Vende más la segregación en ghettos

El periodista de trayectoria leyó atentamente el artículo que le trajo el periodista principiante.

Éste, un casi adolescente de unos 17 años, no podía disimular un acné que arrastraba su expresión aniñada a los confines de la pubertad, como si tuviese aún tres o cuatro años menos.

“El pibe”, como le comenzaban a decir en la redacción del matutino, era pelirrojo, de voz suave y penetrantes ojos color café. Quería ser periodista “con toda su alma“, como repetía toda vez que tenía oportunidad.

Se soñaba a sí mismo veinte años en el futuro conduciendo su propio programa de TV, con una fama bien ganada luego de haber destapado (y publicado) ciertos “chanchullos” de un candidato a presidente que durante su mandato como diputado había sido profusamente acusado de haber favorecido contratos con empresas muy cuestionadas por grupos ecologistas.

–Me parece que no elegiste un buen tema, pibe.

La voz del periodista de trayectoria era grave y sus modales, bruscos. La admonición lo bajó de un golpe de sus ensoñaciones.

–¿Por qué, qué tiene de malo?– dijo “El pibe” casi en tono de contenida protesta.

El periodista de trayectoria lo miró a los ojos, con una mezcla de piedad y paciencia.

— A ningún lector de este diario va a interesarle cómo las mucamas de las casas de los barrios pudientes esperan pasar las fiestas este año. Te sugerí que hablaras de los precios de los productos de la canasta navideña, o bien –mejor aún– de qué está pasando con las tribus urbanas mejor, ¿te acordás?

–Sí, me acuerdo… pero ¿qué enfoque le puedo dar a un tema así? Si lo único que hacen los chicos de mi edad es estar en los videojuegos, enchufados a Internet todo el tiempo o peleándose en los patios de comidas de los shoppings

–Precisamente, pibe– dijo el otro, devolviéndole la hoja–. Tenés el tema delante de tus ojos y no lo podés ver. Pero bueno, es natural, recién estás empezando: ahí tenés el tema. Las peleas. ¿Por qué se pelean? Porque son distintos unos de otros, porque no se toleran, porque hay prejuicios. Hasta racismo. Acordate el despelote de la semana pasada entre “floggers” y “emos” en el Shopping Abasto. Qué casualidad que en uno de los grupitos la mayoría eran morochos, y fueron los que recibieron la agresión.

–Claro… ya voy entendiendo.

La actitud de “El pibe” tenía más que ver con la desilusión que con el interés por haber aprendido algo útil para su ansiada profesión. El otro, un cincuentón que alguna vez, décadas antes, había estado en una situación parecida, intentó ser suave, aunque realista.

–Es así, pibe, aunque no te guste. Vende más la segregación en ghettos que las historias esperanzadoras y dulzonas. Andá aprendiendo, te lo digo para tu bien.

“El pibe” no pudo ocultar un gesto de disgusto. Pero él quería ser periodista, y el otro no estaba haciendo más que darle un consejo.

–Está bien; voy a escribir sobre las tribus urbanas, entonces.

El otro vio cómo ese adolescente con acné se dirigía a su escritorio, bufando. Al llegar hizo un bollo con el papel, lo tiró al cesto y se sentó a su PC, para comenzar a redactar algo.

El viejo periodista, ahora que estaba solo, se permitió lanzar una mirada de ternura a ese pelirrojo algo malhumorado.

El adolescente no lo sabía, pero ese periodista era su padre.

L – Juan Diego Polo – Activo

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7 comentarios

Archivado bajo José de la Cruz

7 Respuestas a “Vende más la segregación en ghettos

  1. ¡Genial!
    Una historia que parece enlazar con la anterior y que promete continuar. “Saga” habemus.
    La introducción del título ha sido extraordinaria, tan bien integrada en el texto que ni me he dado cuenta y yo pensaba que era algo que habría que meter con calzador.
    Me ha gustado mucho. Y estoy seguro que Alejandro ya tiene pensada la continuación…
    Y gracias por los enlaces del texto que me han ayudado a entender (debo de estar desfasado).

  2. Desde luego así da gusto, que bien escrito y que bien documentado, allí donde necesitaba una ayuda, justo allí, había un enlace para usar de flotador y poder seguir nadando. Enhorabuena Alejandro.

  3. Alejandro, excepcional historia con secuela fija, porque no nos dejarás con la intriga ¿verdad?

    Como ya te han comentado y me reitero, el detalle de los enlaces me ha parecido soberbio.

    Creo que cuando llegue mi turno me voy a ir de vacaciones al Caribe, a buscar a Curro, porque esto se está poniendo “azul marino” 🙂

  4. Esto es escribir!!
    Tu te presentas a un concurso de novela y lo ganas fijo. Felicidades por tu post!!

  5. Eh! qué final!!! Me encantó el relato!! y qué vendrá después??

  6. Bueno, desde que escribí que no volví a leerlo y ahora me encuentro de pronto con cinco comentarios… la verdad les digo que jamás pensé en seguir la historia, pero veo que parece haber consenso para que sí continúe. Les agradezco muchísimo por todas estas expresiones que sinceramente me llenan de alegría, es un gusto ver que lo que uno escribe no sólo agrada sino (gracias a los enlaces) hasta enseña.

    Un abrazo a todos y todas y si no conversamos antes, muchas felicidades desde Buenos Aires, Argentina.

  7. Genial el relato… sois unos pedazo de escritores 🙂 Ni te imaginas lo que aprendí y disfruté a la vez leyendo tu post 🙂

    Un saludo

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