Por la noche, mis ositos de peluche me atacan.

Después de leer estas palabras cerró suavemente el viejo diario que, por casualidad, había encontrado perdido entre los antiguos papeles que estaba revisando. Una sonrisa, mitad irónica, mitad nostálgica, asomó a sus labios.

-Qué inocente era yo en aquella época –pensó-  ¡Mira que creer que los ositos de peluche podían atacarme…! Pero claro, era muy joven e inexperto y todavía creía que las cosas debían ser como decía mi pobre madre y llamarlas claramente por su nombre. Que todo era  nítido, con definidas líneas divisorias entre el bien y el mal, el día y la noche, lo correcto y lo incorrecto, entre lo que existe y lo que no. ¡Que poco sabía aún de la realidad…!

Había transcurrido mucho tiempo, pero aún era joven y estaba muy bien conservado. Calculó mentalmente. “Eso lo debí de escribir unos meses después de que se llevaran a mi padre… y eso fue en… luego debe de hacer unos… 120 años, más o menos”.

Apagó la luz, siempre le molestaba la luz, y bajó de nuevo al salón de la hermosa casa que habitaba. Una casa grande, espaciosa, pero curiosamente carente de muebles, electrodomésticos y adornos. Paredes vacías, habitaciones desnudas y un olor a cerrado, a aire viciado, viejo y mohoso, que cuadraba bien con la gran capa de polvo y suciedad que cubría todas las superficies. Los cristales de las ventanas, en otro tiempo transparentes, eran ahora opacos y apenas dejaban pasar una mínima claridad aún en pleno mediodía. Claro que eso él no lo sabía. A esas horas siempre se encontraba durmiendo ese sueño tan especial, tan profundo, que le inundaba cuando el primer atisbo del alba asomaba por el horizonte.

-Qué inocente era yo en aquella época –se repitió- Ositos que me atacan. De todas formas, creo que hicieron bien en aparecer como ositos, porque es posible que mi mente no hubiera soportado la visión de la realidad en aquellos años. Hasta el día que mi padre regresó. Y con su apariencia real.

Se movió por la sala y, como tantas veces anteriormente, intentó ver su aspecto en el descascarillado espejo. Inútil, como siempre. El reflejo que esperaba ver algún día seguía sin aparecer. Se sintió irritado. Quería, ansiaba ver esa imagen propia, para él desconocida, pero que tanto terror insuflaba en el resto. Claro que las circunstancias en que le veían… No era de extrañar tampoco.

Su padre… ¡Que contradictorias sensaciones le traía su recuerdo! Aquel padre que, haciendo de tripas corazón, escondiendo su propio miedo le acompañaba en las noches de su infancia, tierno, protector. El padre ausente, desaparecido, al que echaba terriblemente de menos en esos días en la celda acolchada en la que le encerraron cuando se atrevió, al fin, a confesar lo que sucedía en su cuarto cuando la luz se apagaba. Tantos señores con caras serias y batas blancas, tantas pastillas y preguntas.

– Nunca les puede convencer –se dijo- Siempre creyeron que fui yo. Pero yo era normal y quería a mi hermanita. ¿Cómo pudieron pensar que el autor de aquella carnicería  había sido yo? Acudí a su habitación cuando escuché sus gritos. Sabía lo que pasaba y la intenté proteger como habría hecho mi padre. Pero no pude. Cuando llegué ya estaba así y toda la habitación estaba inundada con su sangre. Y oí las risas, sí, y quise pegar y golpear a todos esos… ¿muñecos? que la habían destrozado. Y así me encontraron: gritando, rompiendo sus juguetes, con ella deshecha en la cama y todo manchado de sangre ¡Cuánto añoré a mi padre para que pudiera explicarles lo que había pasado! Luego el encierro, la soledad, la locura, hasta que al fin regresó. No sé cómo entró, pero allí estaba él, en la celda, conmigo. No como yo lo recordaba, desde luego. Había cambiado mucho. La expresión de su ¿cara?, los puntiagudos y enormes dientes, las largas y redondeadas uñas, las manos y pies y ese olor… Pero le reconocí enseguida.

