Por donde paseo como un extraño árbol

Cuando Carlos salió del bar esquivando a los curiosos que esperaban por el programa musical de cada viernes, ni se percató de que llevaba a Lucy como las madres llevaban a sus hijos a la escuela cuando se les hacía tarde para el trabajo: de la mano y corriendo. Tan desesperado estaba por estar a solas con ella, con esa mujer que le alborotaba los deseos de copular aunque fuera a la sombra del farol del parque de enfrente, que fue Lucy quien tuvo que ponerle freno cuando no habían caminado ni veinte metros.

– Carlos, espérate, que aquí mismo te voy a comprar tu camisa -le dijo cuando pasaron por la tienda prohibida de la esquina-. Y dale suave, que al paso que me llevas tendré que comprarme también unas zapatillas deportivas para no perder un tacón en el próximo bache de la acera.

– Disculpa, Lucy, ni cuenta me di… es que ya quería salir del gentío aquel. Pero no, no te molestes, no me hace falta ninguna camisa nueva si, total, ni salgo ya…

– No me vengas con esas ahora, Carlos, deja la pena y el orgullo y entra, o tendré que halarte yo a ti por el brazo.

Lucy no tuvo que insistir mucho, ni Carlos tampoco. Ella tomó la iniciativa, entraron a la tienda en dólares que sólo conocían de la vidriera hacia afuera y le pidió una camisa a la dependienta que se arreglaba las uñas detrás del mostrador. Otra, a su lado, leía un libro y no tenía intenciones de dejarlo. Lucy, ante la falta de experiencia, no mencionó ni la talla ni el color de la prenda de vestir que buscaba, pero ni hizo falta: con una simple mirada a las ropas en exhibición concluyó que los modelos de camisas se resumían en un único ejemplar que colgaba de un perchero verde claro.

– Esa no, mi vida, esa no está en venta porque es la última que queda y algo tenemos que poner ahí -le aclaró la interpelada bajando el tono de la voz- pero si están interesados les traigo unas que tengo aquí al doblar, en casa de una amiguita, para que escojan. Son de muy buena calidad, de la mismísima Francia y, además, a un precio más asequible. Pero que quede entre nosotros, eso no lo hago con todo el que entra a esta tienda.

Lucy se encogió de hombros y respondió con un tímido “Bueno”, arrastrando la e. Fue entonces que la otra empleada dejó el libro sobre el mostrador, con el título Por donde paseo como un extraño árbol hacia arriba, sin marcar siquiera la página por la que iba y, después de intercambiar señas con su colega, salió disparada de la tienda en busca de las misteriosas camisas.

arboles-raices

Lucy leyó la carátula del libro con curiosidad y se preguntó si no sería ella el personaje perfecto para aquel título, tan atada a las costumbres, a tantas de ellas, a su pasado, a lo que debía y tenía que hacer para no perder la esperanza de irse del país del que cada día quería saber menos… Y Carlos, Carlos pensaba en qué inventar para meterse con Lucy en el probador y desnudarla allí mismo, penetrarla, jugar con sus senos y hacerle el amor, como los conejos si era necesario, fugaz, relámpago, pero hacerlo, que ya no aguantaba más las ganas por tantos años escondidas.

En eso llegó la lectora ausente con una bolsa de nylon en la mano y caminó hacia donde estaba la supuesta dueña de las camisas, mientras Lucy les prestaba atención y Carlos humedecía su pantalón al ritmo de unos continuos espasmos.

Próximo turno para: A – Codeblue – Activo

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11 comentarios

Archivado bajo V - Aguaya

11 Respuestas a “Por donde paseo como un extraño árbol

  1. Aguaya, tu entrada me parece sublime y me “huele” a Cuba, no me preguntes porqué.

    Visito habitualmente un blog, cuya dueña, Zurama, relata cosas acerca de ese país, y esta entrada inmediatamente me ha recordado a ella, a ese país y a muchas cosas más.

    Disculpa si no era lo que tratabas de reflejar tú, sin embargo esa ha sido mi sensación, mágica sensación, por cierto.

    Besitosssssss

  2. Montse, yo soy cubana!!! jijijiji

    Vivo en Berlín pero allá en Cuba vive mi familia y aún algunos de mis amigos, colegas de estudio y de trabajo. De mi generación, el equipo extranjero ya casi iguala al nacional en cantidad…

    Aunque la historia de Carlos y Lucy sea ficticia, la vida en la isla es sobre lo que mejor puedo imaginar, improvisar y contarles: viví allá 30 años.
    🙂

    Ah, y conozco a Zurama también a través de los blogs!

    Otro beso para ti,
    AB

  3. Bonito relato Aguaya, pues confieso que aún que no pensé en Cuba, si que me recordó a mi pueblo. 🙂

    Vamos a ver como continua tu relato Sito.

    Te mando un beso.

  4. unsinagawa

    100%. Excelente. En mi post de inicio se me salió poner la palabra Neptuno, después reparé que me referí a la calle habanera.

    Tu recuerdo sigue ahí, pensé.

    De nuevo contigo viajé a cualquier esquina de centro-habana frente al aparador, no sé, de alguna tienda de divisas.

    Un abrazo Aguaya… Felicidades¡¡¡¡¡. Chingao.

  5. Historia muy bien contada…¿¿¿ existe el libro con ese nombre ??? me gusto como la e se deslizó en el relato y esa mezcla de lo cotidiano, como entrar en una tienda, y el deseo irrefrenable, el impulso más “animal” que en alguna ocasión presenta el ser humano.

    Muy bueno. Felicidades

  6. N - Sonvak - Activo

    Es como seguir una novela a capítulos… La historia de Carlos y Lucía. Eres muy buena escribiendo!!!

  7. Me ha hecho gracia volver a ver a Carlos y a Lucy con su historia y sus calenturas, jaja. Poco a poco los voy conociendo más.
    Muy bueno, Aguaya. Besitos.

  8. Solidaridad con el amigo Carlos, en el próximo capítulo queremos que consiga su tan ansiado desahogo.

  9. Me gusta esta historia por capítulos.
    Como dice Codeblue, ya ya estoy sufriendo por Carlos, a ver si en la siguiente entrada, al fin, llega a “quedarse un poco más tranquilo” porque le va a dar algo.
    Un abrazo

  10. Pingback: Un buen recuerdo de Noelplebeyo « El Blogguercedario

  11. Pues en verdad Carlos está más cerca de conseguir llegar al climax de sus deseos, pero pues para eso necesitaremos estar al pendiente del siguiente capitulo y aqui estaremos

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