Archivo diario: 4 enero 2009

El horror de la guerra

Este título me trae a la memoria un fragmento del libro «Sin esperanza, con convencimiento» del autor ovetense Ángel González (1925 – 2008), titulado «El campo de batalla» que dice así:

Hoy voy a describir el campo de batalla
tal como yo lo vi, una vez decidida
la suerte de los hombres que lucharon
muchos hasta morir, otros
hasta seguir viviendo todavía.

No hubo elección: murió quien pudo,
quien no pudo morir continuó andando,
era verano, invierno, todo un año
o más quizá, era la vida entera
aquel enorme día de combate.

Por el Oeste el viento traía sangre,
por el Este la tierra era ceniza,
el Norte entero estaba bloqueado
por alambradas secas y por gritos,
y únicamente el Sur, tan sólo el Sur,
se ofrecía ancho y libre a nuestros ojos.

Pero el Sur no existía:
ni agua, ni luz, ni sombra, ni ceniza
llenaban su oquedad, su hondo vacío:
el Sur era un inmenso precipicio,
un abismo sin fin de donde, lentos,
los poderosos buitres ascendían.

Nadie escuchó la voz del capitán
porque tampoco el capitán hablaba.
Nadie enterró a los muertos.
Nadie dijo:
«dale a mi novia esto si la encuentras un día».

Tan sólo alguien remató a un caballo
que, con el vientre abierto, agonizante,
llenaba con su espanto el aire en sombra:
el aire que la noche amenazaba.

Quietos, pegados a la dura tierra,
cogidos entre el pánico y la nada,
los hombres esperaban el momento último,
sin oponerse ya, sin rebeldía.

Algunos se murieron, como dije,
y, los demás, tendidos, derribados,
pegados a la tierra en paz al fin,
esperan ya no sé qué
-quizá que alguien les diga:
«amigos, podéis iros, el combate…»
Entre tanto, es verano otra vez,
y crece el trigo en el que fue ancho campo de batalla.

El horror de la guerra

El horror de la guerra

Leído esto y vista la imagen no me queda más que terminar como el título del libro «Sin esperanza, con convencimiento»

D – Rosma – Activo salta turno a:

F – Saralm – Activo

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Archivado bajo Sandra

Hasta que tú decidas regresar

Estoy asustada. Muy asustada. Tengo 14 años, mi nombre realmente no importa y no se nada de mis padres desde que hoy, hace dos días, mi casa fue pasto de las llamas provocadas por una bomba que alcanzó al edificio de al lado. Desde entonces, camino sin rumbo por las calles, entro en hospitales con la esperanza de encontrar a mis padres, son lo único que tengo o tenía, ya no lo sé. Y ya me da igual que sigan cayendo bombas, ya no entro en refugios, solo sé que tengo hambre, sueño y frío, pero no miedo. El miedo ha desaparecido. Todos los días veo a gente asesinada, mutilada y humillada. Pero ya no me impresiona, ahora lo único que importa es conseguir un pedazo de pan para saciar mi hambre, un cobijo para pasar la noche y un aliento para aguantar otro insoportable día de bombardeo. Poco a poco pierdo la esperanza, de encontrar a mis padres, de aguantar este horror, y hasta que tú, la paz, decidas regresar, no estaré segura de querer seguir viviendo.

 Carta de una niña palestina ante el horror de la guerra.

C – 08sandra – Activo

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