-Te voy a sacar de aquí –me dijo riendo a carcajadas- Y ya nada volverá a ser igual. Vas a ser todopoderoso. Vivirás para siempre y no tendrás miedo a nada ni nadie. El mundo va a ser tuyo. Serás el amo de la noche y todos te temerán.

Y cumplió su palabra. El tránsito reconozco que no fue agradable, al menos cuando se abalanzó sobre mi garganta y la destrozo a dentelladas sorbiendo con fruición la sangre que manaba. Perdí el sentido y de alguna forma debimos salir porque, al despertarme, estaba fuera del hospital en el que había estado tanto tiempo encerrado y me encontraba tirado en el suelo de un callejón y con la impresionante herida del cuello ya cicatrizada.

No le volví a ver. Y le hubiera necesitado, porque los comienzos fueron difíciles. Hube de seguir unos instintos nuevos, crueles, que me hacían comportarme como el más salvaje de los animales cuando se me despertaba el hambre. Un hambre atroz, dolorosa, desconocida, que me hacía perder cualquier prudencia. Y así tras sembrar de cadáveres la ciudad, dando pábulo a noticias sobre asesinos satánicos y homicidas en serie, comencé a comprender que debía racionalizar mi nuevo estado. Cambié de ciudad, y comencé a atacar a las víctimas en su casa, lejos de la vista de ojos curiosos. Aprendí que las mujeres solas eran más fáciles y exigían menos esfuerzo. Además, era un placer extraordinariamente mórbido y sensual sentirlas denudas en mis brazos. Fui llevándome sus joyas y cosas de valor y me hice rico. Poco después obtuve ciertas habilidades que me resultaron muy útiles: influir telepáticamente en la gente, incardinarme en objetos…

Comprendí el poder y la sensualidad que encierra el acto de morder la garganta a una mujer mientrpuertaas su cálida sangre se desliza, a impulsos de su corazón aún vivo, por tu boca, y notas que se va abandonando, laxa, a tu voluntad. O el morboso placer de conseguir que esos muñecos que, con cariño, llevan a su cama se conviertan en su pesadilla.

Así que ya sabes. La próxima vez que estés sola en casa, en la ducha, desnuda, piensa que al descorrer la cortina puedo estar esperándote para hacerte mía. O cuando en una noche de tormenta te acurruques debajo de la manta abrazada a tu peluche, si sientes que, de repente, te mira o escuchas un ruido debajo de la cama, puedo ser yo,  una noche, sediento de sangre.

P – Montse – Activo

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16 comentarios

Archivado bajo Aspective_

16 Respuestas a “Por la noche, mis ositos de peluche me atacan.

  1. Qué buenooo!! No sé qué me da más miedo, si el relato, o lo que pueda hacer Montse con esa frase… jajaja.

  2. Muchas gracias, Sara.
    Montse saldrá, genialmente, por los cerros de Úbeda que es una maestra.

  3. Montse, Montse, Montse; ¿como has podido hacerlo?.
    Es una verdad TOTALMENTE reconocida que para convertir a un humano en vampiro este debe ser mordido TRES veces y que debe de hacer igual numero de intercambio de sangre con el vampiro.
    Pues asi se asegura la lealtad eterna del nuevo miembro de la familia.
    Si un vampiro solo te muerde una vez (y suponiendo que se detenga antes de quitarnos toda la sangre), lo unico que pasara es que el humano tendra una predisposicion natural para ser influenciado por el vampiro.
    Si el vampiro te muerde 2 veces tendra tu lealtad asegurada para siempre (entendiendose siempre el termino natural de la vida del humano).
    Ahora bien; quiero suponer que el padre del protagonista fue transformado en vampiro despues de haber tenido hijos, pues TODOS sabemos que los vampiros NO pueden tener hijos ya que estan MUERTOS.
    Y si pretendiste sustar a las mujeres que viven solas diciendo que tuvieran cuidado pues facilmente pueden ser presas de un vampiro, permiteme decirte que esa es una gran manera de morir ya que al ser succionada la sangre del cuerpo de una persona se produce una sensacion de extasis y gozo tremendas y la mayoria de las personas llegan hasta a tener multiples orgasmos….. Y DE LOS BUENOS¡¡¡¡¡¡¡.

