los hermanos pequeños comienza en el preciso instante en que los hermanos mayores (si encima somos hijos únicos, peor) recibimos la “agradable” notícia de que en nueve meses aproximadamente, habrá otro nuevo miembro en la familia.

Los primeros que incentivan estas relaciones de odio entre hermanos son, sin lugar a duda, los padres y los familiares más allegados (el resto de amigos y demás, contribuyen a ello, pero no son los principales culpables).

Y digo que son los padres porque ocurre que, de repente, toda la economía familiar se vuelca en las necesidades de aquel ser (que todavía está dentro de la barriga de la madre). La única y primordial necesidad de los padres en los tres primeros meses de embarazo, es saber si ese ser va a ser niño o niña. Mientras tanto, los hay que aprovechan la larga espera para comprar pañales, biberones unisex, baberos, y demás utensilios que, según parece, se agotan todos de repente en cuanto el bebé nace.

Una vez se sabe el sexo del futuro miembro de la familia (porque no nos engañemos, para los hermanos mayores, hasta que esa cosa no ha nacido, no tiene para nada un lugar en la familia), los padres y familiares más allegados se lanzan a las boutique de ropa de bebés en busca del modelito más moderno para el nene o la nena, como si acabaran de empezar las rebajas. Cosa que sigo sin entender. ¿Cómo es posible que un bebé de dos meses, que sólo babea, bebe, mea y caga, tenga veinte atos más que tú? Pero si no suda, no se pone a jugar en la tierra, ni siquiera come chocolate. ¿Para qué tanta ropa? Vamos, que el mañaco tiene ya un armario repleto de ropa para cuando nace…

Y esa es otra, la preparación del mobibliario y estancia del futuro miembro de la familia. A pesar de ser conscientes de que los primeros meses de vida del petit suise se van a pasar en la misma habitación de los padres, en el llamado “cuco” (por cierto, ¿alguien me puede explicar por qué se llama así?) que se instala al lado de la cama de los progenitores (curioso, siempre se instala en el lado en el que está la madre, ¿eh?).

Mientras tanto, al hermano o hermana mayor en cuestión, se le “prepara” para tal acontecimiento, que cambiará su modo de vida para el resto de sus días en el hogar familiar: “Cariño, ¿sabes que tu hermanito querrá ser siempre como tu?” “Cielo, no digas palabrotas. ¿No querrás que tu hermanita aprenda a decir esas palabras tan feas cuando nazca, no?” “¡Qué bien, vas a tener un hermano!. Verás, en cuanto crezca un poco, le podrás enseñar un montón de juegos, y jugarás con él. Qué divertido, ¿no?”.

Que al final te dan ganas de preguntar:

– ¿Pero bueno, yo qué voy a ser, su hermano o su profesor?

Próximo turno para: G- Gaby – Fin de semana

56 comentarios

Archivado bajo Saralm