Archivo diario: 20 enero 2009

Hacía eso, vivir!

Hacía eso, vivir, disfrutar en la medida de lo posible, pelearse con el día a día, tener su vida llena de amigos y formar parte de una familia muy unida, una familia que se vió rota aquel fatídico miércoles, 21 de abril del 2004.

Había llegado ya al trabajo, un trabajo en el que había comenzado hacía apenas tres días, pero por alguna causa misteriosa, cogió el coche y enfiló hacia Porriño otra vez. Y el destino se lo llevó… parece ser que perdió el conocimiento mientras conducía y su coche se metió bajo un camión que circulaba en dirección contraria.

Recuerdo ese día con todo detalle, incluso las horas anteriores a que me dieran el golpe más duro de mi vida. Mi hermano Claudi llamó al que por aquel entonces era mi pareja… me dijeron que Carlos había tenido un accidente y que estaba muy grave. Sin embargo al momento comencé a llorar… sabía que Carlos había muerto, deseaba con toda el alma que no fuese así, pero lo sabía.

Cuando llegué a casa de mis padres, estaba solo mi padre… mi madre había ido a casa de su hermana de visita. Yo no sabía que decir, no sabía si mi padre ya lo sabía. Al poco llegó mi hermana Patri… tampoco parecía saber el alcance de la tragedia. Yo lo tenía claro, pues sino todos estaríamos esperando en la sala de algún hospital.

Y por dentro, no dejaba de rogar que aquello fuese una pesadilla, no dejaba de esperar que en cualquier momento Carlos apareciese por la puerta. Cuando llegó a casa mi hermano Claudi con mi madre, la magnitud del dolor de ella me impuso cierta calma a mi para intentar ayudarla en la medida de lo posible. Su hijo, su adorado hijo, mi adorado hermano, ese hijo con el que más unida estaba en aquel momento de la vida… se había ido, con apenas 31 años recien cumplidos.

El accidente salió publicado en el periódico al día siguiente, con fotografía incluida. Nunca he visto ese artículo, nunca he querido verlo. Oía a la gente hablar de la fotografía en el velatorio, de como había quedado el coche… y yo pensaba «no se dan cuenta de que no necesito detalles«… «no se dan cuenta de que el dolor ya es demasiado como para que me den pormenores«…

Mi hermano Carlos fue incinerado y se me quedó clavada en el alma la imagen de mi madre abrazada a la urna que guarda sus cenizas, caminando hacia el coche al igual que muñeca rota por la desesperación.

Al día siguiente aparecía en el periódico una esquela dedicada a Carlos por parte de la enorme cantidad de amigos que tenía… pues así de especial era él. Iba por la vida dejando huella.

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Recuerdo que desde ya muy pequeñito traía a las niñas, y no tan niñas, loquitas por él. Y no era solo por su físico, era también por su especial forma de ser. Presumía de mi, su hermana mayor,  ante sus amigos y esa admiración era el mejor de los regalos. Yo también presumía de él. Somos, pues no puedo decir éramos, cinco hermanos que formaban una piña, siempre bien avenidos, siempre defendiéndonos unos a otros, siempre muy unidos… la familia ideal.

Han pasado cuatro años y medio desde que él ya no está. Este febrero cumpliría 36 años. Todavía me siento enfadada y con ganas de gritar de dolor… a veces es pura desesperación la que siento. A veces sueño con él, maravillosos sueños en los que puedo abrazarlo, en los que puedo decirle lo mucho que lo quiero, en los que es como si él volviese a vivir.

Todos los días está en mi pensamiento, en mi corazón, guardado como el mayor de los tesoros, viviendo sin vivir. Todos los días se los dedico, pues no podría ser de otra manera.

Y este post es para ti Carlos, donde quiera que estés, pero siempre conmigo sino en presencia sí con toda mi alma. TE QUIERO, HERMANITO!!!.

O – Aspective – Activo

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Un nuevo objetivo en su solitaria vida…

Eso era lo que ella necesitaba, pensaba Zulema.  Hacía meses que se sentía perdida, ir y venir del trabajo, hablar con alguien por teléfono, ocuparse de casa y el mayor tiempo sentirse lastimada, abandonada, entristecida por el rompimiento con Pablo.

Habían pasado tanto tiempo juntos, y le parecía que con él se habían ido sus mejores días, no comprendía cómo no se había dado cuenta de que el fin se avecinaba, total parar qué pensarlo ahora, igual nada cambiaría.  Pero lo que no entendía era por qué no podía dejar de sentirse deprimida y triste, ella necesitaba algo que le devolviera las ansias de vivir que se habían dañado aquella tarde cuando al volver del trabajo, encontró la nota y el perchero vacío.

Tendida en el sofá como cada noche, la taza de café y el periódico en la mano, se disponía a leer un poco e ir a dormir , ya luego sería otro día, igual de simple pero eso era lo que había. Los titulares habituales, la inflación, el desempleo, las rebajas, nada de nuevo, hasta que sus ojos se toparon con una noticia…

«Mujer pierde piernas en accidente vial» chocada por la noticia seguía leyendo los pormenores y se enteraba que la víctima una viuda de 53 años, había sido embestida por un coche a alta velocidad.  El accidente le había costado sus piernas, debería ahora verselas con andar en una silla de ruedas, y sin embargo…no se lamentaba.   «No tengo piernas pero aún tengo deseos de vivir, no hay nadie que me quite eso» había dicho aquella mientras salía del hospital.

Se sintió Zulema avergonzada, conmovida, aquella dama solitaria mostraba un gran aplomo y no se dejaba  vencer, aún sin sus piernas tenía deseos de vivir y pensaba que nadie podía quitarle eso!.  Eso era lo que ella debía hacer! vivir! olvidar el pasado y seguir adelante, dejar atrás al novio que la dejo y sobretodo pensar que él no podía con su marcha quitarle su vida! ella podía recuperarla!

Estaba feliz de haber leido el diario y por esa luz que ahora veía en su futuro. Nadie podía quitarle su vida, claro que no!  solo ella podía decidir si seguia viviendo en el lamento o si tomaba las riendas de su existencia, y hacía eso, vivir!

N – Sonvak – Activo

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