    Quitando estas enormes impresiciones, el relato me ha gustado mucho en verdad.

    Jajajajajajajajaja

    (Espero me disculpes pero presicamente acabo de terminar de leer un libro de vampiros y no pude resistirme). 😉

  4. Lo siento Aspective, que me he confundido y el pequeño comentario anterior era para ti.

  5. Aspective, me he quedado embobada.

    Como has ido desgranando la historia, de una manera brillante, hasta desembocar en un vampiro!!!

    Quién habría dicho que un vampiro tenía miedo de los ositos de peluche, en su infancia!!!!

    Querido, los cerros de Úbeda, están “saturaos” de mis visitas ya, me temo que esta vez, con esa frase, me voy directamente al Kilimanjaro a ver si logro algo 😉

    Me voy a ver si mi neurona se digna a contactar conmigo y a ver qué sale.

    Enhorabuena!!!!! 🙂

  6. ¿vampiro? ¿hombre lobo?
    ¿sádico loco?
    No me paré a ver quién era. Salí corriendo cuando le ví detrás de la cortina de tu ducha….

    (De todas formas, todos esos convencionalismos nos lo hemos inventado nosotros, los vampiros, para daros una falsa sensación de seguridad… Je je je. Y por supuesto, cuando nací, mi padre era… mi padre)

  7. Me ha entrado un escalofrío… sólo se me ocurre una palabra Excelente.
    A partir de hoy: peluches de cara la pared, no me ducharé más estando sola y si hace tormenta no me esconderé debajo de las mantas sino sentada en la cama sin dormir… 😉 por si llega el vampiro…

  8. Carolina, yo no quisiera que sonara mal, pero seguro que por aquí encuentras algún voluntario para no ducharte sola.

    Por ejemplo, yo. Je je je 🙂

    ¿Los vampiros existen? (y no me refiero a bancos, inmobiliarias, hacienda, etc.) hablo de los aprendices de Drácula ¿haberlos ,haylos?

  9. Bravo Aspective, que bien escrito, que envidia.

  10. N - Sonvak - Activo

    Bueno… debo admitir que me parece una excelente continuación a mi breve relato… y que ninguno de los que aquí ha comentado está errado. Es un post muy bueno. No te quejarás ¿eh?, jeje…

    Por cierto… ¿por qué tu texto tiene un formato distinto al de los demás?…

    Debo decir que la inspiración del mío salió de la sátira de los lunnis al “Sexto Sentido”… como adivinó Codeblue.

    Y la siguiente será la 10ª ronda… Se aproxima el cambio de rumbo, y lo estoy deseando. Me gustan los retos y creo que tus frases serán un reto para mi.

    Un placer leerte, como siempre!!!

  11. Aspective

    Gracias Sonvak.
    Pero no me hagas la pelota, que dedico una hora cada día a apuntar frases retorcidas… pensando en el cambio de ciclo… (je je je <– léase como risa sádica)

    Los vampiros me han gustado en libro (menos en película) pero nunca han sido mi género favorito. Sin embargo recuerdo que el libro "Drácula" de Bram Stoker, que leí de bastante jovencito en vacaciones de verano, lo comencé como siempre por la noche (soy de siempre un empedernido lector nocturno) y terminé teniéndolo que leer a mediodia, a pleno sol y con gente alrededor. Fue uno de los libros que más miedo me han causado.

    Pero no cambiemos de tema… mira a tu alrededor y tiembla, que se acerca…¡¡la ronda inversa!!

  12. Aspective

    El formato distinto es porque escribo en wordo y hago copy/paste al wordpress y jamás atino con el tipo de letra (coloco el times new roman) ni el tamaño (pero como no importa ¿no?)
    Si me dan directrices, prometo seguirlas…

  13. Pingback: Bitacoras.com

  14. Hola!!!
    Estupendo relato!!!! soy fan de los vampiros y cosas asi.

  15. ayyyyyyy mamáaaa que miedooooooooooooooooooooo (casi prefiero lo erótico jeje)

  16. Loreaine

    Esta historia da escalofrios pero no me la creo muxooo

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