¿A dónde iríamos cuándo Marte también fuese historia?

Nos había informado de que  iba a cerrar. Definitivamente. Desde hace años, tantos que ya no me acordaba de cuántos, cada día, cada tarde, nos juntábamos allí todos, al menos los siete que quedábamos, y charlábamos, echábamos una partida, tomábamos unos chatos y sobre todo, nos hacíamos compañía antes de volver a la soledad de cada uno.

El Marciano nos miró con algo de tristeza. Por más que nos insistiera desde siempre que su nombre era Marcelino y que el bar se llamaba así por él y por su mujer, Teresa, la retranca popular lo había transformado en la sucursal del plantea rojo y a sus dueños, en los Marcianos. Y ahora, había decidido que ya no aguantaba más. Hacía tiempo que se podía haber jubilado, pero como él decía ¿Dónde iba a estar mejor que allí, con sus amigos? Su mujer, como las de todos nosotros, había fallecido en aquel terrible accidente de autocar, durante una excursión de la parroquia. Desde aquel día la desgracia nos unió, nos dio una cohesión y el Marte se convirtió en nuestra iglesia, en nuestro hogar, en el lugar dónde más presentes estaban y el único sitio en el que podíamos hablar de ellas como las sentíamos: allí, junto a nosotros,  sonriendo con el último chiste verde, protestando del trabajo y de los niños y de la poca ayuda, haciendo milagros con el exiguo jornal, faenando en casa siempre incansable, siempre consoladora… Sin embargo ahora, lejos ya los hijos, cansado, y con esta crisis encima… cerraba. El local, entrañable para nosotros, se había quedado viejo a los ojos de esos encorbatados de las nuevas oficinas de la zona, que preferían desayunar y comer en alguno de esos locales que las multinacionales habían abierto por doquier en el antiguo barrio.

Y el Marciano, el querido Marcelino, que a pesar de tener ese cartelito de “hoy no se fía, mañana todo el día” y el consabido garrote “quitapenas”, siempre te invitaba a un café o te apuntaba una comida cuando veía que el final de mes se te había adelantado en un par de semanas, había dicho basta. Se había cansado intentando aguantar un poco más, esperando tiempos mejores que para algunos nunca llegan.

¿A dónde iríamos ahora? ¿Dónde iban a querer a un grupo de jubilados que sviejos4e reunían alrededor de un par de cafés y dos chatos de vino, a ver el partido en la cadena que tocase, a comentar las noticias del día o a encontrar soluciones a todos los problemas del mundo? Es cierto teníamos los sitios esos del ayuntamiento en los que se reúnen los viejos. Pero nosotros no lo éramos. Sólo estábamos jubilados. Además, no podíamos dejar que nos trataran como a niños de teta diciendo lo que podíamos o no podíamos hacer, beber, gritar o maldecir. Era nuestra vida. En casa, al volver, sólo nos esperaba la soledad. Después de tanto tiempo todavía quedaban las ausencias. Habían pasado diez años y ellas seguían presentes cada día en nuestras conversaciones, en nuestros recuerdos, en aquellos momentos en común que habíamos compartido. Y nuestro consuelo era la compañía mutua, la amistad cimentada en horas, en años de sujetar una lágrima o evocar un recuerdo y salir del momento soltando un exabrupto, dando un golpe en la mesa al soltar el pito doble o cantar las veinte en copas. Ellos comprendían. Todos comprendíamos. ¿A dónde iríamos cuándo Marte, nuestro Marte, también fuese historia? Con él se cerraba igualmente nuestra historia. Quizá sólo era un viejo bar.

P – Montserratita – Activo

5 comentarios

Archivado bajo Aspective_

5 Respuestas a “¿A dónde iríamos cuándo Marte también fuese historia?

  1. Guau, me ha gustado mucho, sobre todo la frase hoy no se fía, mañana todo el día, jajaja, vieja sabiduría, que buena, hasta me parece un buen título para un blog.
    Yo, aunque soy joven, soy de los que suele tener una sede, allí dónde vas sin necesidad de llamar a los amigos y siempre te encuentras con alguien y a lo largo de los años siempre han ido cerrando, no debemos ser clientes rentables, mucho pincho y poco vino, pero siempre encontramos otro “pardillo” jeje de buen corazón que nos acoge.

  2. Hola!!
    Estupendo relato, lleno de nostalgia, lo mejor es que puedes sentirla en el protagonista mientras vas leyendolo.
    Hasta luego.

  3. N - Sonvak - Activo

    Totalmente de acuerdo, excelente relato y muy buena salida para la frase… Eres todo un artista!!…

  4. Aspective, corazón, después de tanta ternura, me lo has puesto complicado. El comentario fabuloso, pero eso ya lo sabes de sobra.

    En fin, me retiro a mis “cuarteles de invierno” a ver qué se me ocurre

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s