Archivo diario: 10 noviembre 2008

En todo lugar se cuecen habas

Cuántas veces oí ese refrán lleno de filosofía popular en el pasado? ya casi ni lo recuerdo.  Mi infancia estuvo, gracias a mi abuelo paterno, llena de sentencias de esa índole, las había en casi todo momento, para casi todas las circunstancias de la vida.

Ya era ésta o aquella, pero el buen hombre regía su vida por las mismas, parecía hallar consuelo en lo que a su vez había aprendido de la que decía, “mujer más sabia” que había conocido, su propia madre.  Algunas me parecían graciosas, y algunas veces llegaba a cansarme,  su manera de acabar cada conversación…”bien lo dice el viejo refrán….tal o cual”.

Antiquísimas algunas, trasladadas verbalmente de generación en generación, no dejan de tener su actualidad, y su valor en las cosas que a diario nos ocurren, quizá debieramos en medio de nuestras ajetreadas vidas modernas, tomarnos aquellas filosofías de los “abuelos” para echarnos ánimo, cuando las cosas parecen ir mal.

Recuerdo una en especial, cuando un terremoto ha destrozado mi país, era una madrugada de febrero cuando fuimos  despertados  por una tierra enfurecida que nos lanzaba,  lo mismo que a los cachivaches colgados de la pared, al suelo. Gritos, llanto y de pronto el silencio.

No les cansaré con narrarles  el inicial  temor y el posterior asombro de lo que había quedado de nuestra vieja casa,  cuando entre el polvo  y los escombros quisimos encontrar la que hasta entonces habíamos tenido por nuestro hogar, no había nada de ella y de consiguiente estabamos de pronto en medio de la nada,  sin lugar alguno  a dónde volver, silenciosos en medio de la sorpresa de unos, y la preocupación de otros, poco o nada podíamos hacer para infundirnos esperanza…

Llenos de pesar no haciamos más que lamentar lo que nos ocurría, y  entonces mi madre con unas cuantas palabras, claras y oportunas, nos trajo un respiro en medio de la congoja, nos hizo dejar de lado la tristeza y  nos recordó que pase lo que pasé…mientras hay vida, hay esperanza.

N – Sonvak – Activo

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Exiliarnos en Estados Unidos

Puede ser lo primero que pensemos en hacer al sentir los problemas de nuestro país. Largarnos a respirar otros aires.

Personalmente ya lo hice. Hace seis años que vivo en el noreste de Brasil, en la ciudad de Recife. Cansado, seguramente, por tener que seguir la corriente de un río en el que no me sentía muy cómodo, decidí, con mi esposa, emigrar a su ciudad natal.

Desde aquí escribo también www.vivoenbrasil.com, donde cuento las buenas y malas nuevas.

Desde luego la gente aquí es menos materialista, la vida es más relajada y el clima ayuda a superar muchos momentos criticos. Pero está muy lejos de ser el paraíso. Los que piensen que salir de un país para evitar una serie de problemas es la solución para encontrar la felicidad, están muy equivocados. La felicidad no se encuentra en la ciudad en la que se vive, es un estado interno que crece dentro de casa.

Puede ser España, con sus problemas de empleo, Brasil, con sus problemas de seguridad o Estados Unidos, con sus problemas raciales. Problemas existen en todos los lugares, y siempre podremos usarlos para justificar nuestra infelicidad.

Antes de tomar una decisión tan radical como migrar de páis hay que encontrar el verdadero motivo por el que no estamos a gusto, hay que viajar para ver el mundo con otros ojos y poder determinar así lo que es verdaderamente importante.

Al final sólo hay una verdad: En todo lugar se cuecen habas.

M – Chapinita – activo

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